Sufro luego existo

 

Este ensayo de Pascal Bruckner (Paris 1948), filósofo y escritor y crítico del culturalismo, es un poco defraudante pues comienza muy fuerte, pero irá decayendo en las siguientes páginas, seguramente debido a la falta de visión trascendente que le hace no poder despegar con más fuerza.

Ciertamente, como afirmaba san Pablo en los Hechos de los Apóstoles “conviene entrar en el reino de los cielos a través de muchas dificultades” (Act 143, 22). No tanto porque Dios ponga la zancadilla o mande pruebas para crecer en humildad y paciencia, pues sencillamente Dios no es el origen del mal ni directa ni indirectamente.

Lo que ocurre es que la vida es confluencia de libertades y no todos tenemos el mismo concepto de la vida y del fin último y, además, la tentación de la mediocridad es una consecuencia del pecado original, pues como afirma Bruckner: “la humanidad ha dejado de tener confianza en sus propios recursos” (31).

Es interesante caer en la cuenta de que la fe ciega en el progreso que llevó a Voltaire a inventar el deísmo y el cientifismo fracasaron con las dos guerras mundiales del siglo XX, pero todavía no está muerta como se puede ver en los aires imperialistas de Putin, Trump y el jefe del partido comunista chino: “al hombre sumiso del cristianismo, arrogante con la modernidad, sucede el hombre perplejo de hoy. Nos hemos convertido en creyentes desengañados que aspiramos a avances controlados o localizados” (33).

Ciertamente, el problema del sufrimiento se ha convertido en el tema estrella de nuestro tiempo pues, cuanto más avanza la técnica y la economía y el estado del bienestar menos necesidad tenemos de Dios y por tanto más insufrible se nos hace el dolor y el sufrimiento (50).

El hombre contemporáneo no entiende el documento más importante sobre el tema que redactó san Juan Pablo II: “salvifici doloris” (1984), porque no capta el poder del pecado, ni la grandeza de la muerte redentora.

Efectivamente, la tercera parte del trabajo se titulará, “cómo vivir con nuestras heridas”. Aquí es donde el ensayo adolece de una visión trascendente, que puede ayudar a comprender la importancia del amor como el fin esencial del cristianismo, la necesidad del perdón, la misericordia y la confianza para construir una sociedad democrática y libre, basada en una convivencia que busque el bien común.

La sanación del pasado se apoyará en tejer el futuro, pues debemos estar todos juntos y no unos contra otros ni a pesar de los demás. Realmente, la tarea es importante y urgente. La palabra clave para nuestro autor será reconciliación (225).

José Carlos Martín de la Hoz

Pascal Bruckner, Sufro, luego existo. La víctima como héroe, Siruela, Madrid 2026, 269 pp.