La casa de la Troya

Novela romántica y costumbrista situada en ambientes estudiantiles de Santiago de Compostela a finales del sg. XIX. Gerardo es desterrado a terminar la carrera de Derecho en Santiago porque su padre teme que en Madrid termine por dilapidar su juventud y su fortuna. Gerardo está profundamente abatido en Santiago, pero la generosa y divertida amistad de sus compañeros de residencia estudiantil (la casa de la Troya) logra poco a poco sacarle del abatimiento. Pronto conocerá también a Carmen Castro de la que se enamorará. Santiago de Compostela tendrá entonces otro color para él. De todas formas, conseguir el amor de Carmen no va a ser sencillo.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1997
88
9788497509206

Subtítulo: "Estudiantina".

Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (4 votes)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

4 valoraciones

Género: 

Comentarios

Imagen de enc

Publicada en 1915, esta novela ha hecho mucho por Galicia y en concreto por Santiago de Compostela y su Universidad.

Inexplicablemente, porque es una novela de corte antiguo, ha sido objeto de numerosísimas ediciones desde su publicación hasta el día de hoy. El ejemplar que tengo entre manos es de 1989 y se anuncia como la noventa y seis edición española. Además de las ediciones españolas existen otras de América latina y traducciones al francés e inglés. La obra ha sido llevada al cine, teatro, televisión e incluso sirvió de libreto para una zarzuela. En 1916 fue premiada por la Real Academia Española de la Lengua, y es curioso, porque no destaca por el uso del lenguaje castellano, de hecho está llena de modismos y de términos en lengua gallega.

¿Cuál es entonces la causa de su éxito? Podemos citar tres. En primer lugar está escrita con un gran cariño por Galicia y sus gentes. Pérez Lugín había estudiado Derecho en la Universidad compostelana y demuestra gran conocimiento de la vida en la ciudad: La lluvia agobiante, la tristeza que parece caer del cielo, la piedra de sus monumentos, así como las tabernas en las que se levanta el ánimo con vino del Ribeiro, caldo gallego y chorizos de matanza.

En esta obra los caracteres están jocosamente caricaturizados. En La casa de la Troya no hay personajes, sino caricaturas. Por citar algunas la simpatía del camarero Rafael, la maternal doña Generosa Carollo -dueña de la posada-, las manías de los catedráticos, la prosopopeya del ex-juez de Órdenes o el clérigo Minguiños -glotón, alegre y gran aficionado a los entierros- son algunos ejemplos de los caracteres que encontraremos en la novela.

Por último está el buen humor de la vida estudiantil. Abundan las bromas y gamberradas que, en ocasiones, terminan con los autores en la Falcona o calabozo municipal; pero también está la alegre tuna que llena de armonías la noche compostelana. Hay varios episodios que no olvidarán los que hayan leído la novela. En primer lugar el pasaje en el que el ínclito Barcala cuela un duro falso en la dulcería de Don Hilarión y de su esposa la Leona. O aquel otro en el que los residentes en la posada fuerzan el baúl en el que Samoeiro guarda dos empanadas para su tutor, un canónigo compostelano, a fin de comérselas despreocupadamente. En el último de ellos es Gerardo Riquer el que se hace pasar por médico, a fin de visitar a la dulce y enamorada Carmiña, que se ha refugiado en un convento escapando de su tutor.