Los catalanes en la Guerra de España

La obra de José María Fontana tuvo el valor de dar a conocer, la guerra civil, en Cataluña, desde el testimonio personal, pero con un estilo vivo, dinámico, que supo llegar al lector. El autor nos describe la Cataluña revolucionaria que provocó el exilio de miles de catalanes. La resistencia activa, de aquellos catalanes que vivieron desde la clandestinidad y el exilio una lucha, que consideraban justa, contra una revolución totalitaria que eliminaba las libertades más elementales. Esta lucha y la preservación de la cultura catalana fueron las razones que motivaron a José María Fontana a reunir a los catalanes exiliados y a escribir este libro. Una obra subjetiva, pero verídica, al dejar sobre el papel la plasmación de unos hechos que iban surgiendo, tomando al autor de incómodo testigo.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2005
384
84-7002-222-9

Edición original de 1951. Apéndice de 1977.

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José María Fontana, nacido en Reus (Tarragona) y miembro de Falange Española, hizo la Guerra Civil en el ejército de Franco. Fue el caso de treinta o cuarenta mil catalanes que cruzaron las líneas o las fronteras para unirse a los sublevados (pág.265). El autor analiza el espíritu catalán, las causas del catalanismo y su evolución durante la Guerra Civil. Señala como, al finalizar ésta, el catalanismo político había sido borrado de la escena por la marea anarquista y comunista (pág.100).

El autor se pregunta cómo un movimiento burgués pudo hacerse cómplice del anarquismo y el comunismo que al final lo destruyeron. Lamenta los errores que llevaron a la liquidación de la República: "A los socialistas, anarquistas y comunistas no les interesaba la República como régimen, sino tan solo como trampolín de sus planes socio-económicos" (pág.16).

En Cataluña la implantación de los partidos estatales era mínima ¿por qué entonces miles de catalanes abandonaron el territorio para pasar a la zona nacional o al extranjero? El autor lo explica por las matanzas realizadas por las milicias de los partidos y sindicatos, pero también por lo engañoso de las estadísticas políticas. Al comenzar la guerra en Cataluña existía un recuerdo del carlismo decimonónico y una presencia exigua de la Falange. Los restos de lo que habían sido la CEDA (republicanos de derechas), Renovación Española (monárquicos) y de una Lliga Regionalista casi extinta se unieron a los anteriores con un objetivo común de supervivencia.

Y es que existen minorías que la aritmética política no nos deja ver pero que están ahí, y en momentos de crisis pueden hacerse presentes y operantes. Los Fontana eran cuatro hermanos y sólo José María era de Falange, pero todos pasaron a la zona nacional. El autor se pregunta qué habían hecho la Iglesia católica y los católicos para merecer un persecución tan dura. Al fin y al cabo en el seno de la Iglesia se había guardado y fomentado la cultura catalana. Por último, los odios internos también terminaron con las vidas de  muchos militantes de izquierda, desde la Esquerra Catalana hasta el POUM.

José María Fontana analiza el espíritu catalán y trata de comprender su desviación hacia lo español. Señala como causas la debilidad política del Gobierno de Madrid, el centralismo, el amor a la historia y cultura catalanas, el individualismo contrario a toda autoridad y la ilusión de una Arcadia feliz en la que todo va a funcionar perfectamente. A ello añade la pasión del mando, los tinglados económicos, la histeria pseudoidentitaria y los resentimientos (pág.252). Alguien dijo que los que viven obsesionados con el pasado nunca podrán disfrutar del futuro; por su parte el autor recuerda que los resentimientos "ensucian el alma".

El autor define el carácter catalán por el individualismo y el sentimentalismo, en tanto que Castilla inspira el ideal y la empresa común (pág.285). Critica los patriotismos regionalistas basados en el rechazo e incluso el odio, pero también critica el uniformismo centralista que cree ver en las manifestaciones culturales, y sobre todo en las lenguas regionales, un atentado contra la unidad. Recuerda a catalanes que supieron al mismo tiempo ser españoles, como Prat de la Riba, Prim, Balmes, Verdaguer, Joan Maragall o Cambó (pág.375).

Citando a Séneca Fontana recomienda: "Si quieres ser amado, ama" (pág.356); y añade una hermosa exclamación: "¡Qué poco queda de los odios de los hombres!... En cambio del amor quedan las estirpes y las obras, las cosas queridas y los recuerdos... Es nefasto seguir el camino del resentimiento" (pág.346).