El vértigo

En 1937, Evgenia Ginzburg, profesora en la universidad de Kazan, fue detenida en el curso de las purgas estalinistas y trasladada a los terribles campos del Gulag. Esta edición recoge sus memorias completas, que incluyen el libro El cielo de Siberia. Con estilo sobrio, teñido de humor y humanidad, Ginzburg relata la escalofriante experiencia que vivieron millones de personas.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2005
854

Prólogo de Antonio Muñoz Molina.
Traducción de Fernando Gutiérrez y Enrique Sordo

2012
864
978-84-8109-950
Valoración CDL
3
Valoración Socios
4
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Comentarios

Imagen de fcrosas

No existen libros imprescindibles, pero algunos autores te lo ponen difícil... Me parece una obra extraordinaria, con una vis narrativa insólita. La protagonista es, por otra parte, una persona de una calidad intelectual y moral a prueba de bomba... y de gulag.

Imagen de wonderland

Se trata de la primera edición íntegra en español de las memorias de Evgenia Ginzburg, intelectual encarcelada por el régimen estalinista.

Antonio Muñoz Molina en el prólogo del libro, destaca la doble condición de verdugo y víctima que atormentó a Ginzburg durante sus dieciocho años de encarcelamiento y gulag.

En el momento de su detención, Ginzburg estaba afiliada al partido comunista soviético, como partidaria acérrima de la revolución, por lo que, a lo largo de sus memorias, se reprocha constantemente el no haber visto a tiempo adónde conduciría la locura estalinista.

Evgenia Ginzburg, se negaba a creer, en febrero de 1937, lo que ya era evidente. Dos años antes, el asesinato de Kírov había marcado el inicio de las inquietudes, de las sospechas y de los interrogantes. En una palabra, de lo que iban a ser las grandes purgas en el seno del partido bolchevique.

Evgenia necesitó un tiempo para entender hasta dónde estaban dispuestos a llevar esa locura los dirigentes del aparato ideológico. Pero la realidad se impuso: en agosto de ese mismo año, tras varios meses de encarcelamiento e interrogatorios extenuantes y crueles, le fue comunicada su condena: diez años de trabajos forzados. Su primer destino fue una diminuta celda donde pasaría dos años. A partir de entonces, y hasta el cumplimiento total de su condena, Evgenia relata una odisea de hambre, frío, enfermedad.

La doble condición de verdugo y víctima otorga una categoría excepcional al libro, y lo convierte en testimonio fundamental de uno de los grandes horrores del siglo XX.

«Era urgente recordar para contarlo luego: para no sucumbir a la vileza o al suicidio. Cuando muchos años después le preguntaban cómo había podido conservar recuerdos tan precisos, Evgenia Ginzburg respondía que desde los primeros instantes de su detención se había formado el propósito de fijarlo todo en su memoria, sabiendo ya, intuyendo, que el olvido sería el cómplice más eficaz de los verdugos». Antonio Muñoz Molina.