Ciertamente, la despedida de muchos mártires de la persecución religiosa de la Segunda República y la guerra civil española habría sido en muchos casos ese sencillo deseo de verse con sus captores en el cielo (100).
Esta indudable manifestación de esperanza lo que denota es una gran fe por parte de aquellos mártires que, en muchos casos, se ha podido documentar no solo el “odio a la fe” como motivo del acto violento y cruel, sino también que muchos de ellos murieron con la serenidad y lucidez para poder perdonar de todo corazón a aquellos verdugos: es el eco de las palabras eternas de Jesús en el patíbulo: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).
El número de beatos mártires de ese periodo demuestra que se ha trabajado mucho y bien para guardar la memoria de esos mártires y poder trasmitir a las siguientes generaciones el ejemplo de unos cristianos que imitaron a Jesucristo con sus vidas y también en el modo de morir en la cruz del martirio.
Todavía queda un buen grupo de posibles mártires que se está trabajando en las diversas diócesis de España y en algunas órdenes y Congregaciones religiosas que habían tardado en ponerse en marcha.
Se espera que en los próximos años esos últimos procesos culminen en la beatificación antes de que pasen a ser Causas históricas en las que el modo de trabajar, sería solo con testigos históricos y pruebas documentales. Y no como hasta ahora que se encontraban muchos testigos oculares.
El profesor y catedrático emérito de la Universidad de Alcalá, Javier Paredes, ha buscado directamente en los diversos archivos de Madrid y en la amplia bibliografía publicada ya en España, abundantes ejemplos de los variados grupos de personas y circunstancias de ese modo proporciona una visón breve y trasversal de una de las persecuciones más crueles de la historia.
Indudablemente, hay que destacar también la calidad de la portada, de la artista Marta Paredes Andía que refleja muy bien el ambiente en el que se produjeron muchos de esos asesinatos.
Especialmente, llamativos son los sacerdotes y religiosos jóvenes que fueron ajusticiados con especial saña en los primeros días de la contienda. Como personas jóvenes pensaban que serían débiles ante la persecución y lograrían conseguir la traición a Dios y a la Iglesia. La formación que habían recibido en los seminarios y noviciados y la gracia martirial hicieron de ellos especiales modelos e intercesores para el pueblo cristiano (106).
José Carlos Martín de la Hoz
Javier Paredes, Hasta el cielo. Mártires de la Segunda República y la guerra civil, ediciones San Román, Madrid 2026, 183 pp.Hasta el cielo
83 pp.