El jardinero del rey

Versalles, siglo XVII. Un hombre sin título reina en el jardín del Rey. Jean-Baptiste de La Quintinie, conocido como el jardinero del Rey, elimina las malas hierbas, labra la tierra, injerta esquejes, batalla contra los insectos y la intemperie. Y no solo eso: también alimenta a todo el palacio, al reino de las pelucas, de las risas y de las traiciones. Sin embargo, La Quintinie es un misterio para los miembros de la corte. ¿De dónde procede este jardinero al que Luis XIV admira, a quien los científicos veneran y todos envidian? ¿Quién es realmente este hombre exiliado, que vive detrás de las sombras de palacio? Un rey. Pero no un rey cualquiera. Un rey sin gloria cuya vida silenciosa está marcada por el paso de las estaciones. 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
176
9788415945628
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

Comentarios

Imagen de amd

La novela se basa en un personaje real, Jean-Baptiste de La Quintinie, nacido en Chabanais en 1626, y fallecido en Versalles en 1688. Tal y como narra el autor en el glosario final de la obra, este hombre singular estudió leyes y ejerció la abogacía durante un tiempo, pero su gran pasión era la jardinería. Colbert, jefe de la administración central del Estado francés, se lo presentó a Luis XIV que lo nombró “intendente de los vergeles de frutales y de hortalizas de todas las moradas reales” en 1678. Hasta el año de su muerte, creó en Versalles una admirable huerta-jardín a partir de una tierra estéril, donde producía plantas en primicia y una magnífica fruta de temporada. Perfeccionó los útiles de jardinería e inventó la podadera. Muy aficionado a la escritura, dejó un manuscrito en seis cuadernos donde explicaba sus hallazgos más importantes en el campo de la horticultura.
El contacto con la naturaleza, el estudio minucioso de las plantas, su trabajo constante y paciente sobre la tierra, convierten al protagonista en un hombre sabio que todos quieren conocer. Muchos aldeanos al atardecer iban a enriquecerse con sus conocimientos y a intercambiar consejos y simientes con este hombre peculiar, lleno de una sabiduría sencilla heredada de la propia naturaleza. Incluso el rey Luis XIV tenía un trato afable y deferente con este jardinero, que le supo proporcionar enormes alegrías y celebridad ante la corte con los frutos de su trabajo.
La obra, escrita con un léxico muy preciso y variado con toques poéticos, aporta una visión muy interesante sobre la corte de Luis XIV, vista desde una perspectiva distinta a la meramente histórica o política. Desde el punto de vista social y demográfico, la visita del jardinero al palacio del Louvre nos muestra una ciudad de París, llena de suciedad y de barro, de callejuelas oscuras y estrechas, donde la gente grita y bulle como en un hormiguero: un hervidero de gente, inquieto, desasosegado, agobiante, en la calle y en el palacio, tan alejado de su vida retirada en Versalles. Poco a poco, el protagonista abandona la vida palaciega, los festejos y el boato, para convertirse en el consuelo de los campesinos y de los obreros, y luchar contra la injusticia desde su labor en el enorme jardín versallesco, finalmente resignado y unido solo a la naturaleza, porque “Él (Dios) se mantiene entre las ramas de la noche, bajo el musgo y en el tronco de los árboles, en el corazón de las piedras y de las nubes” (p. 109).

Imagen de polvorista

Es una breve novela que cuenta la vida de Jean-Baptiste de la Quentinie, que siendo hombre de leyes acabo encargándose de todos los jardines, frutales y verduras de los jardines reales y de modo especial de los de Versalles, tarea que le apasionaba. Mantuvo una gran relación con el Rey Luis XIV. Con una prosa cultivada, enriquecedora y con bastantes términos de agricultura, el autor se sirve de fragmentos de cartas, recuerdos, conversaciones, para ir dibujando el ambiente de la corte francesa (en una época de guerras con sus regiones vecinas) llena de ornato y vanidades con el contraste que ofrece el protagosista que vive para sus campos, jardines y frutas. Un hombre que es mirado con curiosidad por los grandes personajes -es muy amigo del Rey- y que ayuda a los jornaleros y agricultores de los alrededores, sorprendiéndose, negativamente, del ambiente de la corte. Al final hay un relación de breves biografías de personajes de la época. Vale la pena.