El viaje de Egeria

Egeria es una figura histórica y misteriosa. Apenas se sabe nada de ella, excepto que realizó ese viaje del que quedan algunos fragmentos del diario que escribió a sus compañeras de Gallaecia. Ana Muncharaz reconstruye magistralmente ese itinerario, poniéndola en contacto con las grandes figuras del cristianismo de la época: el Papa Dámaso, Jerónimo, Gregorio de Nacianzo, Juan Casiano, los anacoretas de Egipto.

Siglo IV. Egeria vive en Gallaecia consagrada a Dios en compañía de otras mujeres, pero una inquietud turba su vida tranquila y campesina: el deseo de peregrinar a Jerusalén. Un viaje aparentemente imposible para una mujer sola en un mundo convulso. Pero los caminos de Dios son inescrutables. El general hispano Teodosio, casado con su prima Aelia, es llamado por el emperador Graciano a Oriente para detener las invasiones de los bárbaros. Y su prima la pide que la acompañe, primero a Roma y luego a Constantinopla cuando Teodosio es nombrado emperador de Oriente. Desde allí, el ansiado peregrinaje es ya posible y Egeria recorrerá, en un viaje único y azaroso, todos los lugares sagrados del cristianismo.

Siguiendo a Egeria descubrimos los rasgos y la vitalidad de un cristianismo todavía naciente y la acompañamos también en su viaje interior en busca de su destino espiritual.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2012
304
978-84-9840-640-5

Colección Arcaduz

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Imagen de Azafrán

Panorámica de la historia; siglo IV

El emperador Constantino permite, por el edicto de Milán, la libertad de expresión y culto a los cristianos en el años 313. Y también la devolución a la Iglesia Cristiana de los bienes confiscados por los anteriores emperadores.
Arrio fue un presbítero de origen libio que predicó en Alejandría. Sostenía que Jesucristo no tenía naturaleza divina, y por lo tanto no era hijo de Dios. Esta afirmación fue considerada herejía por el Concilio de Nicea en el 325, bajo el reinado de Constantino. La doctrina arriana llegó a los pueblos godos que acampaban en la frontera noreste del Imperio en la desembocadura del Danubio en el Mar Negro. Hasta allí fue a predicar el obispo arriano Ulfilas, traductor de la Biblia a las lenguas godas desde el griego.
Constantino se bautizó en el lecho de muerte por mano de un sacerdote no arriano. Durante su vida apoyó las afirmaciones del Concilio de Nicea.
El arrianismo llegó a la Península Ibérica con la entrada de los pueblos visigodos y produjo una persecución contra los cristianos y una serie de martirios. Hermenegildo se casa con una princesa goda católica y se rebela contra su padre. Muere martirizado. Su hijo Recaredo reconoce la preeminencia del catolicismo en la península. Y se convierte públicamente.
El emperador Juliano subió al trono en el 365 y renegó públicamente del cristianismo y se declaró pagano y neoplatónico; adoptó medidas represivas contra los cristianos y favoreció la expansión de otras religiones.
En esta novela la autora narra la desaparición de Valente, emperador de la región oriental del Imperio Romano y cómo Graciano, Emperador de la parte occidental, nombra a Teodosio emperador en sustitución de Valente.
Teodosio restablece la paz en las fronteras del Imperio de la zona que hoy es Rumanía y Bulgaria, próximas a Tesalónica donde permaneció durante dos años. Una vez pacificada y asegurada esta zona, se encaminó a Constantinopla para ser nombrado oficialmente emperador por el senado, que residía allí como capital del Imperio Romano desde que Constantino así lo estableciera.
Teodosio el Grande aprobó el Edicto de Tesalónica por el que la religión cristiana, según el credo de Nicea, pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano en el año 380.

¿Quién fue la monja Eteria o Egeria?

En el siglo XIX aparece un códice que contenía el Itinerario de una mujer que describe su viaje por Oriente Próximo, y además la liturgia que se practicaba en aquellos lugares.
Se llamaba Egeria y vivió en el siglo IV en la Hispania romana, en Galicia. La obra está constituida por una serie de cartas dirigidas a una comunidad de mujeres con las que convivía antes de iniciar su viaje.
Durante su viaje es acompañada por presbíteros y soldados y fue recibida por obispos. Probablemente todas esas facilidades se debieron a su parentesco con la familia imperial. Parte de Galicia y llega a Tierra Santa. Sabemos que atravesó el Ródano, Italia y que llegó a Tesalónica. Vivió en Constantinopla y perfeccionó el griego.
Del 381 al 386 viajó por Palestina, Alejandría, Tebaida, el Sinaí y regresó a Jerusalén. El 25 de marzo de 384, partió para Constantinopla y visitó tumbas de mártires y monasterios en Mesopotamia y Siria.
No regresó a Galicia nunca.

La novela

Muere Valente en 378 y el emperador Graciano llama a Teodosio que ya estaba retirado en Hispania a dirigir los ejércitos contra los godos que estaban atacando en la zona de la desembocadura del Danubio. Con el viaje de Teodosio y su familia a Roma comienza también el viaje de su prima Egeria.
Tras un año en Roma la familia de Teodosio se traslada a Tesalónica. Una vez lograda la paz con los pueblos bárbaros Teodosio se traslada a Constantinopla para ser reconocido por las clases dominantes y el Senado. Y con su familia sigue Egeria.
En Constantinopla se alberga en un convento donde conoce a una novicia, Elena. Un año después, Egeria emprende su viaje a Tierra Santa.
La novicia huye disfrazada de joven siguiendo los pasos a Egeria pues admira en ella su independencia y afán de conocer el mundo. En Jerusalén, Egeria descubre al supuesto joven y, no sin disgusto, acepta la compañía de esta novicia aventurera. En Jerusalén se alberga en un hospital dirigido por la monja Sara quien le cuenta la historia del clérigo infiel Evragio y de cómo consiguió recobrar la salud del cuerpo una vez conseguida la salud espiritual. También conoce al anciano Jerónimo, quien a la sazón vivía en una cueva de Belén dedicado a la traducción de la Biblia al latín, “la vulgata”.
A lo largo de todo el viaje por los Santos Lugares mantiene conversaciones con otros viajeros, eremitas, filósofos, a través de los cuales el lector conoce la profundidad de su formación intelectual y de su categoría humana. Aparecen personajes con los que Egeria mantiene discusiones llenas de explicaciones filosóficas y observaciones muy profundas de la fe Católica.
Con el filósofo Temistio discute sobre la existencia de Dios y su providencia. Con una novicia, Elena, que la acompaña discute sobre la paciencia y la misericordia para perdonar y olvidar. Con la eremita Aurora descubre el beneficio del silencio, del presbítero Evragio habla de la salud e integridad del alma humana...
De entre todos ellos cabe mencionar a un personaje femenino, Aurora, una joven que por haber muerto su familia pasa al dominio de su tío quien le privó de su patrimonio y la obligó a huir de su casa. Tras muchas vicisitudes, la joven se convierte al cristianismo y decide, disfrazada de hombre, huir al desierto y permanecer entre monjes durante unos años, sin ser apercibida su condición de mujer.
Será Aurora quien conseguirá despertar esos mismos deseos en Elena.
Egeria describe las ciudades por las que pasa y sus monumentos pero todo ello relacionado con el mensaje de la revelación divina: antiguo y nuevo testamento.
En el trasfondo de la novela, las peleas entre católicos o nicenos y arrianos.
Tras haber recorrido los principales lugares citados en la Biblia, Egeria decide permanecer en Tierra Santa.
A través de las cartas que escribe a las mujeres de su comunidad en Galicia el lector conoce las costumbres romanas y las del imperio oriental.