Realismo eucarístico

 

El profesor Emmanuel Falque del Instituto Teológico de París, ha tenido el acierto de agrupar y reunir parte de sus investigaciones filosóficas y culturales en torno a los diversos conceptos de cuerpo, alma, animalidad, racionalidad y, en general, a todos los que atañen a lo que podríamos denominar realismo eucarístico, de modo que, posteriormente, esas luces y aportaciones, las ha puesto al servicio de la Teología.

En realidad, es antiguo este modo de razonar, pues por una parte es vivir a la letra el principio de que la filosofía es ancilla theologiae. Pero, además, es muy coherente con el modo de ser cristiano, el buscar la racionalidad de la fe, la coherencia del misterio cristiano con la vida creada por Dios, el mismo autor.

Al adoptar este punto de vista filosófico, el profesor Falque está resaltando, entre otras cosas, que “el dogma eucarístico no es únicamente creíble en el sentido de objeto de fe, sino que también es ‘digno de crédito’ con una racionalidad universalizable, y por eso la obra desarrollada aquí conserva la pretensión de dirigirse a todos”. Y, un poco más adelante, señala “La cuestión no puede resolverse tan fácilmente, pero quizá es al menos la ambición filosófica de nuestro ensayo el querer contribuir, y hasta responder a ello” (82).

El desarrollo de este extenso trabajo aporta luces de un gran interés, pues muchos de los conceptos filosóficos cuando, posteriormente, entran en conjunción con el dato escriturístico o patrístico, son iluminados e iluminadores para la teología sacramentaria o la teología espiritual. Por ejemplo, resulta de un gran interés la comparación de la cena pascual, cuando Jesús afirma “esto es mi cuerpo” y está con realismo afirmando “esto es mi cuerpo”, mientras que el cordero pascual de la cena pascual que comían aquel día los judíos estaba recordando la huida de Egipto. En conclusión, Jesús está anticipando sacramentalmente el sacrificio de la cruz, pero primero “ha ocupado el lugar del cordero inmolado y también se ha dado a comer, igual que se come y se comparte ‘el cordero pascual’ dentro del judaísmo” (69).

Páginas después, reconocerá que hace falta varios grados de discernimiento. Por una parte, aunque todos los cristianos están invitados a la mesa eucarística, “fuera de cualquier grado de racionalidad, exigirá sin embargo de él un discernimiento en la fe, e incluso una creencia que lo aleje definitivamente del hombre que ignora lo que come” (97). Pero, a un nivel espiritual y de coherencia con la fe, señalará con san Pablo: “Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y de beber esta copa, pues el que come y bebe sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,28).  Enseguida, se detiene nuestro autor a considerar la escena de Cafarnaúm, cuando muchos de sus discípulos dejaron de seguirle, pues no entendían lo que les decía (Io 6,56). Es más, lo que afirmará en la última cena: “esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”. “todavía tenemos también que atrevernos a entrar en él mediante nuestra inteligencia, sin renegar, en un puro fideísmo, de lo que ocurre con nuestra pura y simple humanidad” (100).

José Carlos Martín de la Hoz

Emmanuel Falque, Las bodas del cordero. Ensayo filosófico sobre el cuerpo y la Eucaristía, ed. Sígueme, Salamanca 20108, 262 pp.