Religión y religiones

 

El interesante trabajo del profesor y ensayista norteamericano, Dominic Green (Londres 1970) nos introduce en el momento de la crisis de valores religiosos del siglo XIX, tras el sonoro anuncio de la muerte de Dios pronunciado por el filósofo perturbado Nietzsche, “corruptor de jóvenes impresionables” (240), quien provocó una honda conmoción en el corazón de la Europa post ilustrada con sus estertóreos gritos llamados a despertar la conciencia de los hombres de su tiempo.

Indudablemente, cuando se confunde religión con revelación y cuando se trata a la figura de Jesucristo, no como el Hijo de Dios y verdadero Dios y verdadero hombre, sino como una religión más, entonces se abarata la mercancía, pierde el atractivo de lo verdadero para dejarlo en un apaño que consuele el ansia de eternidad y de trascendencia que anida en el corazón del hombre (15). De hecho, la fenomenología del espíritu de Hegel confunde lo necesario con lo deseable (45) y entra en el terreno de la mitología (50).

Efectivamente, por las páginas de este trabajo discurren tanto las viejas como las nuevas religiones que aparecieron en aquel período: los espiritismos, las teosofías, el hinduismo renovado, las religiones orientales; Zen, Budismo, taoísmo, la religión de la paz de Ghandi, de Tagore, las nuevas conmociones del atomizado protestantismo, sobre todo en América donde adoptaron diversas y variadas formas.

Paralelamente discurren el materialismo dialéctico de Marx y otras formas cientifistas que pretenden arrancar toda explicación espiritual o trascendente (126) o la fuerte perturbación de Wagner (166).

Resulta de un gran interés la descripción pormenorizada de la convocatoria del Parlamento de las religiones que tuvo lugar en Chicago el 11 de septiembre de 1893 y que fue una puesta en escena de la colaboración de todas ellas por la paz del mundo y la concordia entre ellas (352).

Es interesante que mientras afloraban las nuevas religiones y se aparentaba desprecio a las mismas o a toda religión, desde los gobiernos se seguían castigando las blasfemias y se impedían escandalosas actuaciones que pudieran dañar la moral pública (143). En realidad, lo que se impulsaba desde arriba era el agnosticismo (147).

De lo que no se habla en este trabajo es del inmenso impulso misionero de la Iglesia Católica por el mundo entero, ni tampoco del desarrollo espléndido de las órdenes y congregaciones católicas nuevas y viejas, que pusieron en marcha colegios e instituciones educativas que formaron a los jóvenes católicos de todas las clases sociales. También a miles de mujeres en el mundo entero.

José Carlos Martín de la Hoz

Dominic Green, La revolución religiosa. El nacimiento de la espiritualidad moderna (1848-1898), Galaxia Gutenberg, Barcelona 2023, 491 pp.