La sexta lamentación

Toda revisión del pasado pone a prueba nuestros sentimientos. Los ancianos Agnes y Schwersmann tendrán que enfrentarse a sus recuerdos de la II Guerra Mundial, en el París ocupado. La contraposición de las dos formas de ver la historia y la investigación policial, encargada por el Vaticano al padre Anselm, dan lugar a una de las mejores novelas de intriga de los últimos tiempos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2005
560
2004
496
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
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La reciente publicación en castellano de Los jardines de los muertos, hace que me fije en la anterior novela de William Brodrick, publicada en castellano en 2004 y no suficientemente conocida. No siempre queda claro qué hace popular un libro, pero a veces nos gustaría que algunos no pasaran tan desapercibidos. Ese es el caso de La sexta lamentación.

Cuando ya han pasado cincuenta años del final de la II Guerra Mundial Eduard Shwermann acude a refugiarse en un monasterio tras haber sido acusado por su participación en los crímenes nazis. Parece que reproduce el mismo comportamiento que le permitió, al final de la contienda, eludir a la justicia. Entonces, los monjes le proporcionaron una identidad falsa que le permitió escapar e iniciar una nueva vida. Al tiempo que se inicia una investigación judicial el Vaticano pide al padre Anselm que averigüe por qué la Iglesia ayudó a escapar a un criminal de guerra.

El Padre Anselm es la persona adecuada, pues había ejercido de abogado antes de retirarse a la soledad del claustro (a la inversa del autor, que fue fraile agustino y ahora se dedica a las leyes). A partir de ahí se inicia una trama en la que como en sucesivas capas, se nos van descubriendo soluciones que después resultan no ser. De manera que, lejos de agotarse el tema este va ganando en interés al tiempo que se revelan las identidades (impensadas) de los distintos personajes.

Pero la obra no merece sólo ser recomendada por su buena construcción, el dominio de la trama y la misma originalidad argumental. El autor en una entrevista señaló que se decidió a escribir sobre este tema a raíz de algo que le dijo su madre, que había participado como miembro de la resistencia holandesa. A través de ella supo de la redada de Vel d’Hiv, en la que 4.051 niños fueron deportados a Auschwitz. El argumento recoge la memoria de su madre y lo que le contó.

Es valiente Brodrick al plantear un argumento en el que directamente se tratan de la actitud de la Iglesia ante el nazismo. Pero lo es porque no cae ni en el efectismo ni en el simplicismo. Lo logra fijándose en personajes singulares que, en cada momento han de afrontar situaciones concretas y resolverlas sin faltar a sus principios. El tratamiento se hace eco de la heroicidad y firmeza de espíritu que se requiere en esos escenarios. Por eso Brodrick consigue un tratamiento humano, en la que e hombre es más importante que la ideología y se nos abre un camino para entender a las personas y sus comportamientos. Tema aún más importante por cuanto el juicio fácilmente se deja llevar por el entusiasmo y se pronuncia sin la circunspección necesaria.

Desde esa perspectiva el autor aborda los temas del bien y del mal, del resentimiento y del perdón, de la justicia sin venganza y la posibilidad de redención. La importancia de la purificación se ve en un diálogo en el que el Padre Anselm habla con una antigua víctima de los nazis:

“-Cuando yo era niño mi madre solía decir que el infierno era el lugar indoloro donde todo había sido olvidado.
-No suena tan mal.
-No podría ser peor.
-¿Por qué?
-Porque no hay amor. Por eso es por lo que no hay dolor.
-Entonces ¿qué es el cielo?
-Un infierno donde te quemas recordando todo lo que debería ser recordado?”

El género de intriga no está necesariamente peleado con la reflexión sobre el hombre, su comportamiento moral y su destino. Uno puede pasar agradables horas de lectura sin suspender su conciencia. Un noble ejercicio.