Historia de Cristo

Historia de Cristo contada por Giovanni Papini (1881-1956), periodista, poeta y escritor, publicada en 1921.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
383
978-84-8407-126-6

Existen una edición para ABC y otra en la editorial mexicana Porrúa.

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Natural de Florencia, Papini residió en el campo en un lugar de la Toscana. En Segundo nacimiento -la historia de su conversión- explica como, en las largas noches de invierno, se reunían los vecinos en alguna casa para jugar a las cartas y contar historias. Deseando elevar su nivel cultural, el autor comenzó a leerles Orlando furioso de Torcuato Tasso y observó que le seguían con atención. El siguiente paso fue leer la Biblia y pudo comprobar que, cristianos de innumeras generaciones, lo desconocían todo sobre la vida de Cristo. Este es el origen de la Historia de Cristo publicada en 1921.

El texto es sencillo y emocional, apto para ser leído en voz alta. El autor estimula la imaginación de los lectores al describir el entorno en el que se movía Jesús y el carácter de los que le rodeaban. No es la obra de un erudito sino un relato dirigido a presentar a un hombre real, Jesús de Nazaret, que también es Dios e Hijo de Dios encarnado. Papini no es un místico, pero deja traslucir su fe y una sensibilidad de poeta. Sigue, a grandes rasgos, la narración de los Evangelios para tomar los hechos de la vida de Cristo y comentarlos.

El autor se extiende sobre la predicación de Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas, código moral de los imitadores de Cristo. Al tratar sobre las parábolas, señala cómo "los sencillos escuchan con mejor gana un relato que un sermón, y recuerdan mejor una historia que un razonamiento" (pág.131). Esto ha permitido que los Evangelios no hayan envejecido a lo largo de los siglos. El toscano vuelve una y otra vez sobre el amor paternal de Dios a los hombres y de Cristo por aquellos a los que viene a salvar. Su relato de la Pasión es potente y emotivo, pero no se limita a los hechos del pasado:

Papini realiza un paralelismo entre los que mataron a Jesús y los hombres y mujeres de nuestra época. Recordando a aquellos que se burlaban de Cristo en la Cruz exclama: "También hoy se ríen a nuestro lado..." (pág.320). "Los escarnecedores no han muerto. Los bisnietos de Caín y de Caifás no han cesado de infamar y de burlarse" (pág.324). Después de la Resurrección utiliza la incredulidad del apostol Tomás para rechazar el racionalismo aplicado a la vida espiritual: "Las únicas verdades que tienen un valor decisivo en la realidad son aquellas que la vista no ve y que las manos de carne no podrán nunca palpar" (pág.347).

El florentino escribe cuando acababa de terminar la Gran Guerra europea (1914-1919). Puede comprobar como los hombres han vuelto a sus vidas anteriores, al placer, los negocios y el afán de poder: "Siguen matando y matándose..."; "condenan al hambre a las naciones pobres..."; "con el nombre de comercio se practican la usura y la apropiación"; "buscan por todos los medios la muerte, las drogas, la voluptuosidad, el alcohol, el juego, las armas" (págs.362 y 363); por todo ello considera que su época es la más corrupta e inmoral de todos los tiempos.

Han transcurrido cien años desde la denuncia de Papini y el escenario apenas ha cambiado: "La antigua familia se rompe; el adulterio y la bigamia [hoy hubiera hablado de divorcio] corrompen el matrimonio; la descendencia paréceles maldición a muchos y la hurtan con diversos fraudes y abortos voluntarios; la fornicación triunfa de los amores legítimos; la sodomía tiene sus panegiristas y lupanares; meretrices públicas y ocultas reinan sobre un pueblo de enclenques y sifilíticos". Sobre la vida pública dirá que "los pícaros y malversadores tienen a su cuidado el dinero público y la malversación está en el programa de todas las oligarquías..., solo tienen valor el oro y lo que con oro se puede comprar" (pág.363).

El libro termina con una oración a Jesucristo: "Únicamente tu Iglesia habla desde Roma rejuvenecida a lo largo de los siglos" (pág.364). El autor suspira por la segunda venida de Cristo y le pide una palabra, "una señal perentoria a esta generación" (pág.359). Probablemente no lo sabía, pero en 1917 el Señor ya había dado esa señal a los hombres en Fátima, a través de su Santísima Madre, y anunciaba nuevos dolores.

En conclusión, nos encontramos ante un libro largo pero no grave ni aburrido; para leer poco a poco. Una catequesis para increyentes y lectura espiritual para los cristianos de todos los tiempos. Algunos aspectos de tipo moral -por ejemplo el supuesto odio de Jesús hacia el dinero- están un poco exagerados.