El primer hombre

Se trata de la obra en la que trabajaba Camus en el momento de su muerte. El manuscrito fue hallado en su cartera el 4 de enero de 1960. Cumplía entonces 47 años, y hacía tres que había recibido el Premio Nobel de Literatura por obras como El mito de Sísifo, Calígula, La peste, El extranjero... Ha dormido, pues, más de treinta años en manos de sus herederos. Ahora sale a la luz por haberse disipado –dicen– la antigua polémica política con Sartre, por haberse cumplido –dicen– la profecía de Camus sobre la caída del comunismo... Diría yo que importan poco estas consideraciones ante la obra en sí misma.
Se trata de un manuscrito a vuelapluma, sin puntuar a veces, no corregido, con palabras difíciles de descifrar y otras no descifradas... Advertencias en los márgenes, y unas cuarenta páginas de apéndices: hojas sueltas, notas y proyectos del autor, algo así como pequeños guiones o recordatorios de lo que va a escribir, para no olvidarse. Y dos cartas, una breve del propio Camus a un profesor suyo de enseñanza media en Argelia, y otra larga de éste a Camus, un poco necia ideológicamente a decir verdad.
Me he extendido en todas estas explicaciones para que quede más matizado o explicado el juicio que me merece El primer hombre, tratándose del autor de una novela inmortal como es El extranjero. Le han publicado un borrador autobiográfico, que apenas tiene –tal como está– interés, a no ser para un estudioso o biógrafo, quizá. No está aún cocida su escritura, sino muy cruda. Cada autor tiene un proceso creativo, y esta primera mano de esta última novela antes de tiempo (según expresión de Rosa Chacel) se queda en informe. Es un informe plano y neutro de lo que Camus quiso hacer y la muerte se lo impidió. Algún pasaje apunta cierto relieve, como el retrato de su joven tío... Poco más.
 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1994
299
2009
299
2019
239
978-84-9066-658
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Imagen de Pablo de Bergia

Novela póstuma y autobiográfica de Albert Camus en la que describiendo su interesante y dramática infancia y juventud, el autor se luce con una narración prodigiosa que transporta al lector a un entorno de matices, colores y sensaciones de gran intensidad. Libro muy recomendable con el aliciente además, por no haber sido perfeccionado y corregido por el autor, de mostrar al lector curiosidades y parte de la técnica utilizada por el autor para su creación

Imagen de JavierCanals

¿Qué sentido tiene publicar un manuscrito incompleto y en parte incomprensible de un escritor consagrado como Albert Camus? ¿Y qué sentido tiene publicarlo más de 30 años después de la muerte de su autor? Los herederos del genial escritor francés, que murió solo 3 años después de recibir el premio Nobel, aluden a la polémica existente en su tiempo acerca de la relación de Camus con Sartre. Como es sabido, Camus se distanció públicamente del existencialismo y de la doctrina socialista. Pero, después de leer el libro y los apéndices, no logro comprender este argumento.
La novela consta de una sección claramente autobiográfica, en la que Camus se presenta como Jacques Cormery, y un buen número de hojas con apuntes, esbozos de diálogos, simples palabras que debían ayudar al autor a completar capítulos o escenas, y dos cartas, que Camus intercambió con su profesor de enseñanza primaria en Argel. La descripción se centra en tres momentos: el nacimiento del joven Jacques en un viñedo cercano a Mondovi, los años de infancia en un suburbio de Argel con su hermano, su madre, su abuela y un hermano de su madre, y un viaje que el protagonista hace al Marne para visitar la tumba de su padre y a continuación a Argel, en los explosivos años 50, para narrar a su madre cómo es la tumba de un hombre que la dejó viuda y con dos hijos en un lugar inhóspito y en la miseria.
La narración lineal está salpicada de ideas y reflexiones sobre el sentido de la vida, sobre la pobreza, sobre la guerra, sobre la pena de muerte, sobre la patria (“Mi padre nunca había visto Francia. La vio y lo mataron.”). La figura de su madre, inculta, trabajadora, resignada a una vida miserable sin plantearse alternativas, ocupa el lugar central en las reflexiones del Cormery adulto.
Tengo que decir que he disfrutado de la lectura. No tanto por lo que sucede, pues es poco, y ya conocía la vida de Camus, sino por el modo de exponer las observaciones de un niño de 13 años, que no duda en afrontar una pelea en el “campo del honor” por no dejar sin castigo el insulto de llamarlo enchufado, y que no se atreve a mentir a un extraño para conseguir un trabajo durante las vacaciones. También los apuntes desordenados de las notas adicionales reflejan la genialidad del escritor francés, pied-noir de tercera generación, que conservó siempre en su interior vivencias asombrosamente nítidas en el particular clima colonial de Argelia. Estas notas recogen reflexiones como la siguiente: “Empezar la última parte con esta imagen: el asno ciego que pacientemente, durante años, da vueltas en la noria, soportando los golpes, la naturaleza feroz, el sol, las moscas, siempre soportando, y de esa lenta marcha en círculo, aparentemente estéril, monótona, dolorosa, el agua brota infatigablemente.” Muy recomendable como complemento a las demás obras de Camus.

Imagen de ross

Tras la concesión del Nobel y algunas críticas recibidas, Camus se retira para escribir una novela en la que pone todas sus esperanzas. Pero muere en accidente. De los restos del automóvil se rescata el manuscrito inacabado de El primer hombre, que no se publicará hasta 1994. Narra la vida de Jacques, hijo de emigrantes franceses en Argelia, y a través de él rememora la historia de los primeros colonos que llegan a África soñando "con la tierra prometida". Sus hijos y nietos se encontrarán, al cabo de los años, "sin pasado, sin moral, sin lección, sin religión", sumidos muchos de ellos en una pobreza vergonzante. Jacques pierde a su padre en la batalla del Marne nada más nacer y, cuarenta años después, se sentirá empujado a saber algo más de su progenitor, de quien casi nadie se acuerda. Visita su tumba en el cementerio de los caídos en la I Guerra Mundial, "sembrado de niños que habían sido los padres de hombres encanecidos que creían estar vivos en ese momento" y se estremece pensando que el cadáver es más joven que él. Como único recuerdo de su padre figura la esquirla del obús que lo mató. Acude a su madre, pero "la memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos" y se gasta con la pena y el trabajo. Visita a su antiguo maestro, que ejerció de padre sustituto, indaga también entre los nuevos propietarios de la hacienda en la que nació. La memoria de su padre continúa sumida en el misterio y el olvido, y él también se siente como "el primer hombre", una "pura pasión de vivir enfrentada con la muerte total". Aunque incompleta, esta novela resume bien las preocupaciones de un Camus siempre en busca de sentido.

Imagen de cdl

Un hombre busca en sí mismo las huellas, los personajes, las circunstancias y los ambientes que moldearon lo que es. Jacques Conmery, que de niño creció entre la silenciosa y pasiva presencia de su madre, la represiva y autoritaria vigilancia de la abuela, la inútil presencia del tío, y la patente y traumática ausencia del padre, se convirtió con el paso de los años, cuando la miseria subió el puente levadizo, en un hombre que llega al cementerio donde está enterrado su padre para darse cuenta -mientras mira la lápida con fecha del año '14 - que ese hombre, al que nunca conoció y del que nunca escuchó hablar, estuvo siempre más cercano, más íntimamente ligado al anhelo de vivir, de sacudirse el caos, de ser lo que a cuarenta años Jacques Conmery es: un hombre nacido en Argelia, con un pasado para olvidar y un presente entregado a la oscuridad de sí mismo. Violentado, Jacques Conmery está escindido por el kantiano problema del ser y el deber ser: él es un niño, y la pobreza -económica, emocional- le ha hecho un prematuro adulto.

Sin embargo, y pese a lo adverso, Jacques mantiene irrestricto el deseo, aquel fuego vital que le devora y le mantiene la fe en el futuro a través de la inquietud intelectual, la avidez de la lectura y el regocijo del espacio lleno de sol y de mar embriagador : "Oh, sí, era así, la vida de aquel niño había sido así, unida por la pura necesidad, en medio de una familia inválida e ignorante, con su sangre joven y fragorosa, un apetito de vida devorador, una inteligencia arisca y ávida, y siempre un delirio jubiloso cortado..."(234).

Novela póstuma, El Primer Hombre se instala dentro de la producción de Albert Camus como una novela en la que se integran los leitmotif que cruzan todo el corpus literario del autor francés, reuniéndose aquí, en una lúcida mirada al pasado personal.

Considerada por la crítica como una autobiografía novelada, en la que Camus se personifica de niño en Jacques Conmery, dicha clasificación es, digámoslo claramente, una lectura atrofiada y limitante considerando que el texto se organiza como una novela - aunque inacabada- y que los personajes están configurados de manera tal que son autovalentes y autosuficientes dentro de la ficción; la obra no se abre desde una lectura biográfica, sino desde la autonomía del mundo presentado.

Con la genialidad que le caracteriza, Camus narra desde la tercera persona, un Jaques Conmery adulto, que en un ininterrumpido delirio de nostalgia, recuerda su infancia, sus orígenes, pero fundamentalmente, la búsqueda que ha hecho gran parte de su vida: encontrar a su padre no en la exterioridad, sino en su fuero interno. Nada extraño resulta entonces que la primera -y más extensa- parte de la novela lleve como título "Búsqueda del Padre".

Por otro lado, es importante señalar que si bien no debemos seducirnos en identificar autor y personaje, no es menos cierto también que en apéndice y notas , el epílogo a la edición española y francesa, existen evidencias inequívocas del objetivo que Albert Camus tenía con este trabajo: "En resumen, voy a hablar de aquellos a los que quise. Y solo de eso. Alegría profunda"(pag. 238) .

De esta manera entonces, El Primer Hombre se articula como una novela autónoma en la que Albert Camus deja fluir sus recuerdos, su nostalgia, la interpretación artística de un momento determinado de su historia personal. Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1957 por "su importante producción literaria, que ilumina con clarividente seriedad los problemas de la conciencia humana", las obras de Camus - y El Primer Hombre no es una excepción- destacan por presentar un trasfondo filosófico; en ellas se conjugan filosofía y novela, otorgándole al ejercicio literario un estatus superior, pues en sus propias palabras :"...la obra [literaria] es el remate de una filosofía a menudo informulada, su ilustración y su coronamiento". Libertad, inocencia, dignidad y muerte - con su contínua presencia acechante- son algunos de los leitmotiv que cruzan obras como El Extranjero (1943), La Peste (1947), El Mito de Sísifo (1943), Estado de Sitio (1944) y Los justos (1949), entre otras. Camus no es un autor light, él pertenece a un período de la historia europea en el que la literatura se ve enfrentada a la necesidad de reflejar -con seriedad y perspectiva- situaciones como la entreguerra y la segunda Guerra Mundial. En este contexto político-social, Camus, llegado de Argelia, se convierte primeramente en un polémico periodista combativo del diario París-Soir, para luego dedicarse de lleno a la literatura, poniendo en relieve en cada uno de sus textos la dimensión filosófica a través de la representación de acciones, dilemas y problemas de conciencia humana.

El escritor francés presenta personajes tomados en un estado de excepción o que enfrentados a él, ejercen su libertad como rebelión frente al mundo; conciencias en continuo estado de sitio, de urgencia, en angustiosa lucidez.

Polémica resulto en su momento la visión filosófica de Camus pues, concomitante al existencialismo sartreano, el escritor nacido en Argelia niega la relación entre cualquier divinidad y la existencia humana; su concepción metafísica no está en contra de Cristo ni de los cristianos, sino que niega la visión de la creación como la creación de un mundo sin sentido. Así, para los personajes de Camus - y por extensión a todos los hombres - la vida implica la necesidad de decidir entre asumir la felicidad y el absurdo como dos aspectos divergentes, o asumirlos como el anverso/reverso de la realidad en la que se ven insertos y en la que deben tomar conciencia del sin sentido y de la presencia del mal; siendo, finalmente, dicha asunción la forma única de felicidad: Sísifo carga la piedra consciente de la inutilidad de su acto, pero a la vez, de la redención implícita.

De la misma forma, Jacques Conmery es consciente de la pobreza vivida y de la ausencia paterna, decidiendo en la adultez, buscar en sí mismo al primer hombre: su padre. Sin embargo, en esa búsqueda está implícito el reconocerse, el constituirse tal cual es: un hombre de cuarenta años que se ha hecho independiente y adulto a través de la asunción de la carencia paterna, instaurándose en ese proceso, como el verdadero primer hombre, que, a través de la lúcida conciencia del ser puede contemplar su pasado y soñar su futura vida : "Habría que vivir como espectador de la propia vida. Para añadirle el sueño que le diera conclusión. Pero uno vive, y los otros sueñan tu vida"(pag.280).

Utilizando el recurso temporal del flash back, Albert Camus plasma las vivencias familiares y sociales de su infancia marcadas por la violencia tanto al interior de su familia, como en la convivencia social entre argelinos y franceses. En ese espejo personal que es toda obra de arte, el autor evoca conscientemente su pasado, dando cuerpo y peso a Conmery.

El personaje va desenredándose la vida, haciéndose responsable de los lazos para terminar proyectándose hacia la vejez y la muerte gracias al amor y a ese fragor vital que le ha hecho empujar la piedra : " Sí, había vivido así entre los juegos del mar, del viento, de la calle, bajo el peso del verano y las intensas lluvias del invierno, sin padre, sin tradición transmitida, pero habiendo hallado durante un año, un padre, y avanzando entre los seres y las cosas..."(pag.235). Hallada manuscrita en el automóvil en el que Albert Camus encontrara la muerte en 1960 -teniendo sólo 47 años-, El Primer Hombre es una novela que está evidentemente inconclusa, pero que pese a los puntos que quedaron pendientes, están claramente perfilados los conflictos, los temas principales y la intención de su autor; haciendo de esta publicación -a 33 años de la muerte de Camus- un valioso aporte para configurar más claramente las proyecciones de la producción literaria del autor en la novelística contemporánea.