Las benévolas

Maximilien Aue es Doctor en derecho, casado, con hijos, discreto y calmado. Desde un lugar tranquilo de Francia y después de 30 años, se decide a contar su pasado. No porque sienta necesidad alguna de justificación, simplemente quiere contar la historia tal y como él la vivió. Porque Maximilien era
oficial de las SS. Jonathan Littell nos hace revivir los horrores de la Segunda Guerra Mundial desde el lado de los verdugos, al mismo tiempo da cuenta de una vida como pocas veces se ha hecho: Las Benévolas es la epopeya de un ser arrastrado por su propio recorrido y por la historia.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
1200
2012
1200
978-84-9006-177

Colección: Narrativas

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Monumental novela, una desbordante reflexión sobre los límites morales entre el bien y el mal. Su narrador es Maximilien Aue, un antiguo oficial nazi. Finalizada la guerra, escapa a Francia. Allí reconstruye su vida y con la distancia decide poner por escrito, con bastante sarcasmo y sin nada de arrepentimiento, su experiencia personal.

Auen es un hombre muy culto, que lee a los clásicos en latín y griego, que domina la literatura francesa, amante de la música, interesado por la filosofía. Implicado en un escándalo homosexual, decidió ingresar en las SS. Enamorado perdidamente de su hermana Una, vive con ella un enrevesado episodio de incesto. La novela contiene numerosos pasajes donde se disecciona su atractivo por la perversidad sexual y por el sadismo.

Littell quiere novelar su fascinación por el horror, tanto el protagonizado por Aue, una persona carente de escrúpulos y sin el más mínimo remordimiento por todo lo que ha hecho, como el horror institucionalizado en el régimen nazi, descrito de manera exhaustiva. Detrás hay un gran trabajo de documentación, apabullante, que pormenoriza la maquinaria de exterminio nazi. Estas páginas descompensan el tono y el ritmo de la novela, pues esa exhaustiva verosimilitud ambiental no guarda mucha relación con la sustancia de la novela, que es el retrato del alma del protagonista. La narración está plagada de todo tipo de digresiones dedicadas a la literatura, la metafísica, la música, la filosofía, etc., con las que Littell quiere mostrar la humanidad de los verdugos, además de darles la voz.

Little ha creado con Maximilien Aue un personaje de laboratorio, inverosímil; más una idea que una realidad. Eso sí, responde a la intención última de la novela: mostrar la natural presencia del mal en muchas personas, capaces de dedicarse a exterminar judíos a la vez que se disfruta con la exquisitez de la música clásica.

Novela excesiva, desmedida en todas sus facetas, que coquetea superficialmente con la moral sin esquivar los valores políticamente correctos y que, con delectación, se regodea en mostrar el rostro del mal.

Quien decida leer esta novela, que no espere encontrar justificación alguna que busque el perdón de los verdugos, aunque en ciertos momentos pueda parecerlo. Quien se adentre en ella, que no crea que encontrará las voces de las víctimas apagadas por las balas o el gas; como mucho se topará con sus ojos silenciosos y alguna frase perdida. Quien recorra sus casi mil páginas, que no busque las respuestas a la locura que desencadenaron los ejércitos nazis en sus años de hegemonía; tan solo podrá encontrar listados de poblaciones en las que la eliminación fue perfecta. Lo que importa aquí no es el sentimiento de culpa, el horror cometido. Tampoco es impactante lo que se narra. Lo realmente sobrecogedor es cómo se ha expresado.