Urdangarín y los libros

Mil días y mil noches en soledad y en silencio. Iñaki Urdangarín llega a prisión con el ánimo destruído y piensa que tiene que hacer algo para aprovechar el tiempo durante su estancia en la cárcel. Pide libros sobre el bienestar emocional, otros le llegarán sin haberlos solicitado. Es lo que el autor llamará sus ochenta y dos maestros: "En aquella celda descubrí libros que, seguramente, jamás habría leído, autores que se convirtieron en queridos maestros, casi amigos, voces que me acompañaron en las horas más oscuras. Me hablaron al corazón. Fueron mis faros, mis guías. Lo siguen siendo. Y pensar que podría haber pasado por este mundo sin saber de su existencia..." (pág.237).

La sabiduría humana, los valores, no necesitan necesariamente de la palabra escrita. Existe una cultura de transmisión oral como son los cuentos o los refranes. El papa Francisco recomendaba a los jóvenes hablar con sus abuelos para beneficiarse de su experiencia. No obstante, a lo largo de la historia, los hombres han tratado de poner por escrito aquello que consideraban importante. El estudio, el aprendizaje a partir de determinado nivel, exige de la palabra escrita. Urdangarín lo descubre en sus días de soledad:

"No puedo explicar todo lo que me aportaron aquellos libros. Leí más de ochenta durante mis tres años y pico en prisión. Algunos los releí varias veces. Fueron una terapia inesperada para mi alma y el descubrimiento de un camino que ya no he podido abandonar" (pág.237). Recuerda cómo subrayaba algunas partes, hacía resúmenes de otras y "aún hoy vuelvo a sus enseñanzas cuando me tambaleo y encuentro nuevas enseñanzas en cada relectura" (pág.237).

Hay libros de todas clases y para todos los momentos, libros de aventuras y didácticos, novelas policíacas y libros de autoayuda. El autor explica que, al caer la tarde, "cuando el día se había hecho muy largo, las tareas estaban completadas y la mente necesitaba escapar, buscaba lecturas para evadirme, para viajar lejos de aquellos muros" (pág.239). Menciona, entre otras, las novelas de misterio de Henning Mankell: "Todo Mankell me encantó".

Pero lo principal para él eran las lecturas "destinadas a entender el dolor y reconstruirme por dento". Menciona un clásico, El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl, las experiencias del psiquiatra judío en los campos de concentración: Muchas veces no podremos modificar las circunstancias que nos rodean, pero sí nuestra actitud frente a ellas. Señala también El camino de la vida de León Tolstoi y De profundis de Oscar Wilde, escrito en una prisión.

"Reconozco que yo tenía una curiosidad insaciable. Creo que yo llamaba a aquellos libros... y ellos me llamaban a mí" (pág.237). Afirma que "siempre llegaba el libro adecuado en el momento exacto. Cuando tenía un bache concreto, cuando una emoción se me enquistaba, cuando no encontraba salida a un pensamiento oscuro... de pronto aparecía un libro con la enseñanza precisa. Una idea que abría una grieta de luz" (pág.238).

Termino con una anécdota personal. Una vez vi el catálogo de los libros de la biblioteca de una prisión, era enorme y no estaba ordenado, aunque es posible que fuera alfabético. Dice la sabiduría que "ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde se dirige". En las prisiones debía existir algún tipo de asesoramiento para aquellos presos interesados en la cultura, en leer, mejorar personalmente y enriquecer sus vidas.

Juan Ignacio Encabo Balbín
Urdangarín, Iñaki, Todo lo vivido, Pengüin books, 2026.