Diario de oración

 

Cuando leemos los cuentos cortos de Flanery O’Connor publicados por ediciones Encuentro o las dos grandes novelas que escribió, donde se narran con sencillez y gracejo la aburrida vida del pueblo americano de las pequeñas ciudades en la mitad del siglo XX, se descubre por las temáticas narradas o por los enfoques de los problemas suscitados la riqueza interior de la autora.

En efecto, la escritora católica estadunidense Flanery O’Connor (1925-1964), refleja en todas sus obras la raigambre de su fe y su preocupación por los temas éticos, morales y por las relaciones humanas, aparentemente vulgares, pero siempre dotadas de la dignidad y de la riqueza de la persona humana, en los pequeños pueblos en las que desarrolló su corta vida.

En primer lugar, hay que recordar que su fe y su riqueza interior fueron creciendo de las lecturas y de sus estudios y meditación de la Sagrada Escritura, de los padres de la Iglesia, de los grandes autores y escritores eclesiásticos y de la profundización habitual y constante de la autora de la doctrina de la Iglesia.

Asimismo, es capital para conocer el alma de Flanery O’Connor y poder captar la riqueza que encierran sus escritos el valor que ella daba a la identificación con Jesucristo a través de la dura enfermedad degenerativa, que como a su padre la condujo a su prematura muerte.

En esa misma línea de profundización en el interior del alma de la autora resultan de un gran interés la publicación por parte de Ediciones Encuentro de sus diarios de oración. En efecto, estos diarios de oración que se encontraron entre sus papeles después de la muerte, se editan ahora en una sencilla introducción, transcripción y, finalmente, en una simple reproducción fotoestática de esos textos al final del libro.

Nadie ha anotado esos textos, ni los coteja con nada, ni los enmarca. Son terreno virgen para que el lector pueda observar la letra, la caligrafía perfecta, serena y fuerte de esta mujer, el tema de cada carta, la fecha, la viveza de la oración. Me atrevería a aventurar que son esas anotaciones una oración viva, una prueba clara de la existencia de Dios y de cómo la fe en Dios y la habitual vida diaria de oración llevó a Flanery a una sencilla santidad y a ser una luz con su obra literaria para muchas personas que quedarán tocadas en su interior.

Ahora que nos preparamos en Madrid para la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri (1917-1975) una fiel del Opus Dei, química y mujer como Flanery, de la que conservamos también trazos de su oración, se descubre que la intimidad y confianza divina que trasmiten esos apuntes señalan la acción del Espíritu Santo en el alma de unas mujeres sencillas y corrientes que llegaron a la santidad amando en la oración.

José Carlos Martín de la Hoz

Flanery O’Connor, Diario de oración, ediciones Encuentro, Madrid 2018, 120 pp.