Interesante exposición, en la sede de la Fundación Mapfre, en el paseo madrileño de Recoletos, que se puede ver hasta el próximo 17 de mayo, sobre Anders Zorn, pintor sueco, que nace en 1860 en la región de Dalecarlia. Algunos críticos lo han calificado como el Sorolla escandinavo.

Tras una infancia bastante azarosa, un periodo de formación académica y los intentos de abrirse camino en el mundo artístico en Suecia, residirá en Londres y en París. A lo largo de su vida, realiza numerosos viajes por Europa, Argelia, Hispanoamérica y Estados Unidos. En 1896, se establece en su tierra natal, para conservar y promover las costumbres y tradiciones locales. Allí fallece en 1920, pero su mujer seguirá impulsando sus proyectos y preservando su obra, hasta que muere veinte años después.

            Zorn es un acuarelista excepcional, como puede verse en la exposición, con algunas obras de tema español, entre otras (viajó nueve veces por nuestro país, entre 1881 y 1914). Con la pintura al óleo, de pincelada suelta e influencia naturalista, alcanzó gran fama como retratista, reclamado por monarcas, presidentes de gobierno, personas acaudaladas de Europa y América, como sucedió también a Joaquín Sorolla, Sorolla, John Singer Sargent, Ramón Casas, con quienes se relacionó (en la exposición figura un retrato del pintor valenciano). Recibió importantes premios y, en 1900, fue distinguido con la Legión de Honor francesa.

             Con la influencia de los nacionalismos románticos, otro gran tema de sus óleos y acuarelas son los paisajes y costumbres rurales de Dalecarlia: fiestas, oficios, indumentarias, folclore… Admirador de Velázquez y de Rembrandt, Zorn fue, además, un experto grabador, hasta tal punto que algunos de sus grabados se cotizaron mejor que sus pinturas. También cultivó la escultura. Una exposición que merece la pena.

Luis Ramoneda