Ediciones Trotta está publicando de modo exhaustivo todas las obras de Simone Weil (1909-1943) con interesantes introducciones y análisis de su inconcluso pensamiento o incipiente pensamiento, pues en realidad, al haber muerto muy joven todavía hubiera expresado mejor sus ideas y sobre todo hubiéramos conocido su bautismo en la Iglesia católica y su crecimiento místico según la hubiera llevado el Espíritu Santo.
En esta ocasión Josep Otón Catalán introduce y edita las palabras de Simone Wel sobre el padrenuestro escritas en 1941 tras traducir el texto griego, comentarlo, saborearlo y utilizarlo para rezar serena y confiadamente.
El resultado de este trabajo es ciertamente magnífico y prepara otros trabajos temáticos extraídos de sus obras, donde se podrá conocer su pensamiento espiritual y la sucesiva profundización con la ayuda divina.
Ciertamente, la espiritualidad de Simone Weil se caracteriza como una búsqueda incesante de Dios del corazón de Simone y una respuesta total afirmativa y afectiva del corazón y una lenta asimilación del entendimiento de la acción de los cristianos y de sus incoherencias que la retardaron en el camino de la fe.
Claramente Simone Weil es una demostración de cómo los errores de los cristianos y nuestras faltas y debilidades pueden escandalizar a los débiles en la fe y retardarles en el camino del encuentro con Dios pues deforman la realidad del amor transformante de Jesucristo en las almas.
Realmente quien lleva la iniciativa siempre en la justificación y en la salvación es Jesucristo y, mediante las mociones del Espíritu Santo, y también en su acción directa en las almas, logra el enamoramiento y la humildad para dejarnos convertir y trasformar libremente en Él.
De esa manera, nuestro editor recoge este texto impresionante de Simone Weil en el que se afirma que es la primera vez que hace verdadera oración, es decir, que habla confiadamente con Dios como Padre amoroso, comenzando de esa manera un nuevo modo de vivir en la tierra.
De todas formas, Simone que había tenido experiencias muy íntimas de oración y dialogo contemplativo con Jesucristo, no dejará de anotar cuando se trata de realidades sobrenaturales a una mujer todavía sin bautizar, porque el amor todo lo puede: “Cristo mismo descendió y me tomó” (16).
Es muy interesante que estos sucesos tienen lugar mientras ella está vendimiando en el sur de Francia y, de hecho, el padrenuestro en griego que se había aprendido de memoria es repetido constantemente mientras trabaja, de modo que trabaja rezando.
José Carlos Martín de la Hoz
Simone Weil, Sobre el padrenuestro. Introducción de Josep Otón Catalán, Trotta, Madrid 2026, 77 pp.