Al envejecer, los hombres lloran

El 9 de julio de 1961 es un gran día para la familia Chassaing y los habitantes del pequeño pueblo en el que viven: hoy llegará el primer televisor al lugar, y el novedoso aparato les traerá las imágenes del hijo mayor, Henri, destinado a la guerra de Argelia. Todo el mundo está invitado al gran acontecimiento que marcará las vidas de estos recién nacidos telespectadores.

Durante el día en el que transcurre la novela, el lector se enfrenta a la muerte, el adulterio, la mentira, y a una revelación en la que la Historia en mayúscula se mezcla con la historia de una familia que ya no volverá a ser la misma.

Ésta es una novela de una era que termina con la irrupción de la tecnología en el mundo cotidiano y la llegada de la sociedad de consumo, una reflexión acerca de la modernidad que arroja luz sobre la convulsa década de los sesenta. Ha recibido el Premio RTL-Lire, que conceden los lectores y libreros franceses.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2013
236
9788432220340
Valoración CDL
2
Valoración Socios
2
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Imagen de Azafrán

En esta novela el autor sostiene que el hombre que va a la guerra muere psicológicamente no sólo a causa del horror y el miedo. También sufre el deshonor de la derrota y sobre todo, la mentira política.

Personajes y contexto histórico

Albert Chassaing, obrero de la Michelín en Clermont, regresó de la segunda guerra mundial.

Tras la masacre de la guerra de las trincheras, la primera de las mundiales, en las que murieron miles de jóvenes europeos, Francia decidió construir una línea defensiva por el este, la llamada Línea Maginot, que fue una defensa en el subsuelo con cuarteles ocultos bajo tierra y extensísimas galerías que unían los fuertes, los almacenes, los cuarteles, etc, por medio de una línea de trenes. Incluso tenían sus propios generadores de electricidad, sus instalaciones hospitalarias, etc.

La Línea Maginot iba desde el Mediterráneo hasta las regiones de Alsacia y Lorena, frontera ya con Bélgica. Y no siguió más allá porque los belgas optaron por la neutralidad como arma disuasoria. Los alemanes decidieron que la Línea Maginot era más disuasoria que la neutralidad de Bélgica e invadieron sin miramientos ese pequeño país.

Más tarde juzgaron oportuno enfrentarse a Francia por el este y entonces se vio la eficacia de la Línea Maginot: “22.000 soldados franceses vencieron a 240.000 alemanes en Alsacia y Lorena; otros 85.000 soldados franceses alpinos, desde3 sus setas de hormigón armado, detuvieron la marcha de 650.000 alemanes e italianos. Ni un solo enemigo cruzó la Línea Maginot mientras los soldados permanecieron en sus puestos. Y cuando el armisticio entró en vigor el 25 de junio, los soldados no capitularon y continuaron batiéndose como perros o como dioses. Quisieron vencer aquí, cuando en las demás partes todo estaba perdido, únicamente por el honor de sus padres…” Página 233

“Pero ellos, los soldados de la Línea Maginot, no capitularon ante el poderío alemán. Su rendición fue exigida por el Alto Mando francés. Los soldados de la Línea Maginot fueron los primeros en ser entregados a los alemanes por las autoridades francesas, dejando así entrar triunfalmente al Ejército alemán. Como el cuchillo en la mantequilla…

Ninguno de ellos denunció la injusticia, ni expresó su tristeza, ni su cólera, y menos aún su orgullo. Cada uno sabía que debería llevar el peso desorbitado de la mentira y de la vergüenza…” Página 234

“Creo que murieron allí, en la llanura de Schoennebourg, si no, ¿cómo explicar que se mataran y se llevaran a sus tumbas, con los dientes bien apretados, esa verdad que los oprimía? Porque, más allá de la humillación que habían sufrido, aquella rendición fue como un tiro de gracia,… como si les hubiera entrado, a cada uno, una bala en el corazón.” Págs. 235 y 236

Albert, después de ser prisionero durante unos años, regresa a su hogar y contrae matrimonio con Suzanne con quien tiene dos hijos. El mayor de ellos, Henri, está, en el momento presente que se nos cuenta en la novela, en la guerra de Argelia (1954-1962). El segundo, Gilles, un preadolescente, disfruta de la lectura de Eugénie Grandet de Honoré Balzac.

De la novela de Balzac, Gilles se identifica con el primo de la protagonista, Eugénie Grandet, Charles, que acaba de perder a su padre. El padre comete suicidio tras haber perdido toda su fortuna y deja a su hijo Charlee, un joven ya maduro, a cargo del padre de Eugénie, el señor Grandet.

Charles llora el suicidio de su padre al comienzo de la novela de Balzac y Gilles descubre que los hombres también lloran.

Gilles aparece en el relato de Jean-Luc Seigle como un convidado de piedra: el sigue leyendo y comparando lo que sucede a su familia con la historia de Balzac.

Suzanne, la esposa de Albert, lleva diez años cuidando su asea personal con la esperanza de atraer a su marido que parece muerto para las relaciones de pareja. Así que cuando el cartero, un joven apuesto y fuerte, le insinúa que le gusta, el terreno está allanado por la indiferencia de Albert y se consuma el adulterio.

En la relación entre Albert y Suzanne existe otro fantasma que la esposa desconoce: la relación previa entre Albert y su hermana Madaleine, mucho más pequeña que él y a quien él tuvo que criar y alimentar. Y que incluso para el resto de los habitantes del pequeño Assys también parecía complicada y especial.

Resumen

Como resumen podríamos añadir que Jean-Luc Seigle nos presenta a un personaje, Albert, que parece haber muerto durante la segunda guerra mundial porque padece un terrible sufrimiento derivado de su pasado y de su presente. Incluso a su sufrimiento sin esperanza se añade el hecho de que su muerte podría traer de vuelta a casa a su hijo Henri, al desaparecer el cabeza de familia, lo que le salvaría de una muerte bastante probable y Suzanne volvería a sentir la felicidad.

Por todo ello, Jean-Luc Seigle justifica el suicidio de Albert. El relativismo que sustenta toda la historia podría arrastrar el lector de esta novela.