Relaciones fe y ciencia

 

Una de las lecciones más interesantes y novedosas del nuevo libro del profesor y Académico matemático Marcus du Sautoy (Londres 1965), estriba precisamente en la manera bastante serena y humilde con la que plantea la relación entre fe y ciencia.

Por una parte, mantiene lógicamente nuestro autor, los diversos campos de cada una, con sus respectivos métodos y objetivos, sobre todo en relación al estudio del mundo creado: “Esencialmente, la ciencia plantea una sola pregunta sobre cómo funcionan las cosas: ¿qué proceso rige el mundo? Y deja deliberadamente de lado, por su propia naturaleza, cuestiones sobre el significado de las cosas, su valor y su propósito” (222).

Pero a la vez, y aquí radica la novedad fundamental, adopta un tono de confianza y de cordialidad para establecer relaciones positivas entre ambas, puesto que reconoce que “la ciencia y la teología se dedican a la búsqueda de la verdad” (221).

En este sentido de las relaciones fe y ciencia, vale la pena detenerse, en algunos de los pasajes más significativos del libro, como, por ejemplo, cuando aborda el principio de incertidumbre de Heisenberg para hablar de la creación “ex nihilo”, de la nada, y comenta: “parece crear una incógnita o un hueco a través del cual Dios puede colarse, es posible también que llene otra brecha que para muchos constituye la chispa de la creencia en un Creador. Una de las grandes incógnitas es ésta: ¿por qué existe algo en vez de nada?” (227).

Enseguida, señala que algunos científicos terminan por vaciar el concepto tradicional de Dios convirtiéndole en la respuesta a la pregunta ¿de dónde viene todo esto? Y a continuación se dedican afanosamente a investigar cómo funciona el universo. Eso sí, lo hacen pensando que Dios no interviene en ese mundo una vez creado; esto es lo que desde Voltaire se ha llamado deísmo.

Enseguida, señalará a aquellos otros científicos para quienes Dios es “algo desconocido y que trasciende nuestros intentos de llegar a conocerlo (…). Un Dios demasiado trascendente pierde su fuerza y se desdibuja” (228).

Lógicamente, en este trabajo se admite la posibilidad de la existencia de un Dios personal, puesto que alguien puede haber creado de la nada y haberle dado a esa creación las leyes pertinentes con las que gobernarlo providentemente y que puede entrar en relación con el hombre, con cada hombre, pero ya estaremos en el límite donde empieza su tarea la teología. De ahí que la pregunta de Feuerbach sobre quien creó al creador, para los teístas es clara (229). Para los ateos, como Hawking, todavía no han logrado explicar cómo se creó la nada o el espacio vacío (231).

José Carlos Martín de la Hoz

Marcus du Sautoy, Lo que no podemos saber. Exploraciones en la frontera del conocimiento, Ed. Acantilado, Barcelona 2018, 570 pp.