El astro nocturno

El noble visigodo Atanarik recorre el norte de África buscando tropas bereberes para iniciar una campaña contra el corrupto reino de Toledo. Recuerda su huída de la corte, perseguido por un asesinato que no cometió y acompañado por una sierva vascona, Alodia, a la que tiempo atrás había rescatado de un sacrificio infame. Más tarde, tras la caída del reino, en las montañas de Vindión, un antiguo gardingo real se levanta, a la cabeza de sus fieles, contra el gobernador Munuza. Entretanto, en el Pirineo, la población vascona se enfrenta al nuevo poder opresor. En medio de las guerras y la intriga política, la historia de amor de la sierva Alodia hacia el noble visigodo Atanarik se va desarrollando como un río de paz en un momento caótico de la historia de la península Ibérica.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2011
576
978-84-9872-703
Valoración CDL
4
Valoración Socios
3.833332
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Imagen de Azafrán

¿Cuál es la razón por la que una doctora en neurología investiga la época de la España Visigoda durante seis años y después escribe tres novelas con más de 1500 páginas?

El planteamiento de esta cuestión me ha llevado a pensar que quizás sea eso, precisamente, lo que la escritora quiere contarnos a través de sus novelas: la importancia de la razón, los motivos que generan las cambiantes conductas del hombre, tanto en su vida diaria como en los momentos de los que se derivan consecuencias importantes no sólo para el mismo, sino también para la comunidad.

Pongamos por ejemplo el personaje de Juan Besson, el druida Enol. ¿Qué hace este hombre? Aparentemente, se limita a recoger hierbas por la comarca asturiana de lo que hoy conocemos como Covadonga. Cuida de una niña, de una adolescente, pero sin atenderla demasiado. De hecho la abandona durante largas temporadas al cuidado de otra anciana. El parece dedicarse al estudio de las plantas medicinales y tiene, como todos tenemos, su secreto: guarda celosamente una copa de ónice. Una copa que utiliza para sanar en casos extremos.

Pero Enol no era sólo un druida. No sólo ocultaba una copa. Cuidaba de una princesa aunque la propia interesada lo ignorase. ¿Y la princesa? Esa joven que creció aprendiendo el arte de sanar con plantas medicinales y que después sería reina y madre de reyes ¿acaso ella sabía algo de su origen?
Un día esa adolescente se tropezó con un joven herido. Como cabría esperar, lo curó. Las heridas eran profundas y difíciles así que empleo el último un recurso poderoso aprendido de su maestro, espiado, a escondidas: mezcló las hierbas en la copa de ónice. Y el enfermo sanó y poco después, se convirtió en su esposo y en padre de otro líder para el pueblo de los lugones, Nicer.

Esa joven que parece feliz, por fin, con su esposo y su hijo, de pronto abandona su familia y acepta casarse con el rey visigodo Leovigildo, quien legitimará como príncipe heredero de los visigodos al segundo hijo de Aster que ella llevaba en las entrañas. ¿Por qué legitima Leovigildo al hijo de su enemigo? ¿Por amor a la bella joven Jana o porque necesita un heredero para asegurarse una rápida descendencia en el trono que estabilizase su poder? ¿Cómo se sentiría Jana al percatarse de que Leovigildo, tan sólo buscaba en ella el poder del linaje de los Baltos y el poder de una misteriosa copa de ónice de la cual se hablaba ocultamente? Y Leovigildo tendrá rápidamente dos herederos: Hermenegildo, hijo de Aster el líder de los Lugones y Recaredo.

Jana, hermosa y generosa, se dedicará a lo que sabe; a curar enfermos en Mérida primero y en Toledo después. La amistad con un obispo cristiano que comparte con ella su dedicación al servicio de los demás le abrirá la mente y el corazón al Dios de los Cristianos. Y a través de las palabras del obispo encontrará el sentido a su vida y al misterio de la copa.

A su muerte, sus hijos se encargarán de devolver la copa al valle de Ongán (Covadonga) para asegurar la supervivencia del pueblo lugón.

A Recaredo le suceda Liuva II, sin capacidad para el liderazgo. Los nobles terminan sacándole los ojos y cortándole una mano. Una demostración de la crueldad con la que los reyes visigodos se sucedían: asesinatos, emboscadas, engaños, deslealtades. Liuva II es acogido en Ongán por su tío Nicer.

Swinthila hermano de Liuva II, conocedor de los secretos de la copa persigue su rastro y llega a Ongán y la roba por la fuerza. Swinthila la usa para derrotar a los bizantinos de Cartago Nova y a los francos. Pero la copa produce un estado de embriaguez que debilita la voluntad. Y Swinthila se convierte en algo despreciable. Su mujer, con objeto de liberarle de esa esclavitud, devuelve la copa a Liuva y a Ongán.

Con el fin de proteger la copa, Liuva decide separarla en dos partes. La metálica será conservada por Hermenegildo en el sur de la Península. Un sucesor suyo, Ricimero vuelve a Toledo y lleva con él la copa metálica, hasta que los miembros de la estirpe Baltha son expulsados de allí. Ricimero se refugia en Tetuán al amparo de Olbán y allí muere no sin antes haber entregado a su hija Benilde la copa y la confesión de su poder. Olbán entrega a Benilde a un jeque árabe quien en su intento de conquistar a los bereberes muere en la batalla y sus posesiones pasan al padre de Ziyad, incluida la huérfana Benilde y con ella, la copa. Ziyad la toma por esposa y ambos tienen un hijo, el héroe de la tercera novela El astro nocturno, Atanarik.

Atanarik, mitad godo mitad bereber, según María Gudín, será un líder capaz de aglutinar las fuerzas del norte de África y protagonizar la invasión de Hispania en el 711 y con 16.000 hombres, hasta la conquista de Toledo. ¿Por qué este joven educado en el reino godo decide vengarse de su rey Rodrigo? El tercer volumen de la trilogía de María Gudín comienza con el asesinato de una mujer bella, Floriana, hija del conde Olbán, de Tetuán. El conde, de origen judío, envía a su hija Floriana a Toledo, a la corte. ¿Qué mueve a este conde a enviar a su única y bella hija, Floriana, a vivir una vida palaciega entre godos? ¿Le movía la avaricia? ¿Buscaba proteger sus relaciones comerciales con los hispanogodos?

No siempre el que conquista es el que gobierna, el que traza los destinos. Quizás Olbán, desde Tetúan, dirigió mucho más que la conquista del reino visigodo.

Todo un mundo oculto de vicio, ansia de poder y muerte subyace sin que el propio Atanarik sea consciente. La Hispania de comienzos del VIII es un complejo mosaico donde todos quieren dominar a todos. ¿Es esa la mayor de las pasiones? ¿Y cuando todos se confabulan, como podrá triunfar la bondad o la inocencia, la lealtad, el amor?

Quizás esta novela sea la epopeya de un objeto sagrado, o de un pueblo que acude al poder de lo divino para luchar contra tanta mala intención. ¿Qué sabemos de la copa de ónice, la de la sabiduría?

La de ónice vuelve al norte. Liuva, aquel ciego y manco por la envidia de los que podían más que él, se compromete a cuidarla oculto en una gruta. Volverán los deseosos de poder a Ongán en busca de la copa. Volverá Atanarik cuando ya se haya convertido en Tarik. Buscará la copa en el secreto de Alodia. Y mientras Alodia manifiesta amor generoso y buena fe, lealtad, Tarik pretenderá arrancarle la virginidad y la copa.

La copa representa la fe de un pueblo ajeno a prácticas religiosas en las que las mujeres sólo eran consideradas objetos. La copa representa el respeto al mundo femenino hasta sus más íntimas consecuencias. El pueblo que respeta a la mujer, el que conserva la copa y lo que ella significa será el pueblo que triunfe porque la sabiduría permanece en el tiempo.

El lenguaje que utiliza María Gudín es un lenguaje directo. Las frases de sintaxis sencilla están constituidas por palabras seleccionadas. No todo vale. ¿Qué plumas están han dejado poso en su estilo? En palabras de María Gudín, “nada merece más la pena de ser contado que la propia historia del país. Por este motivo, Walter Scott me parece un autor muy meritorio, porque supo hacer accesible la historia de su país.”

Imagen de fcrosas

Mejor que los dos anteriores de esta trilogía visigoda (y eran bien buenos), ofrece al lector un ensamblaje entre historia y ficción honrado, documentado y, sobre todo, ameno. Consigue un ritmo narrativo mejor que el de las anteriores. Los personajes, bien caracterizados y atractivos.

Imagen de Ran

La novela histórica no es género de especial predilección para mí, es más siento cierto recelo y leo muy pocas cosas y selectas, soy un tanto refractario y el género no acaba por granjearse mis simpatías. Sin embargo, he de reconocer que esta novela me ha interesado y la he leído con gusto.
Al hilo de la historia de la caída del reino godo y la invasión musulmana, la autora entreteje un relato donde los principales hitos históricos de la época configuran el bastidor, el armazón que sustenta la historia personal y de ficción de los protagonistas del relato.
La trama, bien ambientada tanto en el hábitat geográfico y físico como en las costumbres marcadas por las ideas religiosas que se entrelazaron en la época, llama a escena a unos personajes bien caracterizados, con una personalidad coherente a lo largo del relato, de acuerdo con los acontecimientos históricos que sustentan la acción.
La ficción es verosímil y, aunque aparece ideas y objetos con poderes sobrehumanos, los asume y engarza con unos personajes recios y bien tallados, que responden a la cultura y creencias de la sociedad donde se desenvuelven y están inmersos.
El novelar es ágil y fluido y ofrece algo más que “oficio” con un léxico rico y cuidado lo que es muy de agradecer, y a pesar del nutrido número de personajes en primera persona, la autora ha sabido encajar las historias personales que se entrecruzan sin dejar ningún cabo suelto, de modo que al final todo casa resultando un relato sólido y acabado.
Llama la atención que el relato, que podía haberse quedado en la narración de una serie de aventuras más o menos irreales, tiene peso y fondo no sólo histórico, sino también humano manifestado en el talante, valores y virtudes humanas con que viste a sus personajes. Así, cuando trata del acto religioso como desencadenante y motor de determinadas acciones, lo hace con conocimiento y respeto y, aunque en algunos cuadros se presenten situaciones no muy edificantes como ritos paganos arraigados entre los vascones, o la voluptuosidad y lujuria de determinados personajes árabes, lo hace con limpieza y dando peso al hecho religioso, y resaltando la dignidad de la persona.
En definitiva, la autora presenta una novela trabajada que merece ser leída con detenimiento.