La moral y la política

 

Ignacio Sánchez Cuenca profesor de pensamiento político de la Universidad Carlos III y autor de numerosos ensayos de sociología y de política, como su famoso trabajo, “Elogio de la desfachatez”, plantea en esta ocasión un asunto tan directo como la afirmación de la superioridad moral de la izquierda sobre la derecha. Es interesante que para el Prólogo haya acudido a uno de los fundadores del partido político Podemos Iñigo Errejón, quien con sus palabras avala no solo la supuesta superioridad moral sino también la obsoleta división entre derecha e izquierda.

En realidad, aunque es honrado leer todo el libro, al lector se le puede ahorrar la tarea proponiéndole este párrafo donde se contiene la esencia de la argumentación de nuestro autor y del que lo ha prologado: “Según las tesis que defiendo, las ideas de izquierdas son superiores a las de derechas precisamente porque beben de principios morales más potentes. No quiero sonar excesivamente provocador, pero voy a defender que el comunismo no es sino la proyección política, llevada al límite, de la intuición moral que late en el imperativo categórico kantiano. El comunismo puede entenderse, efectivamente, como el reino político de los fines. La izquierda se caracteriza por ofrecer una concepción de la política basada en el perfeccionamiento moral, es decir, en la realización de la justicia hasta sus últimas consecuencias. La izquierda busca eliminar toda forma de opresión, explotación e injusticia, de manera que todas las personas tengan los medios materiales y sociales para desarrollar sus capacidades, autorrealizarse y vivir en libertad. Es un ideal imbatible, se mire como se mire” (2-3).

Desde  las primeras páginas, la lectura del libro me ha recordado el hecho histórico tan significativo  del recuento de votos en las elecciones democráticas de España en 1933, durante la segunda república española,  cuando después de dos años de desvaríos y de injusticias en nombre de la aritmética, efectivamente, la mayoría silenciosa del país que se había agrupado en torno a la CEDA, derrotaron y arrebataron  la mayoría parlamentaria a la llamada izquierda (que en realidad era una mezcla muy variada y peleada entre sí) que entonces estalló en un profundo desconcierto: para ellos la Segunda República era patrimonio de la izquierda.

Ahora sucede algo parecido, pues cuando el autor analiza el panorama actual, entonces no se pregunta por qué sucede lo que sucede, sino cómo puede explicar mejor a Kant para que se descubra que la justicia es superior al orden (62). En definitiva, esto es lo que quiere decir el autor con la autoridad moral: “el esquema de mi argumentación es muy sencillo: en cuestiones de moralidad no cabe el relativismo, hay ciertos principios que son superiores a otros” (2). De hecho, en este libro Sánchez Cuenca no ha logrado definir de un modo identificable a la derecha o el conservadurismo actual, ni tampoco a la izquierda real. Tampoco ha logrado fundamentar de un modo creíble, la afirmación de que la izquierda busca la justicia y la derecha el orden. Desde luego debería profundizar en “La paradoja fascinante” (77). Así pues, cuando el autor llega al final del libro y en su último capítulo del libro o epílogo, narra el sucesivo descenso desde 1980 de la llamada socialdemocracia, tampoco tiene más explicación que la afirmación de que la izquierda domina menos la economía actual (91).

José Carlos Martin de la Hoz

Ignacio Sánchez Cuenca, La superioridad moral de la izquierda, ed. Lengua de Trapo, Madrid 2018, 114 pp.