Juntos, nada más

Camille Fauque tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Frágil y desorientada, malvive en una buhardilla y parece esmerarse en desaparecer: apenas come, limpia oficinas de noche, y su relación con el mundo es casi agonizante.

Ediciones

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2009
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Imagen de Azafrán

Los personajes principales de esta novela son tres jóvenes desarraigados, desconectados de su familia tras sufrir situaciones límite en las que sus progenitores demostraron escasa o nula sensibilidad hacia ellos además de no darles el cariño necesario y las estabilidad familiar que todo chaval necesita para abordar la adolescencia y alcanzar la madurez.

La autora se esconde detrás de Camille Fauque, una joven artista que no soporta a una madre con tendencias suicidas y huye del hogar. Una joven que sucumbe a la tentación de prostituir el arte y enriquecerse rápidamente falsificando obras de arte hasta que es descubierta y cae en la miseria de los sin techo. Su marchante la encuentra tirada en la calle, en muy malas condiciones, y la recoge en su casa hasta que se recupera; más tarde le facilita una buhardilla para que viva.

En el mismo inmueble, en la planta noble, vive un joven, Philibert Marquet, hijo de nobles "venidos a menos", que habitaban un castillo en la Loire. Philibert, el primogénito, sufría los continuos reproches de su padre que hubiera deseado tener un hijo capaz de restablecer el honor de la familia mediante su éxito profesional. Sin embargo, reproches e insultos sólo consiguieron debilitar su carácter y convertirlo en un joven tímido e inseguro que tartamudeaba cuando quería hablar. Philibert encuentra a Camille en su buhardilla en unas condiciones deplorables de frío y enfermedad y la traslada a su propio apartamento, grande y amueblado con piezas de estilo.

El tercer joven, Frank, también padeció el abandono de una madre que lo concibió de un hombre del que no supo ni el nombre. La abuela Paulette lo recogió y cuidó. Le dio la ternura que su madre omitió. A los ocho años, de pronto, apareció y dijo querer hacerse cargo del niño. Pero la experiencia duró unos días durante los cuales mintió y difamó a los abuelos para justificarse delante del niño por el desamparo en el que se había criado. Después lo puso en un tren y lo devolvió a casa de Paulette.

Este segundo abandono destrozó a Frank quien dejó de estudiar en la escuela y comenzó a comportarse de una manera rebelde y caprichosa. Tras fracasar en los estudios se decidió a formarse como cocinero y, a tenor de los que la autora comenta, debió convertirse en toda una autoridad culinaria. Frank gustaba de lanzarse a toda velocidad con su moto y de ligarse a todas las camareras de los bares que le eran próximos. La autora utiliza el lenguaje que empelan los chicos de los estratos sociales más bajos (palabras malsonantes, con aspecto de blasfemia, juramentos, etc.) Frank muestra cierto recelo ante la cultura de Camille y de Philibert. Frank tiene un lado tierno: trata de ayudar a su abuela, quien, finalmente es ingresada en una residencia. Emplea su día libre en visitar a su abuela en esa residencia.

Cuando Camille llega al piso, Frank la encuentra desagradable. Camille a su vez, lo encuentra pedante y muy grosero. Poco a poco esas dos vidas van encajando. Camille decide ayudar a Frank haciéndose cargo del cuidado de la abuela de Frank. Y de esta forma Paulette pasa a ocupar un puesto en esta familia conformada por la adición de los distintos personajes.

Ana Gavalda tiene una forma de narrar agradable, condescendiente. Sus personajes saben encajar la evolución de la familia. En realidad la nueva familia creada por adición de personas que estarían en el paro, de personas cuya situación afectiva requiere urgentemente ser aceptados como son y queridos. Se quieren entre sí y se sacrifican.

Aparecen otros personajes secundarios que permiten a la autora crean la falacia de una manera real, bien aceptada por el lector.

En la segunda parte del libro, el lector descubre a Frank enamorado perdido de Camille. Pero Camille no quiere casarse y la da alguna tregua a Frank. Frank finalmente consigue que acepte el compromiso.

El lector tiene que sufrir el lenguaje soez, cuando no blasfemo, de Frank y asistir a escenas de pasión amorosa, que lejos de enriqueces el texto, lo alejan de lo que se podría considerar un libro de interés educativo. Una novela que ya ha sido llevada al cine porque está escrita con un claro concepto comercial para la gran masa.