Gaudí

Vida y obra del arquitecto catalán Antonio Gaudí (1852-1926), proyectista y constructor del templo expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona y hombre de fe, cuya beatificación ha sido solicitada.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1999
346
84-8239-360-X

Subtítulo: Arquitecto de Dios (1852-1926).

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A los santos los hace Dios, no los hombres, por eso no es fácil entender "a priori" cómo un joven y prestigioso arquitecto, en la Barcelona próspera y agitada de la Restauración, pudo evolucionar hasta convertirse en un albañil de Dios, un contemplativo en piedra y cemento, y un hombre de fe. Vale la pena leer esta biografía para conocer esta nueva especie de santo-arquitecto. Cuando Gaudí falleció faltaban todavía dos años para que viniera al mundo el Opus Dei -camino de santificación en el trabajo profesional-, pero no cabe la menor duda que nuestro hombre fue un precursor de este tipo de espiritualidad.

El libro gira alrededor de las cualidades profesionales y cristianas de Gaudí y la construcción del templo de la Sagrada Familia; pero, a parte de lo anterior que es lo principal, quisiera fijarme en dos detalles históricos: la existencia de una Cataluña cristiana a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y el hecho de que tanto Gaudí como algunos de los eclesiásticos que le rodeaban eran catalanistas por amor a su tierra y su cultura. Veamos algunos ejemplos tomados de la biografía:

En 1920, a la salida de unos Juegos Florales celebrados en Barcelona, la policía cargó contra los asistentes y, entre otros, golpeó a Gaudí. El anciano les tildó de "miserables" y "muertos de hambre" (pág.230). Es algo tipico de algunos catalanes pensar que el resto son unos pobretones que viven de parasitar al Principado. Cuatro años más tarde, durante la Dictadura de Primo de Rivera, el arquitecto fue arrestado y encarcelado por negarse a dirigirse en español a unos guardias; de nuevo en libertad diría: "Me aflige pensar que estamos en un callejón sin salida y a la fuerza tendrá que venir un cambio radical (...), tanta agresividad va contra Cataluña y contra una de las cosas que más caracteriza y más ama Cataluña, que es su lengua" (pág.262). Un tiempo antes, cuando el rey Alfonso XIII había visitado las obras de la Sagrada Familia, Gaudí se dirigió a él en catalán y ambas partes se entendieron mediante un intérprete; el Monarca fue más templado de lo que después lo serían sus guardias y ambos se despidieron, sinó con simpatía al menos educadamente (pág.146).

Gaudí falleció en 1926, y el "cambio radical" que había vaticinado se produjo una década después. Nada más iniciarse la Guerra Civil las turbas invadieron el recinto de la Sagrada Familia, profanaron los enterramientos allí realizados, entre otras la tumba de Gaudí, y prendieron fuego al conjunto. En el incendio se perdieron los planos y maquetas dejados por el arquitecto (pág.329). Recemos a este arquitecto catalán, cuya beatificación está solicitada (pág.333 y ss.), para que interceda ante la Sagrada Familia a fin de que conceda la paz a Cataluña y a España.