El sermón de la montaña

 

Desde que Jesús pronunciara, hace más de veinte siglos, el famoso sermón de la montaña y explicara a sus discípulos cuales debía ser las características de los verdaderos hijos de Dios, es decir, de aquellos que debían explicar con sus vidas que habían captado el nuevo modo de amar a Dios y a los demás, su comentario estará siempre presente en los grandes maestros de la espiritualidad.

Particularmente importante es el comentario de san Agustín, tantas veces recordado por los grandes maestros de la teología espiritual, pues expresa muy bien la llamada a santidad cristiana y, de hecho, convierte su comentario a ese sermón en una guía de la perfección cristiana.

Así pues, en la obra del exégeta luterano Joachim Jeremias, referida a la filiación divina, que deseamos comentar ahora, no podía faltar tampoco un detenido estudio de ese sermón, al que acompañará una síntesis de las grandes interpretaciones actuales del mismo (238).

Efectivamente, parece importante referirse a la edición de una colección de artículos del exégeta luterano Joachim Jeremias (1900-1979), que ha sido considerado como uno de los más importantes estudiosos de la exégesis de la Sagrada Escritura, en el mundo alemán, a lo largo del siglo XX.

Para nuestro autor es de una gran importancia cada una de las afirmaciones de Jesús, tanto que subraya con gran fuerza: “la buena nueva está en cada una de esas palabras. (…). Sabed pues, ahora, cual es el semblante de la vida cuando un hombre pertenece a ese siglo nuevo. Ved cómo son los rasgos de la filiación divina y cuál es el rostro de la fe cuando es vivida. Ved también como es la vida de quienes pertenecen a la era de la salvación, instaurada por Dios” (255).

Un poco más adelante, se detendrá a explicar cómo fueron recibidas por los apóstoles que le escuchaban atónitos: “Quero mostraros con unos cuantos ejemplos el semblante de la vida nueva. Y eso que os enseño yo en ellos, habréis de trasplantarlo efectivamente a todos los niveles del vivir. Vosotros mismos habréis de convertiros en signos del reino de Dios que viene; en señales de que algo ha sucedido” (257).

Como es sabido, en el siglo XVII se planteó en algunos ambientes que esa radicalidad de la santidad contendida en las bienaventuranzas quizás no era para todos, y, de hecho, en las instituciones morales de Azor, el gran manual de la teología moral en adelante no contiene referencias a las bienaventuranzas, como si las reservara para los religiosos o almas dedicadas a la santidad.

Para concluir, parece importante comprobar cómo Jeremias ante el dilema de la radicalidad de la llamada de Jesús y la constatación de la debilidad del hombre, reacciona recordando las palabras del Maestro: “No se puede ocultar una ciudad que está edificada sobre un monte” (Mt 5,14).

José Carlos Martín de la Hoz

Joachim Jeremias, Abba. El mensaje central del Nuevo Testamento, ediciones Sígueme, Salamanca 2018, 350 pp.