La guerra incivil

 

Miguel de Unamuno (1864-1936), uno de los más grandes escritores españoles, perteneciente a la generación del 98, era un ensayista y prolífico pensador, catedrático de griego y Rector de la Universidad de Salamanca, cuando comenzó la guerra civil española (1936-1939).

Los primeros escritos que conservamos de él sobre el tema de la guerra civil, manifiestan una esperanza de que el golpe militar devolviera a España la paz y el orden perdido por los continuos enfrentamientos, atentados, disparos, muertes, incendios, huelgas y manifestaciones callejeras provocadas por la extrema izquierda y la extrema derecha.

Enseguida, las críticas a las purgas masivas llevadas a cabo en las dos zonas del país por las autoridades golpistas o las republicanas, le llevó a denostar la falta de libertad y el ajuste de cuentas políticos y social en las dos Españas.

Ciertamente, el odio religioso que se desencadenó en el área republicana, con su estela terrible de extremada y cruenta persecución, desfiguró todavía más la situación, pues tantos los mártires cristianos como los caídos por Dios y por España, provocaron dudosas actuaciones en las depuraciones franquistas ya durante la misma guerra y sobre todo al término del conflicto, desde abril de 1939, hasta bien entrado el siglo.

Leer los diversos escritos de Unamuno, de muy diverso calado intelectual, servirán para descubrir la “sin razón” de la guerra, pues la violencia ni es útil para vencer, ni para convencer y solo sirve para ahondar en los conflictos: una guerra genera siempre otra guerra.

Efectivamente, el propio Unamuno había escrito en 1934 en el periódico Ahora estas expresivas palabras: “Estamos viviendo en una guerra civil incivil. Se habla de desencadenamiento de pasiones. ¿Pasión? Más bien insensatez. Y hasta locura. Una verdadera epidemia” (9).

En los primeros momentos del conflicto fratricida, en el mes de julio de 1936, decía el propio Unamuno: “nuestro deber es acudir a salvar la civilización occidental, la civilización cristiana, que corre peligro” (20).

El hecho fue que, tras la crítica de Unamuno (“la intelectualidad”), a Millán-Astray y a la guerra incivil, sufrió persecución y expulsión de su cátedra universitaria, del rectorado de la universidad y pocos meses después fallecería Unamuno, el 31 de diciembre de 1936, en Burgos, con el dolor y la pena de no haber sido entendido por aquellos militares que manifestaron hacia él: “odio a la libertad de conciencia, odio a la inteligencia, odio a la libre individualidad” (14).

José Carlos Martín de la Hoz

Miguel de Unamuno, 1936: la guerra incivil. Textos escogidos, Página indómita, Barcelona 2026, 126 pp.