Una reflexión sobre el propósito de la educación superior y la importancia de recuperar su esencia. El autor defiende el valor de los clásicos como puente entre pasado, presente y futuro, al tiempo que cuestiona los estudios culturales y de género desde una perspectiva fundamentada.
El autor se fija en el estado actual y el propósito de la educación superior, comparándolo con las ideas presentes en los orígenes históricos de la universidad. Considera que hoy se subraya la empleabilidad, las instalaciones y la atención de los alumnos, pero que no debería olvidarse lo más valioso: los maestros, las lecciones, el conocimiento y el estudio riguroso.
Al hablar de las Humanidades destaca que no se trata de conservar lo antiguo como quien guarda cenizas, sino de avivar un fuego en el que pasado, presente y futuro se aúnan gracias a la fuerza de los clásicos. Finalmente, analiza los llamados "estudios culturales" y "de género", descubriendo su condición de constructos posmodernos en los que están ausentes la objetividad, la posibilidad de diálogo racional y la misma noción de verdad.
Comentarios
Brillante e incisivo como
Brillante e incisivo como siempre, Aranguren analiza la actual situación de la institución universitaria y la pone frente al espejo del ideal que esta procuró durante siglos: una convivencia culta de estudiantes y maestros. Con el sentido del humor que lo caracteriza, el autor nos explica la colonización que las ideologías han operado en muchos departamentos y la deriva mercantilista de centros universitarios que han convertido la educación superior en un producto comercial. Lectura muy recomendable y escrita con una prosa muy bien trabada, que se agradece.