Procesionar la Pasión

 

En estos días hay mucha gente que, de una manera o de otra, intenta ver las procesiones de Semana Santa. Tengo la impresión de que, en todo el país, en cualquier lugar de España, hasta en pueblos pequeños, existe un ambiente de interés por estos acontecimientos. Quien más quien menos ha visto procesiones, en su pueblo, en la ciudad en la que vive o en otras a las que ha ido precisamente para valorar ese ambiente de Pasión.

Los motivos pueden ser folklóricos, de seguimiento un tanto automático de ciertas costumbres, de curiosidad. Pero desde luego, para muchas personas, es auténtica piedad. En las ciudades con procesiones más famosas, el ambiente puede ser de turismo, lo cual no deja de ser un pequeño o grande problema para el ciudadano del lugar.

Se puede decir que hay procesiones en cualquier esquina del país. En ese sentido pienso que puede decirse que somos únicos. Procesiones hay en muchos países, desde luego en Hispanoamérica, pero de un modo generalizado, un ambiente de vivir la Pasión tan en directo, pocos lugares como España. También por eso nos podemos encontrar a muchos turistas a quienes les atrae esa curiosidad.

De hecho, las ciudades con procesiones más famosas tienen ese problema. Se llenan de turistas que van a ver el espectáculo. Quizá el ejemplo más notorio es Sevilla. Las procesiones sevillanas son una maravilla. El ambiente de Semana Santa es algo de una gran tradición, pero desde que tenemos en nuestro país tantos miles y miles de personas venidas de fuera, las acumulaciones de gente son agobiantes.

Las procesiones de Sevilla son muy entrañables y piadosas, pero poco accesibles. Es difícil acercarse a los pasos. Hay multitudes, no es fácil aparcar un coche, adentrarse en el ambiente propio de esos días, porque hay muchedumbres. Eso hay que saberlo para no llevarse a engaño. Uno puede llegar con toda la ilusión y no tener apenas ocasión de acercarse.

Hay otras ciudades andaluzas, casi todas, que tienen un ambiente de Semana Santa espléndido y con procesiones admirables. Me parecieron emotivas las procesiones en Córdoba. Por calles estrechas de los barrios antiguos, con gente pero sin agobios, con unos pasos bellísimos, que te hacen rezar. En Granada, en Cádiz, en Jerez de la Frontera… El olor de las velas, los colores de los estandartes, el silencio o las músicas adecuadas… Todo ayuda y conmueve.

Las procesiones en Valladolid son maravillosas, con unas imágenes conmovedoras, de artistas de renombre. Y en Zamora y en cualquier capital del Castilla y casi podríamos decir que en cualquier pueblo.

En Segovia hay muchos turistas por todas las esquinas, pero la diferencia con Sevilla es que allí el turista va a ver las procesiones y aquí vienen a ver los monumentos espectaculares. El problema lo tiene el turista porque el lugar típico para recorrer la ciudad, la Calle Real, a las horas de las procesiones están intransitables. Entonces se enteran de que están en Semana Santa, pero no venían para eso. Las personas piadosas que quieren vivir esos días con intensidad saben bien como ver a los pasos.

De una forma o de otra, con circunstancias variadas, la verdad es que entre nosotros se vive la Semana Santa como en ningún lugar.

Ángel Cabrero Ugarte