Mi viaje por África

En otoño de 1907, dos años después de ser nombrado subsecretario de estado para las Colonias, Churchill decide tomarse unas vacaciones y emprender un viaje por los territorios africanos bajo el dominio británico. Desde Malta y vía Chipre, cruza el Canal de Suez para dirigirse a Monbasa. Allí es donde comienza Mi viaje por África.

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2004 Ediciones del Viento
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Una rareza de la bibliografía de Winston Churchill, premio Nobel de Literatura y ex primer ministro del Gobierno británico, y un clásico japonés de la segunda mitad del siglo pasado, escrito por Michio Takeyama, son las últimas novedades que Ediciones del Viento ha lanzado al mercado.

La primera de las obras, de 1908, lleva por título Mi viaje por África y en ella Churchill, entonces subsecretario de Estado para las Colonias, hace un recorrido por los territorios del África oriental que se encuentran bajo dominio británico.

Se trata, en realidad, de la interpretación del alma y la vida de esas tierras a cargo de un hombre blanco», explicó ayer el presentador y ex diplomático Fernando Schwartz, encargado de presentar las obras junto al escritor y también presentador Fernando Sánchez Dragó.

Schwartz definió además al ex primer ministro británico como un hombre, a su juicio, «antipático, pedante y empecinado en demostrar a su padre muerto su valía».

En el relato se funden las divertidas narraciones sobre la caza de leones y de rinocerontes con una crónica apasionante sobre la mosca tsetsé y la enfermedad del sueño.

El segundo volumen es El arpa birmana , novela ambientada durante la Segunda Guerra Mundial que contiene «el más pacifista de los mensajes», según apuntó Fernando Sánchez-Dragó.

La obra cuenta las aventuras de una compañía del ejército japonés destacada en Birmania. Los soldados, acosados por las tropas aliadas, recurren a la música para aliviar su delicada situación. «Está escrita con una extremada sencillez y sin voluntad de estilo», dijo Sánchez-Dragó, quien añadió: «En estos momentos, la novela que más me interesa es la oriental, porque las occidentales son espantosamente aburridas y no son épicas», añadió.