En la frontera

Segundo volumen de la llamada Trilogía de la frontera, En la frontera nos remite a un tiempo inmediatamente anterior al de Todos los hermosos caballos, para centrarse en la historia de dos adolescentes, Billy y Boyd, de origen campesino, que en medio de un paisaje hostil y huraño irán descubriendo las duras reglas del mundo cruel de los adultos al tiempo que encontrarán en la naturaleza el sentido heroico de sus vidas. Desde una extraña relación de afecto y complicidad con una loba acosada por unos tramperos hasta el asesinato de sus padres a manos de unos cuatreros, el personaje de Billy, protagonista a su vez del último título de la trilogía, Ciudades de la llanura, se verá inmerso en un destino en el que la belleza y la rapiña moral se presentan como los límites inseparables de una misma aventura vital.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1999
407
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3
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3
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Imagen de Artemi

Novela de aprendizaje bellísima, salpicada a ratos de un raro lirismo, o de una extrema violencia, o de los diálogos tan característicos del autor. La prosa de McCarthy tiene algo de mágico y de subyugante, hechizo verbal que emociona y engancha sin entender uno muy bien porqué. Me gustaría destacar tres aspectos de la novela; en primer lugar, la extraordinaria poesía que contiene el primero de los tres viajes de Billy, el que realiza con la loba, con ese final tan hermoso y violento: en el campo de peleas de gallos Billy entra y todos callan. Se va, vuelve, realiza aquel disparo... Hacía tiempo que no leía unas páginas con tanta belleza, y por tanto, tan sencillas. En segundo lugar, ya en el segundo viaje, con Billy y Boyd juntos, la bondad de ambos, la bondad de aquella fraternidad, el aprendizaje del mundo, del dolor y del amor que no cae en los tópicos de tantas otras novelas iniciáticas. En el tercer viaje, de nuevo BIlly a solas (al principio, de vuelta con Boyd) las reflexiones que sobre la verdad se realizan son otra vez sencillas y por eso tan hondas. El corrido que canta al güerito es cierto, igual que la historia que cuenta el gitano, igual que la novela de McCarthy, tan verdadera, tan bella, tan buena... Hacía tiempo que no leía un ligro tan grande. Este misterioso americano ha sido, sin duda, la mayor felicidad literaria que me ha deparado este año.
¡Ah! Y el padre siempre presente... en Niño, el caballo.

Imagen de genaro

La frontera de esta novela de Cormac McCarthy –publicada en 1994- es la de Nuevo Méjico con la nación mejicana. Allí Billy y Boyd, dos adolescentes cuyos padres mueren asesinados, se entrenarán en el aprendizaje de la vida intentando comprender. El mayor, Billy, tomará la responsabilidad de dirigir el dúo. Tres veces cruza la frontera: una para devolver una loba herida a su territorio, otra con Boyd para recuperar los caballos robados a su familia, una tercera en busca de Boyd, perdido en Méjico con aires de leyenda. Los tres viajes conformarán la novela, situada en los años treinta, en la que se oye el trotar de los caballos las noches al raso con hogueras a medio apagar, frío y hambre. "Nosotros mismos somos nuestro propio viaje. Y por eso también somos el tiempo. Somos como el tiempo. Huidizos. Inescrutables. Despiadados". Las páginas van acumulando cansancio, requisito necesario para que los adolescentes crezcan. Los encuentros con personajes solitarios como ellos forman una escuela al aire libre con un programa de lecciones inolvidables, plural y enigmáticos la vez. Bajo la noche, las conversaciones se vuelven esenciales: Dios, la muerte, el destino, la inconsistencia de la realidad. La asignatura de la vida exige práctica para ser aprobada. Y casi siempre, junto a la crueldad existe la compasión, la hospitalidad de las mujeres mexicanas, la necesidad de contar la propia historia al viajero desconocido, aunque sea casi un niño. "Solo hay una vida que merezca la pena vivir y yo he nacido para vivirla", concluye Billy al final de estas cuatrocientas páginas. Cormac McCarthy ha construido una historia excepcional, que tiene el aroma de la mejor literatura sureña al conseguir que un microcosmos se convierta en paradigma de los avatares de la condición humana.