El club de los optimistas incorregibles

La acción transcurre en París, en los años sesenta. Michel, estudiante de bachillerato, descubre una tertulia de refugiados de Europa del este. Comunistas y anticomunistas víctimas de Stalin se reúnen allí para jugar al ajedrez. El Club de los optimistas supone un refugio para los problemas juveniles de Michel.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2010 RBA Libros
647
978-84-9867-828
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“El Club de los optimistas incorregibles” debería titularse, como es en realidad “El club de los idealistas…”. Para Guenassia, optimistas fueron aquellos que creyeron que el mundo podía ser cambiado y el último de ellos sería el Premio Nobel de Literatura Jean-Paul Sartre. La novela comienza precisamente con el entierro de Sartre. ¿Cómo pretendían éstos cambiar el mundo? A través de la ideología comunista. Hoy nos puede sorprender que alguien haya creído en el comunismo como una ideología liberadora, pero no debería sorprendernos. El comunismo es una praxis y la ideología subyacente es el socialismo: materialismo, autoritarismo y lucha de clases. Esta ideología se encuentra todavía en vigor y se supone que cuenta con una carga ética que la hace superior a las demás doctrinas políticas. Los exiliados de la Europa del este fueron la prueba viviente de que el comunismo era lo contrario de la ética: una sociedad sin seguridad ni libertades. Un autoritarismo que se justifica a sí mismo por el odio a los enemigos ideológicos y de clase.

Para el autor “El club de los optimistas…” quiere ser la novela de una generación y lo es realmente. Una generación desengañada, añadiría yo, en la que los vínculos familiares se deshacen y las clases sociales ya no existen superadas por el Estado del bienestar. Sólo quedan fuera los marginales, entre ellos los exiliados. Es también la novela de nuestros días y de nuestra sociedad: materialista, pragmática, en la que los marginales, inadaptados y refugiados ocupan cada vez más espacio.

No estaríamos ante una novela francesa si no hubiera un lugar para la belleza; belleza en la literatura, el cine, la música, la poesía o el amor juvenil. A pesar de su extensión la novela se lee bien. El hecho de que su protagonista sea un joven, casi un niño, le da un tono general de sencillez; los saltos en el tiempo alivian la pesadez que supondría un relato lineal y sus personajes respiran autenticidad. Una buena novela, no optimista precisamente.