La frustración en la Victoria

Tercer y último volumen de las Memorias de Eugenio Vegas Latapie. Corresponden al periodo 1938-1942. En ese año el autor se exilia en Suiza como Secretario político de don Juan de Borbón y, posteriormente, por breve tiempo, como preceptor del príncipe don Juan Carlos.

El periodo 1942-1948 está narrado en un Epílogo editorial elaborado con la documentación que dejó Vegas a su fallecimiento.

Se anexan un texto del autor sobre "La masonería y el Movimiento Nacional" y un Apéndice documental.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1995
535
84.87863.38.8

Subtítulo: Memorias políticas 1938-1942. Edición al cargo de Emilio de Diego.

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Tres son las cuestiones principales que plantea Vegas Latapie en este tercer y último volumen de sus Memorias. a) La frustración que le produce ver cómo los que antes de la guerra habían sido republicanos, masones o no católicos se habían integrado en el bando nacional y alcanzado puestos dirigentes. b) Los repetidos intentos del autor de restaurar la Monarquía en la persona de don Juan de Borbón. c) Su deseo de acercar a los carlistas al reconocimiento de don Juan de Borbón como heredero legítimo de la Corona de España. En estos tres objetivos consideró que había fracasado.

Una vez comenzada la guerra, el autor denuncia como antiguos republicanos, enemigos de la Monarquía, se han integrado en Falange para salvar la piel y prosperar bajo el nuevo régimen. Entre tanto, lo que él considera la parte más sana del país está muriendo en los frentes de batalla. Franco, militar al fin y al cabo, ha encomendado la actuación política primero a su hermano Nicolás, y, caído éste en desgracia, a su cuñado, Ramón Serrano Suñer. Vegas considera a éste un mal sujeto. El autor observa como los que habían sido sus compañeros en Acción Española van cediendo a los cantos de sirena del poder y aceptan cargos en el régimen.

El autor pretende una Monarquía del tipo de Isabel la Católica o Felipe II y se muestra contrario al liberalismo y la democracia. Cuando se convence de que Franco no va a restablecer la monarquía intenta que los militares de más alta graduación lo requieran para que abandone el poder. Los generales lo habían designado Generalísimo y Presidente de Gobierno mientras durase la guerra, procedía por lo tanto que terminada ésta lo abandonase. Era una ingenuidad pensar que no iba a trascender esta actividad conspiratoria; Vegas es destinado forzoso a Ceuta y en 1942 se ordena su confinamiento en las islas Canarias. El hombre opta por exiliarse en el extranjero.

En Suiza, Vegas se pone a disposición de don Juan de Borbón que lo nombra Secretario político entre 1942 y 1947. El autor sueña con que Juan III sea un rey tradicionalista, pero no tiene más remedio que rendirse ante la realidad y reconocer su talante liberal. En la medida en que avanza la 2ª Guerra Mundial don Juan tratará de entenderse con los Aliados para establecer en España una monarquía constitucional. En 1947 Vegas es cesado como Secretario político y se le nombra preceptor del príncipe don Juan Carlos. Es una etapa breve. En 1948 Franco y don Juan llegan a un acuerdo para que el príncipe se eduque en España y Vegas pierde el último encargo en el que él, que no tiene hijos, había puesto todo su corazón. En 1949 abandona toda actuación política y vuelve a España.

Vegas se nos presenta como un hombre ajeno a su época, que corre el riesgo de confundir la aleatoriedad de la acción política con la inmutabilidad de los principios religiosos en lo que él llama Derecho Público Católico. Por este camino y por su insobornable sentido de la justicia llega a hacerse insoportable para unos y para otros. Sus modelos de gobernantes pertenecen a los siglos XV y XVI lo cual es una ucronía. Franco llega a calificarlo como "paranoico e inadaptado". Destacan en Vegas su lealtad y honradez, pero carece de sentido político en su aspecto práctico. Otra virtud de Vegas es que no sabe guardar rencor; manifiesta como en la última etapa de su vida se había tratado afectuosamente con Serrano Suñer.