La libertad interior

El autor, miembro de la boyante "Comunidad de las Bienaventuranzas", uno de esos carismas que está renovando la Iglesia en Francia, se ha propuesto, en este libro, un sencillo objetivo: "abordar un aspecto fundamental de la vida cristiana, la libertad interior".
Desde el principio el autor aborda la auténtica libertad en contraposición a imágenes falseadas que se dan en el mundo moderno, para mostrar que la verdadera libertad consiste en la sumisión a la voluntad de Dios. Esa aparente contradicción, someterse a Dios para ser libre, es la que va mostrando a lo largo de los distintos capítulos. Hay un hecho y es que los santos, que han buscado en todo ser obedientes a Dios, han gozado de una verdadera libertad totalmente envidiable. La auténtica libertad no es por tanto exterior, sino interior (bonito el ejemplo que pone de santa Teresa del Niño Jesús que fue plenamente feliz en un convento pequeñísimo), y se fundamenta en la dependencia de Dios.
Así lo va mostrando el autor, en este bello libro, fundamentando la libertad cristiana en las virtudes teologales y concibiéndola como un don del Espíritu Santo. De ahí llega a la conclusión de que la auténtica libertad coincide con la vivencia de la primera de las Bienaventuranzas: "Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". De ahí la conclusión: "me gustaría que las consideraciones de este libro ayudaran al lector a comprender esta sorprendente afirmación de Jesús, a percibir su verdad y a vivirla. La pobreza espiritual, la absoluta dependencia de Dios y de Su misericordia, es la condición para la libertad interior".
Este libro además de un notable valor espiritual, tiene, como todo lo auténticamente cristiano, un valor terapéutico. La sociedad actual, el hombre moderno y de forma especial los jóvenes, viven enfermos. A través de las consideraciones espirituales que hace el autor y que están muy bien trabadas, se encuentran también descripciones exactas y propuestas de remedio para esa tristeza y ese sinsentido de que tantas veces adolece el corazón humano.

David Amado Fernández

archimadrid.es

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2003
164

Colección Patmos 222
Traducción de Mercedes Villar

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Comentarios

Imagen de enc

Sorprende encontrar un libro de espiritualidad que parte de las exigencias psicológicas de la personalidad para pasar a la fe religiosa en un movimiento de perfecta continuidad. El libro comienza con un análisis de la libertad. Sólo esta primera parte ya compensaría su lectura. Entender algo tan obvio como olvidado: que no todo en la vida depende de nuestra libertad y que, como dice el autor, “son más relevantes aquellos aspectos de la vida que no elegimos –empezando por la propia existencia- que los que están sujetos a nuestra libertad de elección”.

La libertad de elección no es, como a veces se piensa, la luz que da sentido a nuestra existencia, sino que hay que avanzar un paso más: es la intencionalidad que imprimimos a nuestros actos la que les da sentido, valor y, en último extremo, los hace actos humanos libres. Es interesante la gradación que realiza el autor entre rebelión, resignación y aceptación. La rebelión es sobradamente conocida en todos los sentidos de la palabra; supone la falta de aceptación de uno mismo y de las circunstancias que nos rodean; produce frustración y un deseo porfiado de cambio.

Resignación es un sentimiento de impotencia ante lo que no podemos cambiar y conduce a la insatisfacción y a la amargura, porque hemos sido creados para ser libres, no esclavos. Viene aquí a cuento una conocida oración que dice: “Dame Señor fortaleza para cambiar lo que pueda cambiar, paciencia para aceptar lo que no pueda y sabiduría para distinguir entre lo uno y lo otro”. Aceptación supone reconocer como un bien lo que antes considerábamos un mal y equivaldría, según la oración que acabamos de ver, a la sabiduría.

El autor se extiende sobre las bondades de la aceptación de uno mismo y explica que Dios nos ama como somos, con nuestros defectos, y no espera para ello a que alcancemos ese ideal de perfección, imaginado e improbable, que a todos nos gustaría alcanzar. Somos hijos de Dios y ningún padre exige a su hijo que sea perfecto como condición previa para amarle. ¿Cómo entender entonces las palabras de Cristo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”? Según el autor no ha de entenderse como la perfección en el obrar, que sería imposible para los hombres, sino como rectitud de intención.

El autor afirma que aceptar nuestras imperfecciones aumenta nuestra esperanza, ya que nos lleva a acudir a Dios como fuente del bien y del amor. “Con la paciencia salvareis vuestras almas” –leemos en el Evangelio. El autor coloca la paciencia junto con la humildad, la oración y la esperanza. “Una ascesis en bruto –basada exclusivamente en el cumplimiento de la Ley- está condenada al fracaso”. La ascesis debe partir de una correcta comprensión de la antropología y de todo lo bueno y positivo que el hombre encuentra dentro de sí, porque -afirma el autor- “el bien posee más entidad que el mal”.

Un libro interesante, fácilmente comprensible, que merece una lectura detenida.

Imagen de tajamata

Espiritualidad de la buena,de la de toda la vida,presentada para el hombre actual,con sus miedos,sus complejos y sobre todo su suficiencia. Un antídoto muy util para la invasión del relativismo-pesimismo suicida que amenaza con invadir toda la sociedad occidental.
Muy bueno

Imagen de Pilarica

Estoy de acuerdo con Rubito en que al leer este libro sientes una alegría insospechada, la alegría que se fundamenta en el conocimiento y la convicción de ser hijos de Dios. Esta afirmación "ser hijos de Dios" es la que nos da el verdadero alcance de nuestra identidad. La gratuidad de esta filiación es la que nos da la fuerza, la paz y la alegría para seguir adelante con nuestra vocación, sea la que sea. No dejes de leerlo, no te arrepentirás.

Imagen de Rubito

Escrita con el estilo sencillo y concreto que caracteriza a este autor nos lleva a descubrir, como ya lo hiciera con su otra obra " La paz interior", " más Mediterraneos", cosas que , de puro sencillas, no somos capaces de caer en ellas.
No tiene fórmulas mágicas pero sí afirmaciones tan palmarias, tan asumibles, tan de sentido común, que el lector no puede por menos de sentir especiales sensaciones de alegría interior por haber descubierto algo tan sencillo y tan aplicable a cualquier momento de cualquir dia.
Este descubrimiento abre horizontes de paz y libertad en este mundo de hoy tan crispado y beligerante.
No se piense que esta escrito para personas muy avanzadas en la vida espiritual, para personas consagradas, etc; al contrario, es una obra de lo más adecuado para gente sencilla, de la calle, gente "normal"; y para los agobiados , deprimidos y desasosegados.
Todo lo dicho para esta obra es válido al 100% para otros dos cortitos libros del mismo autor: La paz interior y Tiempo para Dios.