Nueve ensayos del autor acerca del uso de la palabra en conversación, diálogo, tertulia e incluso sobre el no-uso: el silencio. Amón distingue la soledad involuntaria y dolorosa de aquella inducida por el uso obsesivo de los aparatos electrónicos. Por último, hace referencia a las tertulias radiofónicas y televisivas,
| Edición | Editorial | Páginas | ISBN | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| 2024 | Espasa (Planeta) |
238 |
978-84-670-7499-4 |
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El autor es periodista y
El autor es periodista y participa en tertulias de radio y televisión, por lo que ha reflexionado sobre el uso de la palabra en conversaciones, diálogos y tertulias. Conversación es el término más general para designar el intercambio de opiniones, y requiere varios participantes con un mínimo de confianza entre ellos. Admite varios formatos como pueden ser el diálogo o la tertulia.
Desde la antiguedad se conoce la oratoria como una forma para transmitir ideas. También se la conocía como retórica y servía para peticiones formales ante autoridades, asambleas o tribunales. Un retórico célebre de la antigua Roma, Cicerón, daba los siguientes consejos: "Habla con claridad; alárgate pero no demasiado, especialmente cuando otros esperan su turno para hablar. No interrumpas. Sé cortés. Trata en serio los asuntos serios y con gracia los más ligeros. Nunca critiques a las personas a sus espaldas porque no te lo van a perdonar. Apégate a los temas de interés general, no hables de ti mismo y, sobre todo, nunca pierdas los estribos" (pág.26).
La palabra hablada se acompaña con los gestos. El autor recomienda comportarse de una manera cordial y educada. En concreto: a) Mirar a los ojos. b) Conservar una postura equilibrada, sin invadir el espacio ajeno. c) El gesto sereno, mejor un poco sonriente que duro o deprimido. d) Usar buenas maneras y evitar la tensión. e) Cuidar el aspecto y el arreglo personal (págs.198-199). El autor insiste en la necesidad de escuchar, y no hablar por hablar sino solo cuando hay algo que decir. "Saber escuchar, atreverse a exponer los propios argumentos, admitir que nuestras certezas pueden ser rebatidas. Sanar al prójimo con las palabras adecuadas. Eludir el egocentrismo, los tópicos, y renunciar a las boutades y descalificaciones" (pág.15).
La conversación admite varios formatos y finalidades. El diálogo suele referirse a una cuestión concreta acerca de la cual se trata de alcanzar la verdad. Presupone que los que dialogan tienen un nivel de conocimientos acerca del asunto que se trata, y para el oyente es una formula instructiva. En sentido contrario tenemos la tertulia, en ésta no se trata una cuestión concreta ni requiere de especiales conocimientos. La finalidad de la tertulia es el entretenimiento y se premian la amenidad y el ingenio (pág.139).
Amón recuerda que un requisito esencial de la conversación es el respeto al interlocutor, porque la tentación descalificadora está al acecho cuando no convencen los argumentos (pág.22). Recomienda mostrar interés por lo que aquel manifiesta; entender sus razones antes de intentar rebatirlas, y no sentirse frustrado cuando no se aceptan las nuestras (pág.36). Existe una modalidad de conversación que se considera terapéutica y es la que se conoce como terapia de grupo. En ésta, un grupo de contertulios que padecen traumas o enfermedades similares intercambian experiencias. Cada uno de ellos, al construir su relato para exponerlo ante los demás se conoce mejor a si mismo, y al escuchar a los otros aprecia que hay sufrimientos iguales o peores que los suyos.
En las tertulias televisivas el autor distingue tres tipos de participantes: Aquellos que considera integros que no obedecen más que al criterio personal, aunque se equivoquen. Al segundo grupo lo denomina de amiguetes, dispuestos a defender aquello que se les pida. Por último están los enviados por los partidos políticos, los cuales se ajustan a un argumentario previamente conocido. "Los tertulianos prefabricados -afirma Amón- ponen en duda la integridad del debate y la credibilidad de los programas en los que participan" (pág.225).
Nos encontramos ante un libro árido en su lectura, pero didáctico en su contenido. Todos deberíamos ser capaces de conocer y observar los principios que expone.