El desenganche del Régimen

 

El ensayista, profesor y escritor Rafael Gómez Pérez (1935), redactó en los años setenta del siglo pasado, un trabajo de carácter histórico, bien documentado y realizado a modo de síntesis sobre las relaciones entre Franco y la Iglesia, que completó pocos años después y que actualmente todavía se lee con verdadero interés y, sobre todo, con aprovechamiento.

Seguidamente, vamos a detenernos en uno de los hechos más característicos del período  de la historia, que se ha denominado “el desenganche del Régimen”, es decir, las sucesivas gestiones realizadas desde Secretaría de Estado del Vaticano, para preparar la llegada de la democracia en España e impulsar la formación de una fuerza demócrata cristiana que, como en Italia, pudiera salvaguardar a la joven democracia del avance aparentemente imparable del eurocomunismo gramsciano que amenazaba ya con triunfar en Italia.

Todo parece comenzar, según nuestro autor, a partir de la llegada a la Nunciatura de Madrid, el 8 de junio de 1962 de Mons. Antonio Riberi nuevo embajador de la Santa Sede y la publicación, pocos días después, el 13 de julio, de la Encíclica Mater et Magistra del papa Juan XXIII (102).

Comenzaba pues la aplicación de una renovada Doctrina Social de la Iglesia impulsada por el texto Pontificio que tiene como idea central que el verdadero desarrollo está en la dignidad de las personas y en salvaguardar sus derechos inalienables.

Enseguida llegará el 8 de diciembre de 1962, con la apertura del Concilio Vaticano II y, también, la publicación de la segunda encíclica social del santo Padre: Pacen in terris, con amplias referencias a los derechos humanos. Finalmente, en junio de 1963 era elegido Romano Pontífice Pablo VI (103).

Precisamente, entre las medidas que había propuesto e Concilio estaba la puesta en marcha de las Conferencias episcopales para la coordinación de las tareas específicas de cada región, las relaciones con las autoridades del país, la aplicación de los decretos conciliares, etc.

La Conferencia española arrancó en 1966 con la constatación de que la mayoría de los obispos (el 68%) tenían más de 60 años, y debía comenzarse el rejuvenecimiento del episcopado. Ante la negativa de Franco a renunciar al derecho de presentación, desde secretaria de Estado se procedió a promover nombramientos de obispos auxiliares que no tenían que pasar por el control del gobierno y después proceder a su reubicación en las diócesis (111-112). Efectivamente, al comenzar a aplicarse la disciplina conciliar y pedir a los obispos que presentaran su dimisión a los 75 años, comenzó a llenarse la conferencia episcopal de obispos auxiliares jóvenes a los que se dotó de voz y voto, mientras que a los dimisionarios se le dio voz, pero no voto. De ese modo, en pocos años se produjo el paso más importante para el desenganche, como se observa en los comunicados y documentos publicados y en las orientaciones pastorales.

José Carlos Martín de la Hoz

Rafael Gómez Pérez, El Franquismo y la Iglesia, ediciones Rialp, Madrid 1986, 301 pp.