La unidad de la metafísica

 

Este interesante tema de la necesidad de la unidad que proporciona la metafísica es abordado sustancialmente por el profesor neokantiano Ernst Cassier (1874-1945), judío y catedrático de filosofía, formado en la Universidad de Marburgo, que desarrolló su docencia fundamentalmente en Berlín y Hamburgo y finalmente hubo de exiliarse a Estocolmo, Oxford y Estados Unidos donde falleció

Lo abordamos precisamente en este trabajo, breviario, le llama la editorial, pues sustancia parte importante y capital del   pensamiento de los grandes autores en textos breves, debidamente presentados para el gran público.

Es interesante comprobar que Cassier después de recordar el giro metodológico cartesiano, señala como Spinoza y otros autores tratan de buscar la unidad dentro del sistema del maestro: “tratan de hacer extensivo a la substancia cogitans y a la sustancia divina, del mismo modo y con la misma fuerza de convicción, lo establecido por Descartes respecto de la sustancia extensa. Por ese camino se ve conducido Spinoza a su equiparación de Dios y la naturaleza; por esta misma senda llega Leibniz al esbozo de su característica universal” (20).

Es ingenioso que ponga esa solución de “la verdad del panlogismo y del panmatematicismo”, por encima del concepto clásico de la verdad: “Trátase de algo más que de aquella adaequatio intellectus et rei preconizada como pauta del saber tanto por la teoría antigua como por la teoría escolástica del conocimiento. Tratase de una armonía preestablecida, de la identidad última entre el pensar y el ser, entre lo ideal y lo real” (20).

Un poco más adelante señalará la utopía del racionalismo de la época: “el racionalismo clásico no se había contentado con la conquista de la naturaleza, sino que había querido erigir también un sistema natural de las ciencias del espíritu, sistema armónico y cerrado. Era ya hora de que el espíritu humano dejase de ser un estado dentro del estado: era necesario llegar a conocerlo partiendo de los mismos principios y sometiéndolo a las mismas leyes porque se regía la naturaleza” (21).

Enseguida, tratará acerca de la solución de Baruc Spinoza, el panteísmo espinociano, no sin cierta sorna, pues el holandés pulía lentes para ganarse la vida, que “crea una nueva forma de la ética orientada hacia la geometría, de la que toma sus objetivos y sus métodos” (21).

Así llegará Cassier finalmente a la pregunta clave, que, aunque, a mi modo de ver, esté mal planteada, no deja de ser certera: “¿Tendremos que renunciar definitivamente al antiguo sueño de la metafísica y al antiguo título de legitimidad de la filosofía en cuanto teoría del ente como ente, dejando que cada ciencia particular de por sí imponga su concepción del ser y se encargue de determinar su objeto siguiendo su camino propio y valiéndose de sus propios medios?” (34).

José Carlos Martín de la Hoz

Ernst Cassier, Las ciencias de la cultura, edición del fondo de cultura económica, México 2014, 206 pp.