La quincena de septiembre

Publicada hace más de 80 años, esta novela obtuvo reseñas muy elogiosas. "Una novela encantadora", declaró el Daily Telegraph, "una pequeña obra de arte", podía leerse en el Sunday Express. En Estados Unidos, se decía que "desde Dickens, nada se había acercado tanto a las entrañas del genuino espíritu inglés". En ella se narra el viaje en tren hacia la costa de una familia y sus dos semanas de vacaciones yendo a la playa cada día. Sherriff tuvo la idea mientras pasaba unos días en la ciudad turística de Bognor Regis, mirando a la multitud ir y venir, preguntándose cómo serían sus vidas... "Me entró entonces el gusanillo de coger una familia cualquiera de aquellas y construir una historia imaginaria sobre sus vacaciones junto al mar... Quería escribir sobre gente sencilla, descomplicada, en su vida normal". Con su prodigiosa capacidad de observación, RC Sherriff consigue convertir en universal la vida ordinaria, pero llena de matices, de una familia sencilla. Este pequeño corte en la capa superficial de su día a día nos muestra de modo magistral la belleza que reside en lo cotidiano y en el mundo fascinante que hay detrás de cada persona.

"Me he enamorado de este libro y lo releo con frecuencia. Es un libro extraordinario sobre todo: la familia, la ambición, el sacrificio, el primer amor... Consigue conmover sin recurrir al sentimentalismo y es una descripción exquisita y llena de matices de un lugar y una época perdidas". Kate Morton, autora de El jardín olvidado.
 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
368
978-84-9061-288

Traducción de Gabriel Rodríguez Pazos.

Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.714284
Average: 3.7 (7 votes)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4
Género: 
Libro del mes: 
Enero, 2016

Libros relacionados

Comentarios

Imagen de Azafrán

Deliciosa novela psicológica que introduce al lector en la vida de una familia inglesa y que  le permite ver la evolución de los distintos miembros que la componen. Profundiza en los intereses de cada uno de ellos, individualmente, y en el resultado de la interacción de todos ellos: una armoniosa convivencia a pesar de los problemas.

Resulta deliciosa porque cada uno de los miembros de la familia, a pesar de tener sus intereses personales sabe discernir lo que conviene a todos ellos, como grupo unido, y actúa en consecuencia.

El fino y típico humor inglés está presente en la narración de la preparación de las vacaciones de una familia: el padre, señor Stevens, la madre, señora Stevens y sus tres hijos, Dick, Mary y Ernie. Desde el primer momento, el lector va conociendo los distintos aspectos (físico, carácter, aspectos positivos o negativos en cuanto a los hábitos, comportamientos previsibles…) a través de la visión que los demás tienen de cada miembro de la familia. Conocemos igualmente los hechos relevantes de su pasado personal y de la transcendencia de su conducta en el resto de la familia.

El plan que el autor sigue consiste en presentarnos a la familia durante la preparación de sus vacaciones, justo el día anterior a la salida de su domicilio habitual en Corunna Road. Durante las primeras cien páginas, conocemos a la familia en su casa y en su vecindario. Cada miembro de la familia da su opinión sobre algunos de los vecinos, de las familias vecinas, con las que se relaciona habitualmente o en momentos significativos, como este de la partida y a las que piden que les cuiden el canario o el gato, o la vigilancia de la casa. Los hábitos de orden en casa, por ejemplo, los entiende el lector, con unas rápidas pinceladas y por el contraste de los hábitos de los vecinos con la propia vida de los Stevens.

El viaje en el mismo compartimento en el tren, supone igualmente una oportunidad que el escritor utiliza para contar al lector lo que cada miembro de la familia piensa del otro, o hacer referencias a momentos del pasado que arrojen una mayor claridad sobre los personajes.

Las siguientes cien páginas nos relatan la llegada al pueblo costero de Bognor, a la casa de la señora Huggett. El nombre que le da a la casa donde se hospedan desde hace 10 años,  Seaview, no carece de ironía puesto que la casa se encuentra alejada del mar, en St. Matthews Road  y necesitan dar un largo paseo hasta  llegar a verlo. En estas cien páginas, cada uno de los Stevens nos cuenta como se sienten al llegar: se comparan con los veraneantes que ya se han bronceado, su timidez…

Durante las primeras horas, después de la comida principal que los ingleses toman a media tarde, una cena adelantada, se acercan al mar y regresan para deshacer el equipaje.

El señor Stevens programa actividades a realizar en familia y deja tiempos libres para que cada uno pueda dedicarlo a sus gustos personales. Son esos momentos en los que cada componente de la familia se enfrenta a su propio yo y reflexiona sobre su pasado y sobre cómo se siente con respecto a él mismo, con respecto a su familia y qué es lo que quiere hacer en el futuro. El lector asiste a la reflexión del señor Stevens durante su largo paseo en el que considera con satisfacción su vida a partir del nombre de la calle donde vive en Londres, Corunna Road.

  Conocemos la significación de esta calle por su oposición a College Road :

“Jamás imaginó, cuando se casó con Flossie y se fueron a su casa de Corunna Road, que estaba construyendo el refugio que sería su tabla de salvación después de aquellos desastres. Nunca le había parecido su casa tan acogedora, ni su jardín tan agradable como la noche que volvió de la oficina sabiendo que no iba a ser secretario y que, probablemente, nunca tendría una casa grande en College Road con su césped impecable y sus macizos de plantas.” Pág. 203

Así queda definida la situación social en la que esta familia vive. Un padre, el señor Stevens que comenzó como dependiente y. poco a poco, ascendió a administrativo dentro de la misma empresa pero, al que la falta de formación inicial, o la pertenencia a otra clase social más alta cortó sus posibilidades. No obstante todo el esfuerzo realizado ha servido para dar a sus hijas la oportunidad de estudiar en un buen colegio, Belveder College. Gracias a sus relaciones familiares, su hijo mayor, Dick ya trabaja en una gran empresa.

Por su lado Dick, busca la soledad en las grandes rocas que protegen la playa. Aunque en un principio se siente traicionado porque, en realidad, Belvedere College es un colegio mediocre y su trabajo no es en absoluto atrayente, poco a poco se da cuenta de que eso es lo recibido y de que a él le corresponde mejorar sus condiciones de vida y así se plantea la posibilidad de continuar sus estudios con una cualificación profesional.

Los momentos de soledad de la señora Stevens, los aprovecha para rematar alguna labor de aguja y descansar con un vasito de vino reconstituyente.

Mary no reflexiona. Se lanza a la conquista social y no tiene muy claro lo que busca con sus sentimientos. Y Ernie es demasiado pequeño para reflexionar.

Un clima húmedo y fresco en verano como el de la costa sur de Inglaterra, hace necesaria la utilización de casetas en la playa. Todos necesitan tener un refugio para cobijarse y cambiarse la ropa mojada. La caseta que alquilan a sabiendas de que tendrán que prescindir de otros caprichos, tiene un nombre, The Cuddy que en español significa armario haciendo alusión a lo reducido de su tamaño, y todo ello a pesar de que es más grande que la que habían contratado los años anteriores.

Los Stevens no están solos. Se relacionan con sus vecinos, con los otros veraneantes, aunque para ellos las relaciones que establecen quieren que sean duraderas: entienden lo que significa la lealtad. Quizás es esa la razón última de su persistencia, año tras año, en veranear en Seaview, su lealtad hacia la señora Huggett.

El concepto de familia, el autor lo aclara por comparación con el rico señor Montgomery, un cliente de la empresa donde trabaja el señor Stevens. Ambos se encuentran en el muelle y el señor Montgomery se empeña en invitarles a su recién estrenad mansión. Allá van los Stevenson, en una limusina que les pasa a recoger. Todo el dinero que los Montgomery han invertido en la mansión no se corresponde con el significado de familia. 

Imagen de emilionavarro

Parece que no pasa nada...y pasa de todo en esta familia británica y sus encantadoras vacaciones. Siempre hay un personaje con el que puedes encontrar coincidencias contigo mismo o con los tuyos. Está lleno de humor británico fantásticamente redactado. Una novela perfecta para descansar, desconectar y transpotarte a la Inglaterra de los años 30.

Imagen de Miguel J Rodeno Arraez

Libro escrito por el autor hace casi un siglo sobre el viaje en tren y las vacaciones de una familia en la costa del sur de Inglaterra. Sherif tuvo la idea mientras pasaba unos días de vacaciones en la ciudad turística de Bognor Regis, sita en el oeste del condado de Sussex.

Esta obra se caracteriza porque no ocurre nada especial. Narra los días de playa de una familia sencilla, descomplicada, en su vida normal. Nos muestra de modo magistral la belleza que reside en lo cotidiano y en el mundo fascinante que hay detrás de cada persona. El texto “fluye”, fluye, fluye; dan ganas de seguir leyéndolo y disfrutar con sus personajes, como indica su traductor en una tertulia literaria que hemos mantenido con él.

Destaca la riqueza de su vocabulario y viveza en la descripción de los ambientes donde se desarrolla la vida. Su lectura se hace placentera; dan ganas de seguir leyendo disfrutando de ese arte tan peculiar que es la simple lectura de lo ricamente escrito.

Dejo de intento textos entrecomillados recogidos directamente del libro para que podais disfrutar de la riqueza del lenguaje y la fuerza comunicativa del texto.

La madre de familia es la que da esa estabilidad, paz y felicidad a los miembros de la misma. “estaba tan contenta … porque otros van a estar contentos”; su marido y sus hijos. A la señora Stevens el mar, la playa no la gustaban, la daban miedo. Se detestaba por no disfrutar de Bognor como los demás. “En casa los niños eran suyos: la querían, acudían a ella para todo. En Bognor, era como si se distanciaran de ella”. Estaba contenta por la alegría que las vacaciones traían a los demás. “Esa hora de nueve a diez en la que estoy sola, cosiendo, cómodamente sentada en la butaca co mi vasito de oporto”. “Lo cierto es que disfrutaba de aquella plácida hora por motivos por los que nunca hubiera debido avergonzarse”

El señor Stevens

-es el prototipo de padre de familia y hombre metódico. “Sacó una hoja (de vacaciones) escrita a lápiz … era el resultado de muchos años de depurada experiencia”, que contenía las tareas a realizar la tarde anterior a realizar el viaje, “la noche más feliz del año”. “Cada encargo era asumido por un miembro de la familia” “Un viaje de vuelta mal planificado nos podría arruinar las vacaciones”

-“tenía el don de instaurar esos “acontecimientos domésticos” que tanto contribuyen a fortalecer los lazos de un hogar. La “nocheanteriorairsedevacaciones”

-¡Qué maravilla! Todos los miembros de la familia juntos una vez más, a pesar de las inciertas insinuaciones de Dick y Mary (los hijos de 18 y 20 años) sobre posibles vacaciones con sus amigos. ¡Gracias a Dios, se habían quedado en nada!

-“Sentía la satisfacción y tranquilidad del hombre que ha organizado todo tan bien que tiene el tiempo tan controlado como el jinete a su caballo … solo acciones con un fin concreto y todos ocupados en tareas que nunca se solapaban”

-Cuida con detalles pequeños y demuestra el amor con cada uno de los miembros de su familia: les lleva a cada uno a la cama una taza de té, empezando por su esposa. “¡Magnífica idea! ¡Magnífico comienzo de día!” “Pensé que esto te gustaría – dijo él”Dijo ella: ¡Qué bonito!”...muchísimo más conmovedora que un día de sol (para los ingleses que siempre está nublado o lloviendo)…”De verdad, Ernest, ha sido un detalle…¡Hala, papá! – exclamo Mary cuando se incorporó y vió el té - ¿Cómo se te ha ocurrido esto…?”

-explica amorosamente cómo conocio a la señora Stevens.. fue “el destino” “Él sabía que la atención del hogar consumía el cuerpo y el espíritu de aquella frágil mujer”

-Pensando en los suyos continuamente: “mientras su cabeza bullía con pensamientos que le quitaban la paz”

Dick se encuentra orgulloso de su padre, especialmente cuando el ricachón señor Montgomery, cliente de su empresa, le deja en ridículo ante toda su familia al atacarle en público mientras les invitaba a un té en su casa. “Su ira (al señor ricachón) se convirtió en un orgullo como nunca había experiementado antes, y sintió una profunda gratitud (a su padre). Detrás de aquella ropa barata veía a un hombre más noble que el gigantesco gordo de la alfombra, con su caro traje gris y su camisa de seda”

Mary quería salir, conocer chicos, ligar. Hace amistad veraniega con una chica en la playa y quedan para salir juntas por la noche sin decírselo a ninguno de su familia. Le hace tilín un actor de teatro y quedan para salir. Él le dice: “Nunca habías salido así con nadie, ¿verdad? ¿No te parece maravilloso?” El primer día de salir: “la rodeó con sus brazos, pero escuchó su voz queda y temblorosa: - Cariño mío”. Y ella tonta, inexperta se lo cree. Fue su primer amor de verano pasajero. El actor teatral solo quería “un poco de diversión, un modo agradable de pasar unas horas de las vacaciones”

El libro refleja muy bien al hombre y la mujer: “A él le gustaban las mujeres bien vestidas y arregladas, y a veces echaba de menos que su mujer fuera más cuidadosa en ese aspecto”… las mujeres os teneis que arreglar para el marido… y el marido para su esposa…

El libro está cuajado de ejemplos de virtudes vividas:

-amor y entrega: ya citado en párrafos anteriores, especialmente por parte del padre y de la madre.

-Colaboración y complicidad del matrimonio: en la preparación del viaje de vuelta le dice el señor a la señora Stevens: “Dime si crees que me he olvidado algo” El señor Stevens narra todos los puntos. Ella contesta: “Creo que no se te escapa nada – dijo la señora Stevens admirada - . Es sorprendente tu capacidad de preverlo todo”. También cómplices y comparten un secreto mutuo exclusivo cuando planifican conjuntamente cómo y cuándo decirle a los hijos que se van a quedar un día más de vacaciones. “Le hizo un guiño cómplice a su mujer y entró en el baño”

-sobriedad: El señor Stevens no compra una bolsa de patatas fritas que sugiere la señora Stevens porque “Seguro que la señora Huguet ha preparado patatas cocidas”

-generosidad: los hijos aportan algo de dinero propio para poder alquilar una cabina en la playa con el balcón, que es más cara que una simple cabina para cambiarse y ponerse el traje de baño y poder estar resguardados del viento o inclemencias.

-orden: mejor colgar las cosas en los armarios que ir sacando las cosas del baúl según se iban necesitando, prque sino “La recriminización de su pereza que acababa turbando su descanso”. Al señor Stevens “No es que le gustara mandar y llevar siempre las riendas; es que sabía lo importante que era tener un mínimo esquema de actuación, si se quería disfrutar como correspondía de todas y cada una de las horas de vacaciones”

-libertad con responsabilidad: variedad de planes que cada miembro de la familia elige para disfrutar a su manera. Por la noche: Ernie, el pequeño de seis años a la cama; el señor Stevens al pub con sus amigos; Dick y Mary a salir a pasear, y Mary a ligar con su amiga recién conocida; la señora Stevens en casa cosiendo con su copita de Oporto sin tener que fregar, preparar desayunos, limpiar zapatos,  ni que planificar la comida del día siguiente, “ni siquiera había que pensar en nada, si uno no quería”, aunque “tardó un par de noches en darse cuenta de aquello y disfrutarlo en plenitud”. Después de desayunar: la Señora stevens a hacer alguna compra y además así está menos tiempo en la playa que no la gusta nada; el resto a la playa.

-fidelidad: al señor Stevens le gusta la camarera del pub en el que se fuma la pipa, se toma una cerveza y habla con sus amigos. Esa atracción no le lleva en ningún momento a faltar a la fidelidad a su mujer ni mentalmente ni prácticamente.

-Pobreza: “se había acordado del diminuto cuarto de baño de su casa y del calentador, que soltaba agua a trompicones mientras todos hacían cola por la mañana con su jarras. Pobres pero felices.

-Dar ayuda al necesitado, su casera. La familia Stevens seguirían iendo de vacacaciones allí, apoyando a la señora Stevens hasta el final, aunque la casa se deteriora un poco cada año que pasaba.

-Felicidad con lo sencillo, con lo ordinario. Gran sabiduría esta transmitida por el autor de manera magistral.

Diferencia hombre y mujer: a la señora Huguet que les alquilaba la casa sse le había muerto el marido, y cada vez tenía menos inquilinos y la casa estaba más destartalada y descuidada. La señora Stevens solo había visto la necesidad de compadecerse de ella, por la cruel e inmerecida desgracia; para el señor Stevens aquello era la realización de algo que hacía tiempo que esperaba y temía (el que la casa se fuera deteriorando)

Final y resumen (Aconsejo este libro a cualquier persona)

-“las vacaciones les habían hecho a todos un gran bien”

-“Era bueno tener un hogar que te llamaba: un hogar que te hacía sentir un poco triste la primera noche que uno dormía en una cama extraña.

Imagen de acabrero

Pienso que al terminar esta novela el sentimiento del lector es muy similar al de los protagonistas. O sea, la sensación de muchos de aquellos veraneantes que compartían el mismo lugar y circunstancias parecidos. Una cierta nostalgia al terminarse esos momentos mágicos, esas dos semanas llenas de descanso, llenas de casi nada, pues es quizá lo que uno busca, no tener nada que hacer, aunque se hagan muchas cosas. El autor consigue que el lector se ponga en la misma situación de añoranza que los protagonistas, aun cuando todos tienen muy claro que no tendría sentido seguir allí mucho tiempo.

Seguramente es el mérito más notorio en Sherriff, conseguir desatar los mismos sentimientos después de esas 360 páginas. Describe de modo espléndido los momentos, el devenir de los días, el ambiente, el lugar, sobre todo el paseo marítimo y la playa, y es fácil que el lector compare con sus mismos días de veraneo. En algún momento he pensado que describe demasiado. Es como si no dejara nada para imaginar al lector, como si se diera todo muy mascado y que -incluso en los escasos momentos de cierto drama- sepa uno como va a acabar la historia. En ese sentido, al terminar la lectura se da uno cuenta de que las pequeñas historietas de cada protagonista, son un relato muy simple de las vidas de las personas.

Y, en ese sentido, creo que buena parte de la nostalgia que se siente acompañando a la familia Stevens de regreso a su hogar se debe a la falta total de transcendencia. Lo único que cuenta en sus vidas es divertirse un poco en una playa, y lo demás que ocurre en el año es algo gris, poco reseñable. Todo lo más que se le ocurre a Dyck es que puede ser un buen arquitecto para ser famoso y así tener la ocasión de ayudar a su colegio y que este sea famoso… No hay Dios ni sentido último en la vida de ninguno de ellos.  En otro tipo de novelas no llama la atención, pero cuando te cuentan minuto a minuto lo que ocurre en sus jornadas, e incluso lo que piensan de sus existencias, llama la atención que no haya ni una sola mención de tipo sobrenatural, y creo que es lo que produce más sensación de nostalgia o tristeza al final del relato: solo viven para las vacaciones.

El prólogo me parece impúdico, que nos cuente como lo ha hecho me parece impropio. Algo así cabría solo como epílogo, pero ponerlo al principio es la mejor forma de maleducar al lector.

Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

El autor cuenta en su autobiografía cómo se le ocurrió escribir esta extraordinaria novela: “Sucedió estando de vacaciones en la población costera de Bognor, donde solíamos bajar al paseo marítimo para ver pasar a la gente. Mientras observaba aquel interminable río de personas, elegí algunas familias al azar e imaginé cómo serían sus vidas (…). Me entró entonces el gusanillo de coger una familia cualquiera de aquellas y construir una historia imaginaria sobre sus vacaciones junto al mar”.

El resultado ha sido esta excelente novela, que desde el primer momento tuvo un gran éxito de ventas.

La obra narra dieciséis días de la vida de la familia Stevens, y comienza un día antes de la quincena de vacaciones, en el que la familia se reúne para preparar los últimos pormenores de sus vacaciones en Bognor, lugar de veraneo en la costa británica, y termina cuando parten de Seaview, el hotelito donde han residido esos días, dejando atrás unos días que han cambiado sus vidas.

La novela es un canto a la belleza de la vida ordinaria, un desvelamiento, a través de hechos aparentemente sin importancia, de cómo las relaciones en una familia que se quiere, ayudan a crecer y sostienen la vida de cada uno de sus miembros. Sherriff ha sabido contar con sabiduría la interioridad de cada uno de los personajes, su carácter y sus reacciones, sus historias pasadas y sus anhelos de futuro. Destaca el crecimiento del hijo mayor, Dick, que después de un año de su primer trabajo, monótono y rutinario, logra explicarse a sí mismo el origen de su tristeza y salir de ella planteándose ambiciosas metas profesionales y humanas que no deben faltar en ninguna persona joven; también la hija, Mary, vislumbrará un primer amor en su breve relación con un joven artista de teatro. En este cuadro no falta el hijo pequeño Ernie, que aporta su comportamiento de niño entrañable.

Pero la magistral mirada del autor sabe sacar literatura con mayúsculas de las vidas normales, muy corrientes, de esta familia, del Sr. y la Sra. Stevens, padres de familia que se esfuerzan por sacar adelante a sus tres hijos, también con sus pequeños secretos de penas pasadas; pero no piense el lector en grandes sucesos. Son historias menudas. La grandeza está en la mirada del autor, que ha sabido captar la belleza que se encierra en unas vidas corrientes y contarla con tanta sabiduría y contención que ha logrado una obra maestra, a la que contribuye sin duda la excelente traducción del Prof. Rodríguez Pazos.

Imagen de grpazos

Cuando Robert Cedric Sherriff (1896-1975) se pregunta por el inesperado y arrollador éxito de La quincena de septiembre (1931) —los 10.000 ejemplares de la primera edición se agotaron en una semana—, los únicos motivos que ve como plausibles son «que la historia era fácil de leer, que no era grandilocuente ni tenía mayores pretensiones y que era un tipo de historia que no se había escrito antes». La forma de escribir novela adoptó nuevos patrones durante la primera mitad del siglo XX y, sin ser consciente de ello, RC Sherriff aportó su granito de arena a ese cambio con La quincena de septiembre. De la génesis de la novela y de ese nuevo modo de escribir nos habla el propio autor en la interesante introducción, tomada de su autobiografía, No Leading Lady (1968).
 El «tipo de historia que no se había escrito antes» es, simple y llanamente, el relato de la quincena de vacaciones que una familia del extrarradio londinense pasa en Bognor Regis, una turística población costera del sur de Inglaterra.
 ¿Qué interés pueden tener las vacaciones en la playa de una familia normal —muy normal— de principios del siglo pasado? ¿Qué interés puede tener un relato en el que no pasa nada, en el que no hay una trama truculenta, ni asesinatos en serie, ni infidelidades matrimoniales…? Paradójicamente, el gran atractivo de esta obra maestra reside en la enorme riqueza que se esconde detrás de la vida ordinaria de sus corrientes personajes. Pero hace falta la sensibilidad de un artista para descubrir ese tesoro que no perciben quienes dejan que su existencia acabe muriendo de inanición, porque buscan alimentarla únicamente de acontecimientos extraordinarios. Y es que, en esta vida, lo extraordinario es eso: extraordinario.
 La novela comienza en Dulwich, donde la familia Stevens tiene su casa y donde la señora Stevens y Ernie —el pequeño de los tres hijos y el único que todavía va al colegio— esperan la llegada del señor Stevens, Mary y Dick, quienes apuran las últimas horas de su trabajo en Londres, antes de irse de vacaciones. Vendrán luego los preparativos de la víspera, el viaje en tren, la llegada a Bognor Regis y las dos semanas de vacaciones en la playa. La novela concluye camino de la estación de Bognor para coger el tren que les llevará de vuelta a Dulwich. Entre medias, al hilo de los sucesos cotidianos de esos días junto al mar, Sherriff disecciona a los miembros de la familia Stevens —y algún otro personaje que aparece en escena— y nos muestra sus ilusiones, sus miedos, sus anhelos, sus frustraciones…, y las cicatrices que la vida ha ido dejando en sus almas. Es prodigiosa la capacidad de observación del autor, quien demuestra un profundo conocimiento de la condición humana y dibuja detallados retratos psicológicos en los que el lector se verá reflejado, en mayor o menor medida.
 La quincena de septiembre, publicada hace más de ochenta años, tiene hoy una enorme actualidad, porque es una novela sobre lo que nos estamos perdiendo de la vida, sobre la belleza de lo cotidiano, sobre el fascinante mundo que hay detrás de cada persona, y también sobre la soledad de muchos de los que pasan a nuestro lado. Hace falta abrir los ojos y mirar lo que de verdad importa, sin que nos lo impidan las innumerables distracciones sin sustancia que hoy reclaman nuestra atención.
 La quincena de septiembre es una mirada atenta a una vida llena de cosas maravillosas.