La vida es sueño

Segismundo ha sido encerrado en una torre de por vida por su padre, Basilio, rey de Polonia. Basilio teme un presagio según el cual su hijo le dará muerte. Arrepentido, sin embargo, decide darle una oportunidad y lo traslada a Palacio para ver cómo se comporta. Segismundo entra en cólera al descubrir que su padre lo ha tenido injustamente encerrado toda su vida y Basilio, asustado, lo devuelve a la torre. ¿Ha sido un sueño la estancia en Palacio? ¿Es un sueño la torre en que vive ahora? Segismundo volverá a tener la oportunidad de enfrentarse con su padre.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2004
241

Edición digital

2002
0

Ed. y notas de Enrique Duarte.

1995
0

Colección Letras Hispánicas. Ed. bien anotada por Ciriaco Morón Arroyo.

2006
0
2013
184
9788420678283
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Género: 
Libro del mes: 
Marzo, 2014

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Quizá lo más sorprendente al releer este libro es pensar que hoy hay personas en el mundo occidental que no creen en la libertad. En el mundo oriental es mucho más frecuente pues, aunque el espíritu critiano ha llegado a todas las latitudes, también es cierto que las teorías sobre la predestinación no se desarraigan facilmente. Pero que en Europa, en España, haya todavía personas que piensen que su suerte está echada, es más llamativo, porque significa un retroceso sobre un modo de vivir cristiano. Hoy hay probablemente muchos más suicidios que hace unos decenios, porque se ha perdido la fe.

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Estrenada en 1635, durante el reinado de Felipe IV, “La vida es sueño” aúna los tres grandes temas del teatro español del período barroco: la religión, el honor y el amor. En este drama filosófico, de manera magistral, se repiten las mismas cuestiones vitales que emergen en numerosas ocasiones en las obras de Calderón, probablemente tanto por la propia formación del autor (que estudió derecho canónico en Salamanca y, finalmente, se ordenó sacerdote), como por el espíritu de la Contrarreforma católica que pervive en su época. Así, la trama se sustenta en dos grandes pilares: el libre albedrío frente a la predestinación, y la realidad frente al sueño. Sin embargo, para que la obra tuviera éxito de público en el siglo XVII, necesitaba un ingrediente más, necesariamente el amor: no solo como pasión, como emoción o enredo, sino sobre todo como educador del hombre, y es que en este drama se apunta un tema muy importante que tendrá un amplio desarrollo en el siglo XVIII (el Neoclasicismo y los ilustrados): la necesidad y la importancia de la educación.

La preocupación de Calderón por todos estos temas se pone de manifiesto a lo largo de su trayectoria literaria. Así, en 1650, compone una obra similar titulada “En la vida todo es verdad y todo mentira”, representada recientemente por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en la que se vuelven a plantear conflictos similares. En la acción desarrollada en un país imaginario (Trinacria), se oponen de nuevo la legitimidad en la sucesión frente  a la razón de Estado, la incertidumbre entre la realidad y el sueño,  la duda entre el hijo legítimo y el enemigo potencial que podría derrocar al propio rey.

Finalmente, en 1670, Calderón escribe en forma de auto sacramental una nueva versión de “La vida es sueño”. Con una estructura más compleja que la del drama, los personajes tienen carácter simbólico y representan el Poder (Dios-Padre), la Sabiduría (Dios-Hijo), el Amor (Dios-Espíritu Santo), el Entendimiento, la Gracia, los Cuatro Elementos… Y en el centro de todos ellos, vuelve a estar el Hombre: un trasunto de Segismundo, con el que Calderón muestra de nuevo la lucha entre pecado y salvación, destino y libertad.   

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Pocas obras maestras se muestran tan vigentes hoy día (un hoy especialmente predispuesto a la añoranza barroca) como La vida es sueño. Drama religioso o filosófico que, desde el absoluto seiscentista, urde sus raíces en los mitos orientales, la literalidad de su lección moral es capaz, sin embargo, de traducirse en lectura política (educación de príncipes) y en grito revolucionario. Pero, sobre todo, es pieza clave en la historia del conocimiento (mal que pese a la intransigencia de ciertas críticas unilaterales), del reconocimiento por parte del hombre de su conciencia de existir. Desde el mito de la caverna de Platón hasta la frontera de la modernidad que supone su proximidad en el tiempo y en las inquietudes a la filosofía cartesiana, La vida es sueño se constituye en modelo de la duda metódica resuelta no a través de la seguridad del pensar, sino por medio de una peripecia trágica que desemboca en el absoluto moral. Por medio de una magnífica parábola literaria y de la grandiosidad de una puesta en escena que vislumbramos en la fuerza suasoria del discurso, Calderón muestra cómo sobre el error no se puede levantar el edificio de la verdad. Y que la pasión, como todo lo humano, puede someterse a sistema.

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La vida es sueño es, en síntesis, la plasmación barroca de la idea de la fugacidad de la vida con todos los aditamentos geniales de construcción, caracteres y estilo que el autor supo imprimirle. Con este pesimismo radical sobre el valor de la vida humana se interfiere el libre albedrío como afirmación personal de Segismundo.