El catedrático de filosofía de la Universidad de Barcelona y ensayista, Josep María Esquirol, nos ofrece en esta ocasión una interesante investigación sobre “el respeto o la mirada atenta”.
Es interesante que el punto de partida sea la dignidad de la persona humana y sobre esa base sólida se irá construyendo un edificio de categoría, de buen hacer, de diálogo enriquecedor y de integrar posturas, favorecer el encuentro de las diversas antropologías que confluyen en nuestro tiempo. Solía afirmar el papa Francisco, la importancia de caminar cresteando, evitar caer a un lado u otro de la cordillera, siempre en equilibrio y ascendiendo a la cumbre y yendo de cumbre en cumbre.
Inmediatamente, el respeto se concreta en lo mas importante que posee el hombre que es saberse imagen y semejanza de Dios, en contacto con lo sobrenatural en la liturgia y en la propia oración personal y en la contemplación de la belleza de la creación macroscópica y microscópica, del ama humana y de la riqueza del respeto mutuo en el opinar y en aprender unos de otros (33). Indudablemente nuestro pensador catalán en donde más destaca es en la pedagogía de las virtudes y en este caso de la pedagogía de la atención, del esmero y del respeto por uno mismo y por los demás (37).
Enseguida distinguirá entre el respeto y lo que merece resteo. Esta no es una analítica baladí, pues marca entitativamente dos asuntos de gran importancia: en primer lugar, en qué consiste la murada de respeto, de admiración, por su belleza, por su categoría, por su riqueza interior: “el respeto como movimiento de aproximación y el respeto como mirada atenta” (69).
Indudablemente, hemos de aprender a mirar, para poder ver. Solo quien mira hasta el fondo puede ver la categoría de las personas y aprender de ellas, o la belleza de las cosas para admirarse y contemplar su ser, o amar a una persona hasta quedar prendado de ella (80). También es importante no solo mirar y mirar con detenimiento para aprender, sino descubrir que los demás te miran, incluso los animales y los árboles de miran y te reconocen con ellos como parte de la creación que da gloria al creador (84).
No podemos olvidar, nos dirá citando a Simone Weil, que es necesario educar y ejercitar la atención para hacer descubrimientos, luminarias, sorpresas, alegrías y perspicacias que nos lleven más allá de lo que vemos: el fondo del mar o de la persona o de los acontecimientos (93).
Convendría recordar, llegado a este punto, lo que afirmaba Jesús en el Evangelio: “porque Dios no envió a su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Io 3, 17).
José Carlos Martín de la Hoz
Josep María Esquirol, El respeto o la mirada atenta, Heder, Barcelona 2026, 182 pp.