Vientos amargos

Vientos amargos es la crónica de la supervivencia de un hombre bajo la opresión y la brutalidad. El 27 de abril de 1960, Harry Wu, un estudiante del Instituto de Geología de Pekín, fue arrestado por las autoridades chinas y sin ser juzgado o acusado formalmente fue enviado a un campo de trabajo. Durante casi veinte años estuvo encerrado en distintos campos, fue privado de todos sus derechos y obligado a trabajar hasta la extenuación sufriendo múltiples penalidades. De miembro de la élite intelectual del país pasó a ser un paria, recluido junto a delincuentes comunes, pasando hambre, sufriendo torturas y viendo morir a muchos de sus compañeros. Wu fue liberado del trabajo en los campos en 1979 y unos años después conseguiría exiliarse en Estados Unidos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2008 Libros del Asteroide
376
978-84-935914-5-8

Traducción: Pedro Tena.

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Son las memorias de un sobreviviente de un gulag chino, Wu Hongda (Shangai, 1937), que después cambió su nombre a Harry Wu. Como otras narraciones del tipo (de Solzhenitsin, Archipiélago Gulag y de Shalámov, Relatos de Kolymá), estremecen estos testimonios de la represión comunista china. Como Wu relata, fueron veinte años de duros trabajos y penalidades, de sobrevivencia en unas condiciones absolutamente opuestas a la dignidad humana. Por eso, al lograr exiliarse en Estados Unidos, fundó en 1992 The Laogai Research Foundation, una ONG dedicada a denunciar ante la opinión pública la falta de derechos humanos en China y la extensión de los campos de trabajo y desde entonces no ha dejado de publicar ensayos y libros al respecto. Ha recibido además varios premios por su labor a favor de los derechos humanos. Concretamente, denuncia sobre el sistema de los campos de trabajo, creados por Mao (1949) con el fin de explotar la mano de obra y obtener la rehabilitación política de los disidentes. Se cree que hoy habría todavía cerca de 4 millones de chinos en estos campos. Según lo que cuenta Harry Wu los productos de los laogai (campos de trabajo) se venden a una compañía china estatal y esta a su vez, al extranjero. Advierte que "la gente debería ser consciente de que, cuando se compra un juguete made in China, en muchos casos se está comprando las lágrimas y la sangre de un preso”.