Villanueva

Moderador: Gabriel Rodríguez Pazos

Universidad Villanueva. Costa Brava 6, Madrid.

Cuarto martes de mes, a la hora del almuerzo. 

Abril, 2026

Historia de una maestra

Aldecoa, Josefina

En 1923 Gabriela recoge su título de maestra. Es el comienzo de un sueño que la llevará a trabajar en varias escuelas rurales en España y en Guinea Ecuatorial. Este libro es la narración de su vida, hecha desde la memoria, durante los años veinte y hasta el comienzo de la Guerra Civil. Con el trasfondo de la República, la Revolución de Octubre y la guerra, evoca aquellos tiempos de pobreza, ignorancia y opresión, y muestra el importante papel de la enseñanza y de aquellos que lucharon por educar un país.

Contado desde la verdad del recuerdo, con sentimientos que apenas nos atrevemos a reconocer y una progresiva toma de conciencia, el relato de esta mujer que en una época difícil supo encontrar su destino nos abre un camino a la esperanza y al idealismo.

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Josefina Aldecoa -nacida Josefina Rodríguez- vio la luz en La Robla (León) en 1926. Hija y nieta de maestras, utiliza el testimonio de sus antecesoras sobre un periodo especial de la historia de España: la Segunda República (1931-1939).

Del tratamiento que da la autora a este periodo histórico destacan dos hechos: El primero el carácter anticatólico -laíco lo denomina ella- de la Segunda República. El segundo, el carácter escasamente democrático del régimen instaurado en 1931, ya que se proponía excluir de las tareas de gobierno a una mitad importante de la sociedad española, la que la autora denomina repetidamente las derechas.

Sobre el carácter anticatólico o laíco, la novela comienza con una afirmación taxativa realizada por el padre de la protagonista: "Dios no existe" (pág.25). Cuando Gabriela tiene una hija no quiere bautizarla ya que desea que crezca "sin fanatismos" (pág.96). Nada más instaurarse la República, la primera medida que adopta el Ministerio es declarar la escuela laica y prohibir los crucifijos (págs.104-105).

"El odio apareció más adelante" -escribe la autora-, cuando la procesión del Corpus Cristi sea dispersada por una lluvia de piedras (pág.175). En 1934 se produce la llamada "revolución de Asturias", y los mineros informan a Gabriela que "han matado curas y a algún rico que no era de fiar" (pág.188). Es obligatorio preguntarse por qué una opción política progresista tiene que ser anticatólica. Fue algo que, entonces, puso a gran parte de la población en contra de la República recién instaurada.

Algunos de los nuevos republicanos parecen desconocer el hecho de que un régimen democrático debe excluir la violencia. Don Germán, el alcalde de Los Valles, exclama: "La República llegó sin violencia, ¿porqué no vamos a saber conducirla en paz?". Pero Ezequiel, el maestro, considera que "la violencia es a veces inevitable. El único lenguaje posible", e ironiza con que el programa de la República no se puede conseguir "con un fondo musical de flautas y piar de pájaros" (pág.149).

Tampoco conciben que pueda existir una alternancia en el Gobierno. A finales de 1933 hay elecciones y Ezequiel considera que se ha producido un desastre: han ganado las derechas. Ha vencido el enemigo común: el capitalismo: "Hay que pasar a la acción. Los socialistas no pueden permanecer indiferentes" -propone Domingo, comunista y agitador de los mineros (pág.166). Por su parte, Gabriela trata de consolar al alcalde: "Todo se va a arreglar. Verá usted como pronto recuperaremos las riendas del Gobierno y esta vez nadie nos las va a arrebatar" (pág.181).

En la novela -igual que ocurrió en la realidad- hay que distinguir entre los simplemente republicanos y partidarios de la paz (el alcalde, el padre de Gabriela y ella misma), y los que aspiraban a realizar una revolución violenta y definitiva. Al final, cuando en 1936 se produzca el levantamiento militar, tanto el pacífico alcalde republicano como Ezequiel, el maestro socialista, serán fusilados. Fueron tratados del mismo modo. Pero el maestro comunista y agitador de los mineros, Domingo, ha hecho mutis y nadie le ha vuelto a ver.

La prosa de Josefina Aldecoa es sencilla y muy agradable. Para mí de gran calidad. Para lectores interesados.

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Magnífica novela histórica, de prosa excelente, en la que una maestra hilvana recuerdos de su vida entre octubre de 1923, cuando le dan su título en la Escuela Normal de Oviedo, y julio de 1936, con el inicio de la guerra civil española, recién comenzadas las vacaciones estivales en un pueblo minero de León afectado por los sucesos de la revolución de Asturias de 1934.

La Josefina Aldecoa escritora vuelca aquí su faceta de pedagoga y consigue un atractivo personaje de profunda vocación docente, una maestra convencida del poder de la educación para transformar la sociedad. La personalidad de la maestra pesa más en la novela que los planteamientos laicistas que defendió la fundadora del colegio Estilo, los cuales quedan también reflejados en el texto. Muy recomendable para quienes tengan interés por el mundo de la educación.