Entre visillos

Entre Visillos, narra la vida en una ciudad de provincias -probablemente Salamanca llena de rutina, conservadurismo e hipocresía. A través de la charla aparentemente banal de un grupo de muchachas, conocemos sus ocupaciones cotidianas -los paseos y primeros noviazgos, las salidas del instituto, las sesiones de cines, los bailes en el Casino-, sus angustias, su temor a la soltería, la insalvable tristeza que asoma tras el aburrimiento y la falta de imaginación.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1990
255
84-233-4352-2
2017
312
978-84-233-5225

Colección: Destino Clásicos

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Con esta obra, Carmen Martín Gaite consigue el Premio Nadal en 1957 y se consolida como novelista. "Entre visillos" se puede considerar una de las novelas más representativas de la narrativa española de la década de los cincuenta, tanto por el protagonista colectivo como por la simultaneidad cronológica, en la que se superponen los episodios y se repiten las mismas acciones desde diferentes focalizaciones, ya que varios personajes suelen hacer relatos complementarios o contradictorios del mismo hecho. Además, su discurso narrativo muestra ya las que serán constantes literarias de la autora: partiendo de una problemática individual, intentará reflejar tanto el momento social, como su preocupación por la inserción de la persona en esa colectividad. Ese trasfondo crítico de historias personales se presenta, en este caso, como testimonio desencantado de la limitada vida provinciana y de la falta de perspectivas vitales de las jóvenes en esa época.

Literariamente, este tipo de ciudad provinciana fue muy utilizado en el siglo XIX como marco general de grandes novelas, por ejemplo "Madame Bovary" (1857) y "La Regenta" (1885): el lugar de acción es una pequeña ciudad de provincia, con su modo rutinario de vivir. No existen grandes acontecimientos, sino una repetición de lo corriente. Día tras día, se suceden los mismos hechos, los mismos temas de conversación, las mismas palabras. Es el tiempo banal de la cíclica vida cotidiana, cuyos rasgos son simples, unidos fuertemente a lugares corrientes: casitas, cuartitos, centros de reunión como el casino. En definitiva, un tiempo lento, denso, asfixiante, que se arrastra en el propio espacio.

La narrativa de esta escritora progresa hacia el análisis de la relación entre las personas con la finalidad de que sea factible la plenitud del individuo, pero generalmente se descubre el predominio de la incomunicación y de la soledad, acrecentado aquí por el propio entorno. De alguna manera, estas características ya están presentes en el título de la novela, "Entre visillos", de clara referencia espacial. Dos ideas básicas parece sugerirnos: de una parte, el interior de un espacio cerrado y privado (el mirador de la sala), desde el que se puede observar el exterior y contemplar la vida de los demás sin entrar en ella; y, de otra, connotaciones de un mundo femenino, oculto entre visillos, símbolo de los personajes femeninos que habitan en la casa.

Frente a la rutina de la provincia, se opondrá con fuerza el ideal del viaje como forma de evasión y, especialmente, la huida a Madrid con el fin de continuar estudios superiores (como Tali), o para conseguir un buen trabajo (como Julia), o simplemente para disfrutar de un ambiente más abierto y menos convencional (como Elvira). Así, los espacios cerrados se alternan con los espacios abiertos y con la idea del viaje, aunque estos últimos no son suficientes para superar la atmósfera de incomunicación, de anquilosamiento y de hipocresía.