Mi viaje a los archipiélagos del Pacífico

El aventurero español Jorge Sánhez relata su recorrido por treinta islas del Pacífico. Comienza su viaje en Vladivostok, en Siberia, de ahí pasa a Japón, de Japón a la isla de Guam y en ésta comienza su viaje por Micronesia, Polinesia y Melanesia. A lo largo del viaje buscará las huellas de los navegantes españoles en el Pacífico.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1992
211
84-01-24058-1

Subtítulo: Tras las huellas de los descubridores españoles en 30 islas de los mares del Sur.

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Lo más fascinante de este libro es el propio autor. Se trata de un viajero al estilo de los antiguos exploradores: le mueve la curiosidad y no hay circunstancia que le haga afincarse en un lugar. Viaja sin dinero y sus compañeros son los mendigos y sin techo, los albergues gratuitos y los bancos del parque. Tiene facilidad para los idiomas y es capaz de entenderse con los nativos que le suministran información sobre su estilo de vida, creencias y tradiciones, restos arqueológicos, así como sobre el recuerdo de antiguos viajeros y navegantes. Cuando necesita dinero trabaja y cuando nó se recluye en las bibliotecas instruyéndose sobre los lugares que visita. No teme denunciar los abusos que llega a conocer y aún tiene tiempo para erigir un monumento en la isla de Nendo, archipiélago de Santa Cruz, al navegante español Alvaro de Mendaña, que falleció allí de malaria.

La primera conclusión que extraemos de la lectura del libro es que Oceanía también existe. Pequeños Estados y Federaciones de islas sometidos a la tutela de otros mayores. Estos pequeños Estados también tienen sus problemas derivados de la explotación de sus recursos por las multinacionales o el expansionismo de otros países del área, tales como Indonesia o Nueva Guinea Papúa. En algunas islas los misioneros estadounidenses han construído sociedades fundamentalistas en las que está prohibido fumar o tomar una cerveza. Otras, por el contrario, constituyen emporios de lujo -todo pagado- para los turistas japoneses. Mientras tanto los misioneros católicos -jesuítas, maristas o redentoristas- se ocupan de rescatar a la juventud a través de escuelas de formación profesional.

La segunda conclusión a la que llegamos es la excelente calidad como navegantes y descubridores de los antiguos españoles, que en un momento dado llegaron a considerar el Pacífico como un "mare nostrum". Un bocado demasiado grande para el viejo y desgastado Imperio.