La estepa infinita

El enternecedor y laureado relato autobiográfico de Esther Hautzig se ha convertido en un auténtico clásico leído por sucesivas generaciones en Estados Unidos y Europa, narra la historia de Esther y su familia, quienes a principios de la Segunda Guerra Mundial fueron deportados a Siberia, donde hubieron de permanecer cinco años. Siberia es el final del mundo, el sitio elegido por los soviéticos para castigar a los delincuentes comunes y a los disidentes políticos. Confinados en aquel agreste lugar, sólo la fuerza y el ingenio les permitirá no sucumbir y sobreponerse a las condiciones más adversas. Elogiada por el contagioso optimismo con que la joven Esther recuerda su terrible peripecia, la obra fue nominada al National Book Award en 1969 y recibió numerosos premios.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2008
256
2012
256
978-84-9838-431

Colección: Letras de Bolsillo

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Imagen de Azafrán

Un poco de historia:
El territorio que actualmente corresponde a Lituania se remonta en sus orígenes políticos al s. XIII como estado medieval. Los caballeros Teutones –de origen alemán- se habían preparado para llevar a cabo una cruzada que devolviera a los cristianos los Santos Lugares tomados por los musulmanes. Ante la imposibilidad de llevar la empresa con ciertas garantías de éxito, se instalaron en lo que hoy es Rumanía.
El rey del imperio húngaro, Andrés II, temeroso de la existencia de semejante ejército dentro de su territorio, les encomendó la conquista para la fe de los territorios bálticos que limitaban con Polonia, en 1225. Y así se instalaron en el territorio de las actuales Lituania, Letonia y Estonia. Fue primero un gran ducado independiente, incluso en 1253 fue proclamado reino, ya que el gran duque Mindaugas recibió la corona del Papa, aunque el país no había sido aún cristianizado.
Desde 1389 se unió con Polonia en virtud de la unión dinástica de los dos estados. La segunda parte de la unión con Polonia se produjo en 1569, convirtiéndose así en el país más grande de Europa. Según el sistema de unión de los dos países, Lituania pudo conservar un autogobierno propio. Posteriormente fue incorporada a Rusia bajo el reinado de Catalina II. La defensa del uso de su propia lengua motivó dos grandes revueltas populares contra el Imperio ruso en 1831 y 1863, pero Lituania no consiguió liberarse.
Entre 1915 y 1918 fue ocupada por Alemania durante la Primera Guerra Mundial. En 1918, Lituania declaró su independencia aprovechando la Revolución Rusa (1917), y se separó del Imperio de Nicolás II de Rusia.
Tras la Primera Guerra Mundial, la Rusia soviética ocupó la mitad oriental del país. Un ejército, formado bajo auspicio alemán, luchó contra los bolcheviques a inicios de 1919. Grupos de mercenarios alemanes ayudaron a los lituanos a repeler a los bolcheviques. Los bolcheviques proclamaron la República Socialista Soviética Lituana-Bielorrusa, pero tuvieron que abandonar Vilna debido al avance del ejército polaco en la región. Desde entonces, Lituania reclamó Vilna como su capital histórica, aunque quedó bajo control polaco.
Después de la Batalla de Varsovia, los soviéticos se retiraron de Polonia, y entregaron el control de Vilna a Lituania. Además, en 1920, los rusos reconocieron la independencia de Lituania, y su derecho a la región de Vilna. Bielorrusia y Polonia no aceptaron esto.
En 1940, Lituania fue incluida en la Unión Soviética bajo el nombre de República Socialista Soviética de Lituania.
Fue ocupada por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Los lituanos recibieron bien a los alemanes y les ayudaron a que la gran población judía lituana fuera perseguida y exterminada por los nazis durante la ocupación, siendo asesinados unos 100.000 judíos en toda Lituania, 70.000 solamente en Vilna. A mediados de 1944, Lituania quedo bajo total control ruso.
Durante el periodo soviético se convirtió en la parte más desarrollada (junto a Estonia) de la URSS.
A 13 km al noreste de Šiauliai se encuentra un símbolo de resistencia a la opresión: El Cerro de las Cruces. Desde 1961 los buldóceres soviéticos la destruyeron constantemente, pero finalmente cuenta con más de 50.000 cruces. En 1988 se formó el Movimiento Lituano por la Perestroika, que triunfó en las elecciones de 1989 al Congreso de Diputados de la URSS. En ese año se establece el lituano como lengua oficial. Se proclama la independencia en 1990. Hubo una dura réplica soviética (ocupación militar de Vilna) que forzó la pacífica pero unánime reacción popular en lo que se dio en llamar Revolución Cantada. El 13 de enero de 1991 las tropas soviéticas atacaron a los ciudadanos desarmados en un intento de tomar bajo control militar la torre de la televisión, en donde fueron asesinadas 13 personas y heridos más de 200. Lituania siguió su camino de independencia y, como castigo, en agosto de mismo año, las fuerzas especiales soviéticas asesinaron a siete funcionarios de la recién creada aduana de Lituania, disparándoles a todos en la cabeza. Tras el fallido golpe de Estado de agosto de 1991 en Moscú, la independencia del país fue reconocida internacionalmente y aceptada por Moscú.
Desde el 2004 forma parte de Unión Europea.

La novela:
La novela comienza en 1941, cuando los rusos invaden Vilna y apresan a los ricos por considerarlos contrarios a la revolución comunista. Los capturan, los deportan y les expropian sus bienes.
Este es el caso de la familia de Esther Hauztig, que además de rica es una familia de origen judío. Ocupaban una gran casa donde vivían varias generaciones. En el momento del apresamiento sólo se encuentran en la casa los abuelos y los padres de Esther. Son deportados a un campo de trabajo en Siberia.
Esther, una niña de nueve años, nos cuenta sus impresiones sobre el viaje y aquel primer año terrible en Siberia. Posteriormente les reconocen cierta libertad y les permiten abandonar el campo de trabajo e irse a instalar en un pueblo a unos doce kilómetros, en medio de la estepa siberiana. Allí Esther podrá incorporarse a la escuela, aprender el ruso y luchar por ser aceptada entre los otros niños como una más.
Las condiciones de vida siguen siendo especialmente duras y sorprende que consiguieran sobrevivir al frío siberiano.
No obstante el optimismo y el espíritu de lucha parece que no les falta. Al poco tiempo de haberse instalado, el padre el llamado a filas y la lucha por la supervivencia de las tres familias se hace aún más costosa.
La novela termina con el reencuentro de la familia de Esther y su padre en la estación del tren en Polonia, finalizada la guerra, en 1946.
El hecho de que la protagonista sea una niña que se aproxima a las inquietudes de la adolescencia hace que sea un libro adecuado para presentar las consecuencias del comunismo y del nazismo a los preadolescentes (11-16 años). Del nazismo porque los componentes de la familia judía que en el momento del apresamiento no se encontraban en la casa murieron poco después, cuando los alemanes invadieron a los lituanos y expulsaron a los rusos. Los familiares judíos fueron deportados a campos de concentración y allí se perdió su rastro.
Las referencias literarias que encontramos en la novela se relacionan con autores rusos: La lluvia, de Turguenev; La hija del capitán y Eugenio Oneguin de Pushkin; y Chéjov.
Entre los autores americanos cita a Jack London y a Mark Twain. Entre los británicos a Shakespeare (traducido por Pasternak) y Charles Dickens. Y por último, al francés Alejandro Dumas.
El estilo narrativo es la autobiografía, sin ninguna complicación. Sigue la línea del tiempo.

Imagen de sevilla

Un libro, que cuando se empieza no se puede dejar, te habla de las relaciones humanas en medio de la más absoluta pobreza, como el amor siempre triunfa por encima de todo. Een definitiva como las cosas materiales no son importantes para vivir bien

Imagen de almudena

Este libro, traducido ahora al castellano, fue publicado hace 40 años. En su día, recibió tres premios juveniles de las letras inglesas. Me parece un libro especialmente indicado para él público juvenil. La fuerza y la consistencia de toda la novela, radica en que es un hecho real. Los detalles de la vida de Esther y su familia, deportados en Siberia, se describen de una forma pormenorizada. La autora transmite un optimismo y una ternura propia de su corta edad. Sin embargo, después de leer otros testimonios de supervivientes de las locuras que siguieron a la guerra mundial, este, es uno más. Destaca, tal vez por lo desconocida que es la vida en Siberia. Aunque desde otro punto de vista, el de la burguesía, me parece más interesante el libro La historia de Olga.

Imagen de wonderland

Narra unos capítulos de la historia de una próspera familia judía dueños de una joyería en Vilna, que entonces pertenecía a Polonia. La alegre infancia de Esther dio paso a una época (de los 10 a los 15 años) de cambio brutal, cuando en la Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas penetraron en la parte oriental de Polonia.

Esther y su familia, acusados de ser capitalistas y enemigos del Estado, fueron deportados a Siberia, a una pequeña población llamada Rubstovsk, uno de los lugares elegidos por los soviéticos para castigar a los delincuentes comunes y a los disidentes políticos. Obligados a dejar casa y amigos, viajaron en vagones de ganado durante seis semanas eternas hacia las estepas siberianas, donde vivieron un exilio de cinco años. Sólo la fuerza y el ingenio les permitirán no sucumbir y sobreponerse a las condiciones más adversas. Sin embargo, descubrimos que hay algo más: unas virtudes sólidas, propias de una excelente educación, y, en el caso de Esther, un diálogo interior rico, en el que se encuentra Dios –quizás su propio Dios–, con el que comparte los momentos agradables y los momentos terribles.

La novela hace admirar la unidad familiar, el modelo paterno, la personalidad interesante de la madre y la dignidad nunca perdida de la abuela. A eso hay que añadir el insaciable ansia de saber de Esther, una alegría a toda prueba y la responsabilidad de ayudar a la subsistencia de toda la familia. En estos emocionantes pasajes, ella cuenta cómo sus años de infancia la prepararon de modo natural, pues llegó a tejer jerseys, teñir cortinas, regatear en compra-ventas, cultivar, cocinar, además de seguir un orden estricto en sus distintos trabajos, sin abandonar nunca la tarea aunque estuviese agotada.

La narración y los diálogos forman una unidad. Todos sus lectores han elogiado el contagioso optimismo con que la joven Esther recuerda su terrible peripecia. Incluso, al llegar al final, dice de modo muy convencido: "Bueno, me encantaba mi colegio. Y mis profesores. Y mis amigos. Y creo que en el fondo de mí había algo más: el grato orgullo de que aquella niña rica de Vilna hubiera sido capaz de soportar la pobreza como cualquier persona".