El famoso teólogo de la liberación de los años setenta hoy reconvertido en teólogo de la ecología y de la Madre Tierra, no solo sigue vivo sino mentalmente intacto y con una gran capacidad de difundir sus ideas a través de editoriales católicas que siguen publicando sus obras por el mundo entero.
El famoso teólogo de la liberación de los años setenta hoy reconvertido en teólogo de la ecología y de la Madre Tierra, no solo sigue vivo sino mentalmente intacto y con una gran capacidad de difundir sus ideas a través de editoriales católicas que siguen publicando sus obras por el mundo entero.
En esta ocasión nuestro autor centra su conversación en la figura de Jesucristo como centro del pensamiento teológico y religioso, pues indudablemente Cristo seguirá siendo siempre el maestro, el único Maestro y todos los demás discípulos de tan buen Señor de cielos y tierra.
Ciertamente, la llegada al cielo consistirá en fundirnos en un gran abrazo con Jesucristo, un abrazo largamente deseado, soñado y adelantado cada día en la comunión y en la teología de comunión.
La identificación con Jesucristo es y será siempre el objetivo de todo sacerdote, a lo que hemos sido llamados y por eso la vida en la tierra es irnos pareciéndonos más y más con Él hasta que nos identifiquemos.
Leonardo Boff hace grandes manifestaciones de amor a Jesucristo desde el comienzo (12), pero sigue empeñado en vivir, conocer y amar a un Jesús distinto del de la fe católica de siempre: en quien se ha creído siempre, en quien hemos creído todos y en quien se ha creído en todas partes, como decía san Vicente de Lerins.
Es urgente que relea el catecismo de la Iglesia católica y se aferre a lo que Dios nos ha revelado y que ha sido celosamente custodiado y presentado allí, pues el cielo apremia y cuando llegue allí descubrirá lo que se ha perdido en esta vida y lo desenfocados que estaban sus ideas y, sobre todo, el daño que ha podido causar a personas humildes y sencillas que han confiado en él y a quienes ha defraudado por equivocar sus lecturas (véase la bibliografía) y, sobre todo, su contemplación (108).
Es una pena que se haya quedado en lecturas sesgadas de algunos exégetas que se quedaron bloqueados por algunos autores de la crítica histórica que fueron vaciando al Cristo histórico y el Cristo de la fe como si éste fuera un montaje o una composición de la primitiva comunidad cristiana (15).
Boff debería leer a Ratzinger-Benedicto XVI y menos a Pagola y entretenerse con ese magistral tratado de “Jesús de Nazaret” que ha compendiado la BAC en un solo volumen en las obras completas., pues en él se orientan y se especifican las conclusiones aceptadas por el magisterio de un trabajo de dos siglos. Sobre todo, debería distinguir entre lo que dicen algunos exegetas en sus cenáculos y lo que el magisterio de la Iglesia nos ha entregado a todos los cristianos de todos los tiempos, un alimento que nos ayuda a identificarnos con el verdadero Jesucristo.
José Carlos Martín de la Hoz
Leonardo Boff, Jesús y su Dios-Abba. Una pequeña cristología, Trotta, Madrid 2026, 110 pp.