De Cánovas a la República

El autor define esta obra como un ensayo de interpretación histórica. Corresponde al periodo de la Restauración borbónica (1874-1931), Segunda República Española (1931-1936) y Guerra civil (1936-1939). Hasta 1931 reinaron Alfonso XII (1875-1895) y Alfonso XIII (1903-1931); si bien, durante la minoría de edad de este último ejerció la Regencia su madre, doña María Cristina de Habsburgo-Lorena (1885-1902). Por último, durante el reinado de Alfonso XIII se produce la Dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930) durante la cual el régimen parlamentario estuvo suspendido.

El autor analiza desde el franquismo el fracaso del sistema parlamentario de Cánovas de 1876, y el de la Segunda República incluída la Guerra Civil. Publicado en 1951, afirma García Escudero que la editorial quiso reeditarlo años más tarde y que él no lo autorizó "porque ya no representaba su pensamiento" (ver García Escudero, Mis siete vidas, Planeta, 1994). Ahora bien, los hechos históricos no cambian porque modifiquemos nuestra opinión sobre ellos.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1951
356
978-9203015868

Biblioteca del Pensamiento Actual.

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En 1874, con motivo de la subida al trono del príncipe Alfonso con el título de Alfonso XII, el político Cánovas del Castillo impulsó un régimen parlamentario en el que todos los partidos encontrasen acomodo. La Constitución de 1876 estableció un sistema por el que se iban a turnar en el Gobierno los dos partidos principales: Conservador y Liberal, pero que también incluía partidos minoritarios de extrema derecha (católicos, carlistas y tradicionalistas) y de extrema izquierda, así como a los republicanos.

El sistema funcionó durante la vida del procer pero, asesinado Cánovas en 1897, comenzó a deteriorarse. Influyeron para ello circunstancias de política exterior como la guerra contra los Estados Unidos y pérdida de las colonias, o la Guerra de Marruecos. En el interior ejercía presión sobre el sistema el regionalismo catalán y, sobre todo, la aparición en la escena de un nuevo actor con el que Cánovas no había contado: el proletariado, a través de sindicatos y partidos anarquistas, socialistas y comunistas. La revolución rusa de 1917 había hecho concebir en la clase obrera la esperanza de un sistema político del que ella misma fuera protagonista.

La tesis de García Escudero es la de que el temperamento español -individualista y extremo- es incompatible con el régimen parlamentario: "Un sistema político que se basaba en cualidades que a él [el pueblo español] le faltaban y prescindía de aquellas que sí poseía" (pág.339). Las cualidades de las que presumiblemente carece el pueblo español son las de serenidad, moderación y fe en el diálogo, en tanto que sí tiene capacidad para seguir liderazgos claros. Según el autor las causas del fracaso de la Restauración fueron: a) La falta de una clase dirigente. b) Carencia de un pensamiento nacional y una base económica. Atribuye la primera de estas circunstancias al laicismo de la Institución Libre de Enseñanza (1876-1936) y a la masonería. c) La falta de un temperamento adecuado al sistema liberal de partidos (pág.174).

Desgraciadamente, observamos que determinadas actitudes que se denunciaban entonces vuelven a adoptarse en el parlamentarismo español del siglo XXI. El catalán Eduardo Aunós escribía que "las izquierdas dinásticas [los liberales] vivieron siempre atentas a zancadillear a los conservadores, aliándose, no importaba a costa de qué concesiones, con las izquierdas revolucionarias" (pág.70). "Faltó entre ellos -dice otro autor- un pacto que ordenara el diálogo, que se limitó a zancadilleo, mezquindad, personalismos, pequeñas pasiones y cobardía" (pág.170). Esto permitió que "todas las energías se gastasen en la lucha esteril de partidos" (pág.127) y condujo a que los españoles descalificaran a los partidos turnantes de la izquierda y la derecha y "derivaran hacia los extremos que ofrecían soluciones absolutas, más acordes con nuestro modo de ser" (pág.160).

El autor señala como al producirse el golpe de Estado del general Primo de Rivera, en 1923, la convivencia entre los españoles ya estaba rota. El radical "Lerroux reconoce que el pronunciamiento fue acogido por el país sin desagrado y hasta con simpatía"; y Romanones recuerda que "hasta los socialistas lo recibieron bien" (pág.193). El régimen de la Restauración había fallecido, aunque la Corona todavía sobreviviría ocho años más. El autor trata favorablemente el alzamiento militar de 1936 y el régimen derivado de él.

El libro no es fácil de leer, pero contiene datos y citas de interés. Para estudiosos de la materia y analistas políticos. Es bueno consultar estas viejas publicaciones de la Editorial Rialp porque los que las impulsaron tenían fe en ellas y en el futuro de España.