La promesa

¿Qué ocurre cuando la verdad parece ir en contra de todo aquello en lo que has creído hasta el momento? ¿Es verdaderamente una religión que puede llegar a hacer enfermar gravemente a un niño por su causa? ¿Es malvada esa religión o son las personas que las hacen así? Y, sin embargo,
¿no son esas mismas personas las únicas capaces de bailar y reír de corazón? ¿No son aquellas las que pueden llegar a curar al mismo niño enfermo?

Para Reuven Malter ha llegado el momento de poner a prueba sus creencias y afectos: con sus profesores por su método de estudio de las Escrituras; con su amigo Daniel, en la lucha por salvar a un niño prisionero de su propio genio. Al final, sólo el amor a la propia tradición, la pertenencia al propio pueblo, la pasión por la verdad le pueden hacer triunfar, llevarle a comprender quién es él verdaderamente.

En "Los elegidos", novela de este mismo autor, nos encontramos con la forja de la amistad entre Daniel y Reuven. Amigos que emprenden sendas muy distintas: uno apasionado de la psicología y otro estudiando para convertirse en rabino. En ambos caminos aparece la dificultad, la prueba, el temor a no alcanzar aquello por lo que tanto han luchado.

En este libro encontramos la lucha de dos amigos por convertirse en personas maduras, libres, en donde las creencias son sometidas a duras pruebas que hay que superar, poniendo en juego toda la sabiduría y la audacia que requiere todo gran proyecto.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2001
441
978-84-7490-627
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3.25
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Comentarios

Imagen de fcrosas

Amena e interesante. Entiendo que más lograda que "Los elegidos", de la que es continuación. novela psicológica, de ideas, de conflictos de conciencia. La única limitación es lo hiperespecífico del ambiente de las juderías americanas en USA tras la SGM y el Holocausto. Para lectores empedernidos.

Imagen de cdl

El papel del pueblo judío en la historia de la salvación, su sentido y significado, su perenne actualidad y lo que ello supone para la Iglesia, es sin duda uno de los grandes asuntos que puedan abordarse. Y es que ante este gran misterio han chocado mentes preclaras pero incapaces de despojarse de sus prejuicios naturalistas (recordemos a Spinoza, que atribuía la supervivencia del pueblo judío a la circuncisión y que la equiparaba con la coleta que lucían los chinos de su tiempo). En nuestros días, el cardenal Lustiger es quizás, por su doble condición de judío de nacimiento y cardenal de la Iglesia católica, una de las voces más autorizadas para abordar este tema, y esto es lo que hace en este sugerente libro titulado La Promesa.

La obra se divide en dos partes muy diferenciadas. La primera, que ocupa más de dos tercios del libro, es la reproducción, sin demasiadas modificaciones, de una serie de charlas impartidas durante un retiro a las monjas de Sainte Françoise Romaine en 1979 acerca del misterio de Israel. La segunda recoge cuatro conferencias dictadas en distintos foros a lo largo de la última década. Vaya por delante que, tal y como era de esperar, los textos provenientes del retiro son incomparablemente más enjundiosos que los recogidos en la segunda parte del libro, más determinados por la audiencia y el contexto para los que fueron pensados.

De entre los muchos pasajes e ideas valiosas que trufan los textos del cardenal Lustiger destaca la insistencia en la continuidad del mensaje cristiano con la Alianza entre Israel y Yahvé. No existe un Dios bondadoso del Nuevo Testamento enfrentado al Dios colérico del Antiguo Testamento: Dios es el mismo, fiel siempre a sus promesas a pesar de nuestras infidelidades, a pesar de todas las infidelidades de Israel. En este sentido es primordial comprender que la gracia nos viene a través de la Elección de Israel; si la negamos también estamos cortando de raíz la vía por la que nos llega la salvación.

Si hay una constante en la vivencia del pueblo judío a lo largo de la historia es la persecución y la muerte a la que le someten los paganos, persecución que alcanza nuestros días. En ella, señala el autor, se pone de relieve el odio a los planes salvíficos, y es que la persecución contra el pueblo judío tiene un aspecto que la hace única: en ella siempre está presente el rechazo a los planes de Dios, incluso cuando los judíos no han sido fieles a esos planes.

Los pasajes bellos y a la vez cargados de consecuencias se van sucediendo a lo largo de la obra. Cobra una especial importancia a lo largo del texto, como no podía ser de otra manera, la esperanza en "el cumplimiento ya realizado pero todavía oculto de las promesas hechas a Israel, escondido hasta que llegue el día de la manifestación del Hijo del hombre en su gloria". Y es que, como afirma Lustiger, "sólo se puede recibir el Espíritu de Jesús con la estricta condición de compartir la esperanza de Israel". Junto a esta esperanza hay una constante insistencia en la gratuidad que caracteriza toda gracia, como queriéndonos recordar el cardenal que nadie, ni judíos ni gentiles, nos engriamos al recibir por amor aquello que no merecemos.

Según el humilde juicio de este reseñador, estamos ante un libro necesario, cuyos valiosos aspectos hasta ahora señalados deben ocupar un lugar preeminente en la vida de la Iglesia. Dicho esto, permítasenos indicar algunos puntos que consideramos pueden introducir elementos de confusión. En primer lugar, una idealización de la iglesia de Jerusalén, en cuya destrucción, atribuida de manera discutible a Bizancio, ve Lustiger el origen de los males de la Iglesia. Sin negar que la desaparición de una comunidad particular siempre es empobrecedor, y más tratándose de aquella que reunía a mayor número de judíos de raza y que, por lo tanto, más nos recordaba la continuidad de la historia de la salvación, el planteamiento del cardenal Lustiger parece eclesiológicamente débil.

Tampoco parece muy claro el uso que hace el cardenal Lustiger de algunos nombres propios (Ley, Israel...). A veces Ley y Decálogo se identifican, otras no; Israel parece que designa siempre al mismo sujeto, independientemente del momento histórico al que se refiera. Esto último provoca que, por ejemplo, tanto la Biblia como el Talmud puedan ser valoradas casi como iguales, obviando la inspiración divina de la primera y, por ejemplo, los pasajes, para nada anecdóticos, abiertamente polémicos e insultantes hacia Jesucristo y su Madre que se encuentran en el segundo. Del mismo modo, la valoración que hace el cardenal Lustiger del jasidismo es reductora y denota el acceso a la misma no directamente, sino a través de los textos buberianos. Creemos que se echa en falta un conocimiento más profundo de las evoluciones que han sufrido las doctrinas en el seno del judaísmo posterior a la venida de Cristo (que no son una de las especialidades del cardenal).

En definitiva, un libro importantísimo, tanto por la personalidad del autor como por la centralidad del tema abordado, pues como nos recuerda el cardenal Lustiger el misterio de Israel es "el misterio central que condiciona la fe cristiana". Libro sugerente, repleto de auténticas joyas y, también, de aspectos matizables o incluso abiertamente discutibles. En cualquier caso, libro para leer, meditar y comprender a la luz del magisterio de las Escrituras, el Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

DJorge Soley Climent (www.archimadrid.es)