Verano tardío

Un estudiante vienés emprende largos viajes a pie por la montaña. Un día pide asilo en una casa solitaria cuyas paredes están cubiertas de rosas. Así conoce a quien será su mentor y segundo padre, el barón Von Risach, que ha hecho de su “Casa de las Rosas” y de los jardines y campos que la rodean, un microcosmos donde se dan cita el trabajo de la tierra, la artesanía, la literatura y las artes. Allí se instalan también, en periódicas visitas, la hermosa Natalie y Mathilde, su madre. Pasarán varios años hasta que se nos revele el simbólico valor de las rosas y el dramático pasado de Mathilde y Von Risach, quienes sólo pueden vivir un "tardío verano" en el otoño de sus vidas, mientras crece y llega a feliz término el amor del joven Heinrich y de Natalie.

Ediciones

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2008
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Adalbert Stifter (1805-1868) nos ofrece en este último gran “Bildungsroman” (1857) las etapas que ha de recorrer el hombre para llegar a la verdadera meta: el conocimiento de sí mismo. Surge así, en el grandioso paisaje de las montañas de Bohemia, una bellísima utopía, en una prosa alemana de incomparable pureza. El autor, desengañado de sus circunstancias históricas, ha escrito una novela "contra su época"; ni exaltación romántica ni dictado de la sociedad burguesa: un lento proceso de maduración bajo el signo del arte y de la belleza, en armonía con la naturaleza. Tachada en su época de idílica y monótona, es Friedrich Nietzsche el primero que ve en esta novela una de las tres o cuatro obras maestras en lengua alemana dignas de "ser leídas y releídas". Desde entonces no ha dejado de aumentar el número de sus adeptos, entre ellos Hugo von Hofmannsthal, Franz Kafka y Milan Kundera. Novela incluida en las mejores novelas de la literatura universal, exponente del paso del romanticismo alemán al realismo. Es una joya en la que el autor nos presenta a Heinrich Dreudorf, hijo de un comerciante acomodado, que toca la puerta de una mansión para refugiarse de una tormenta que le sorprende cuando pasea por el campo. Es la propiedad del barón von Risach, al que Heinrich explica que «sólo soy un viajero. Poseo la suficiente fortuna como para no tener que depender de nadie, por lo que me paseo por el mundo y me dedico a observar». Allí Heinrich conoce a Natalia, hija de Matilde, una amiga de juventud del barón y se enamora de ella. Con finura, el escritor muestra el desarrollo espiritual-cultural de Heinrich, y conocemos la historia del barón y su familia. El libro está lleno de detalladísimas descripciones. En las muchas páginas, Stifter se va paseando por todas las ramas del saber, conocido su afán enciclopedista vinculado con un progresivo crecimiento en inteligencia y sensibilidad. También se percibe la actitud de Stifter de renunciar a la vida social en favor de la vida natural; con frecuencia, establece paralelismos entre paisajes naturales y mundos interiores. De la religión, aunque profesa una visión cristiana en los planteamientos de fondo, sin embargo, su concepción se parece más a un teísmo.