Los nuevos cambios

 

Uno de los géneros teológicos más interesantes en la historia de la teología del siglo XVI son los tratados de cambios o de mercado, destinados a formar las conciencias en particular, pues en ese tiempo y a gran velocidad se estaban produciendo cambios importantes en los planteamientos éticos y morales de la economía.

Evidentemente, los problemas seguían siendo los mismos: la importancia de no servir a dos señores: a Dios y al dinero, pues como recordaba el mismo Señor en el Nuevo Testamento: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un hombre entre en el reino de los cielos” (Mc 10,25).

Es interesante que en los tratados que editó el profesor Teodoro López de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, sobre Moral económica lo que se busque sea aportar fuentes desde las que abordar el estudio de los problemas de la ética desde la honradez, la libertad y el desprendimiento y la rectitud de intención.

En efecto el autor transcribe, traduce del latín y realiza la compulsación de las citas y fuentes que sustentan los Comentarios a la Suma Teológica de Santo Tomás, II-II, q.78, de dos profesores de Salamanca, justamente donde el Aquinate aborda la usura los préstamos y tratados de cambios.

Evidentemente, que dos catedráticos de Prima de la Facultad de Teología de Salamanca siguiendo la estela de Vitoria y Domingo de Soto, vuelvan a los textos del Doctor Angélico es significativo de la unidad de doctrina de la renovada teología salmantina. Los maestros Mancio del Corpus Christi, dominico (1506-1576) y Bartolomé de Medina (1528-1580) OP, que se sucedieron en la catedra de prima de Salamanca, ambos entran en continuidad de doctrina a la cuestión.

En primer lugar, nos recuerda el profesor López que con estos comentarios buscaban “formar las conciencias cristianas de los agentes de la actividad económica sobre qué prácticas comerciales son justas y cuales injustas“ (12). Es decir, se trataba de evitar la usura mediante las soluciones y casos llenos de flexibilidad que presentaba Santo Tomás (13). De hecho, para Mancio del Corpus Christi: “la cuestión estriba en si un dinero invertido en un negocio, vale más que lo no invertido” (36).

Enseguida, nos dirá Bartolomé de Medina que “la licitud del arte cambiario estriba en que es necesario para la República: para cambiar las monedas y para transportarlas de un lugar a otro” (43). Es decir, eran las nuevas condiciones de una economía globalizada por la continuidad del imperio.

Es más, Bartolomé de Medina se esfuerza por “destacar la utilidad, más aun, la necesidad de mercaderes y cambistas en la república (…) y los mercaderes no pueden ejercer el comercio sin cambios “ (45).  Eso sí, para vender el dinero a otro hay que justificarlo, pues lo contrario sería caer en la usura (47).

José Carlos Martín de la Hoz

Teodoro López, Mancio y Bartolomé de Medina, Tratado sobre la usura y los cambios, ediciones eunsa, Pamplona 1998, 188 pp.