La profesora de la universidad de Paris-Sorbona, Mirelle Hadas-Lebel (Tunez, 1940) es especialista en historia antigua de las religiones y, en esta ocasión, ha querido centrar su atención en la secta de los fariseos para reivindicar su figura y el servicio que prestaron al pueblo judío.
Ciertamente, el primer problema es el de las fuentes de su investigación y el acotamiento del problema al tiempo de Jesús y de los primeros evangelistas y padres apostólicos.
Lógicamente, la fuente principal es la visión de Jesús que trasmite tanto los evangelios como el Nuevo Testamento en general hasta el libro del apocalipsis, así como las cartas de san Pablo. A esto dedicará la segunda parte del libro que nosotros no trataremos.
Enseguida, resaltará y explicitará todas las fuentes judías que se han conservado de aquellos años que son muchas y de un gran interés, pues en cierto modo reivindican la figura de la secta de los fariseos con más benevolencia y subrayan el papel de la trasmisión de la Torá y la exigencia de la ley mosaica.
En primer lugar, nuestra autora recordará la famosa expresión de Renán: “los fariseos eran el nervio y la fuerza del judaísmo y Jesús rechazó esa religión anticuada, madre de errores, cuyo reinado había y terminado” (9). Es decir, dirá con toda crudeza que “eran los villanos de la historia” (11). Lógicamente, cualquier cosa positiva que se diga de ellos mejorará la situación.
En primer lugar, asentará que eran los aglutinadores de la sociedad y quienes se preocupaban que el pueblo conociera la ley de Moisés y la llevara a la práctica (25), de ahí la admiración del pueblo y los deseos de fidelidad a sus instrucciones. Las fuentes judías hablan de que la constituían hombres muy prestigiosos (45).
Asimismo, las fuentes judías nos muestran que era difícil distinguir entre el plano político y religioso en aquella época, por eso, parece que optaron por centrarse en el cumplimiento externo de la ley (46).
También, la profesora Mirelle Hadas-Lebel ahondará en las diferencias entre los fariseos y los saduceos que tan claramente aparecen en el Nuevo Testamento trayendo a colación otros argumentos. En definitiva, los fariseos debían esforzarse pues la visión escéptica de los saduceos calaba enseguida n el pueblo que al verse sometidos al poder romano durante tanto tiempo dudaban en la fe en la resurrección, en la venida del Mesías (57).
También, los fariseos se esforzaban en mostrar la relación entre la libertad y la presciencia divina (58). En definitiva, los fariseos, frente a los saduceos tenían más prestigio delante del pueblo (61).
José Carlos Martín de la Hoz
Mirelle Hadas-Lebel, Los fariseos, Sígueme, Salamanca 2026, 189 pp.