Príncipe de la paz

 

En los últimos años se ha desencadenado un violento ataque contra la Iglesia Católica, tanto por parte de algunos autores norteamericanos como franceses, acerca de una cuestión novedosa por el enfoque, aunque muy antigua por la temática. Me refiero a la violencia y el hecho religioso, pues algunos autores aseguran que la creencia en una persona sagrada, en un dogma o en un libro sagrado necesariamente terminaría en el recurso a la violencia.

De ese modo, algunos autores de new age, parecen sostener que sólo habrá paz y verdadera tolerancia cuando desaparezcan los líderes religiosos, los libros sagrados y los dogmas. El ejemplo lo toman de la violencia de algunos islamistas violentos como si fuera característica común a toda religión.

Precisamente, en estos días he tenido la oportunidad de leer despacio los Adagia clásicos recopilados en el siglo XVI por Erasmo de Rotterdam (1649-1536) y en concreto uno en donde el maestro de los humanistas rechaza con toda contundencia que el cristianismo permita la violencia y la guerra. Precisamente el profesor Miguel Ángel Granada, los ha editados y presentado magníficamente en Tecnos, donde se puede seguir el texto con sumo cuidado y atención.

Comienza Erasmo recordando el bello título con que es adornado Cristo, como “Príncipe de la paz” es decir, como plenitud de la Revelación, pues basta leer con detenidamente las páginas del Nuevo Testamento para concluir que Cristo ha venido a traer la paz al alma, a las conciencias, entre los pueblos y a imponer como mandamiento nuevo el amor y la misericordia (147).

Es interesante que Erasmo recuerde el texto de san Pablo donde el apóstol se “indigna de que haya algún pleito entre cristianos, de manera que se deba ir al juez para que dirima la disputa” (148). Enseguida resaltará que el cristianismo es una religión de paz y por tanto talmente contradictorio con la guerra (154).

De hecho, Jesús proclama el único mandamiento de la caridad y Erasmo añade enseguida: “Cristo saluda a los suyos con el feliz augurio de la paz, nada da a los discípulos excepto la paz, nada les deja más que la paz” (157).

También afirmaba Erasmo: “A los judíos les estaba permitida la guerra, pero también el divorcio y en ambos casos por la dureza de su carácter. Ahora bien, después de que Cristo ordenó envainar la espada ya no está permitido a los cristianos combatir” (173). Y añade: “No me impresiona lo más mínimo la interpretación que aducen algunos de que las dos espadas representan los dos poderes, el civil y el eclesiástico y que ambos corresponden a los sucesores de Pedro” (174).  Así mismo recuerda que Cristo nos dijo: “haced el bien a quienes os odian” (Mt 6,34). Además, añade: “hay innumerables pasajes en las obras de los Padres de la Iglesia y de escritores de acreditada santidad que rechazan la guerra” (179).

José Carlos Martín de la Hoz

Erasmo de Rotterdam, Escritos de crítica religiosa y política, edición traducción y notas de Miguel Ángel Granada, ed. Tecnos, Madrid 2008, 201 pp.